¡Adjudicado! Si sabes pujar en una subasta, ya entiendes cómo funciona la economía

Son muchas las subastas que se realizan a diario en el mundo. Que si cuadros de lujo, que si objetos que pertenecían a alguien famoso o, simplemente, artículos de segunda mano que están al alcance de cualquier persona. Y no solo físicamente, sino también en Internet; eBay es el claro ejemplo de empresa en la que cualquier persona puede comprar y vender gracias a un sistema de subastas en el que quien más puja es quien se acaba llevando el gato al agua. Pero también Comunio, un juego con dinero de mentira que utiliza un sistema de subastas para comprar y vender jugadores de fútbol en un mercado organizado entre amigos.

 Sea como fuere, lo que poca gente sabe es que las subastas actuales se han convertido en una auténtica clase práctica sobre economía. Cuando pujamos en las subastas, de forma inconsciente, estamos actuando tal y como dice la teoría económica, y las conclusiones, análisis y enseñanzas que podemos extraer de ellas es perfectamente extrapolable al mundo real.

 Quienes más lo valoren, serán quienes más pujen

En las subastas, al igual que ocurre en la adquisición de cualquier otro producto, los individuos tenemos una serie de preferencias. Es decir, estaremos dispuestos a pagar más dinero por aquellos objetos que, para nosotros, tengan mayor valor, es decir, mayor utilidad marginal. Si hay otra persona que valora más ese objeto y que, por tanto, está dispuesta a pagar más dinero para llevárselo, pujará más dinero por ese bien y será a quien finalmente se lo acabe adjudicando.

Ahora bien, la puja estará subordinada a la restricción presupuestaria de cada individuo. Por mucho que valoremos un objeto, nunca podremos comprarlo si no disponemos de dinero suficiente como para pujar por él. No obstante, si nuestra renta no es suficiente para pujar por un determinado objeto y hay más objetos subastados, lo más seguro es que utilicemos nuestro dinero para pujar por otro objeto que también valoramos y para el que sí tenemos dinero suficiente.

Si no entiendes la ley de la oferta y la demanda, vete a una subasta

A pesar de que la ley de la oferta y la demanda es sencilla de entender para cualquier persona, existen casos en la vida real en la que no es tan evidente. Por ejemplo, hay empresas que, por sus estrategias de marketing, no suben el precio de los productos incluso aunque su demanda sea elevada, bien por imagen, bien por obtener una masa de clientes suficiente o, simplemente, por no cambiar el precio de sus productos cada dos por tres.

En una subasta, sin embargo, la ley de la oferta y la demanda es fácil de ver. Cuanto mayor sea la demanda por un producto subastado, mayor será la puja final por el producto y mayor, por tanto, el precio de su venta. Del mismo modo, si por un producto puja muy poca gente, su precio será bajo, quedándose incluso sin vender si no hay nadie dispuesto a pujar por ese objeto.

Por el lado de la oferta, la ley también se cumple. Si hay varios objetos similares o iguales en la subasta, no tendremos tanta prisa por pujar al principio que si el objeto es exclusivo o no hay tanta oferta. En el primero de los casos, la puja será baja y quien se lo lleve acabará pagando un precio relativamente bajo. En el segundo, sin embargo, la escasez de oferta acabará aumentando el precio del producto subastado.

Si aumenta la cantidad de dinero, también aumentarán los precios

 La inflación también tiene su explicación si asistimos a una subasta. Si a cada persona que asiste a la subasta le diésemos 1.000 euros, por ejemplo, ¿creéis que la puja sería mayor o menor que antes? Evidentemente, la puja se haría por más dinero y, al final, el precio por el que se adjudica cada producto acabaría siendo mayor.

El aumento de precios es consecuencia lógica del aumento de renta de cada individuo. Si disponemos de más dinero, pujaremos por aquellos productos que más valoramos, aumentando la demanda y, por tanto, también su precio. Esto es lo que ocurre, aunque sea con dinero de mentira, en juegos que funcionan con sistemas de subastas como el Comunio. Conforme aumentamos la cantidad de dinero en circulación, aumentan también las pujas de cada jugador.

Las subastas son toda una clase magistral de economía

En definitiva, las conclusiones que se pueden sacar con las subastas son perfectamente extrapolables al resto de la economía y, por supuesto, sus enseñanzas son más prácticas que las que podemos aprender estudiando microeconomía o macroeconomía. Al fin y al cabo, qué mejor forma de aprender una materia que de una forma práctica y en la vida real.

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