Nos damos la vuelta, el sol pica. Nos encontramos plácidamente tumbados en una playa.  Todo sería perfecto si no fuese porque nuestra cabeza se encuentra ya en el día siguiente (lunes) y en la vuelta a la rutina. La espada de Damocles pende sobre nuestra cabeza a tan solo unas horas y entramos en la fase de negación, la de no querer volver de las vacaciones.

Es el principio del llamado síndrome postvacacional que, aunque hace referencia a lo que ocurre después del relax de las vacaciones, empieza un poco antes. Para poder protegernos de este síndrome primero tenemos que saber qué es el síndrome postvacacional, qué lo causa y cómo se manifiesta.


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Desde que aparecieron los PCs, unas cuantas compañías de aplicaciones se hicieron con el mercado de modo tal que es muy difícil ver a través de ellas, es por eso que hoy traemos alternativas de código libre a programas de toda la vida. Desde un documento de texto (Word) a una hoja de cálculo (Excel), un dibujo (Photoshop) o un plano (Autocad). Todos los programas tienen cientos de versiones en el mercado, y muchas de ellas no requieren licencia, o esta es gratuita.

Uno de los grandes miedos es pasarse a un sistema libre y no poder volver a los anteriores, pero lo cierto es que los programas de los que hablamos hoy no solo admiten archivos de otros programas, además son capaces de guardarlos en un formato compatible.


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"Y si..." me preguntaba recordando el pasado. Y si hubiera empezado el negocio sin socios, y si hubiera constituido una sociedad, y si hubiera realizado una separación de bienes en el matrimonio antes de emprender, y si me hubiera centrado en buscar clientes en lugar de recurrir a amigos, y si hubiera separado el dinero de la empresa del propio, y si hubiera vigilado mejor el negocio, y si hubiera comprado en lugar de alquilado, y si...

A toro pasado todos somos Manolete, pero los emprendedores se forjan muchos a golpes de cornadas: caen a veces, se levantan y vuelven al ruedo. El fracaso es una palabra que no existe, pero siempre se pueden evitar cornadas sabiendo de antemano algunas cosas antes de emprender el negocio. Un dicho samurai dice: “caer siete veces, levantarse ocho”.


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Procrastinar, del latín procrastinare, que según la RAE significa diferir o aplazar, no es un problema de la era moderna provocado por Internet y la facilidad de encadenar videos de gatitos uno tras otro, sino que es algo que nos asola desde la Antigüedad. Ya en siglo VIII a.C. el poeta griego Hesíodos decía: "no pospongas tu trabajo hasta mañana o al día siguiente", mientras que Cicero se refería a la procrastinación como "odiosa" para llevar a cabo todo tipo de asuntos.

Tampoco hace falta rebuscar entre los Clásicos para confirmar que procrastinar no es muy bueno para la productividad, porque ya lo afirma el refranero popular: "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Pero, ¿cómo afecta procrastinar a mi productividad y cómo puedo evitarlo?


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Todas las personas, como seres sociables que somos, tendemos a mantener relaciones personales con el resto de individuos que componen nuestro entorno y que nos ayudan a integrarnos dentro de la sociedad. A lo largo de toda nuestra vida, tenemos y vamos a tener contacto con grupos y colectivos diversos, experimentaremos cambios en nuestra familia, conoceremos nuevos amigos, adquiriremos nuevas aficiones o cambiaremos de trabajo.

Al igual que cualquier individuo, las empresas, a pesar de que no son en sí mismas seres sociales (en todo caso, lo son sus socios y administradores), también actúan en muchas ocasiones del mismo modo que lo haría un ser humano. Mantienen buenas relaciones entre ellas con el objetivo de lograr un objetivo común o, directamente, asociándose y fusionándose para ser más grandes y tener una mayor capacidad empresarial. Actúan como lo harían dos buenos vecinos que juntos hacen buenos negocios.


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El tiempo es oro, y en la empresa más que en ningún sitio. Sin embargo, somos proclives a no aprovecharlo todo lo bien que podríamos, reduciendo nuestra productividad. Y es que a lo largo de la jornada laboral se presentan ante nosotros un sinfín de pequeños "ladrones de tiempo", ya sea en forma de distracciones de todo tipo o por falta de organización.

Es importante tratar de evitar estos pequeños hurtos diarios de tiempo porque, a la larga, suponen una gran cantidad de horas que podríamos haber dedicado a ser productivos. A continuación vamos a repasar los 11 ladrones de tiempo más comunes y las claves para no caer en sus redes.


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