Comisiones bancarias: ¿Son necesarias?

Comisiones Bancarias

En los últimos años, las comisiones bancarias han cobrado un cierto protagonismo en el mundo financiero, al recuperarlas muchas entidades como una de las vías de sustento de su negocio. Para los clientes, no siempre resulta evidente la justificación del cobro de una comisión bancaria, ya que no ven lo que hay detrás de la operación que están realizando.

¿Son realmente necesarias las comisiones bancarias? ¿Por qué se suelen cobrar a unos clientes y a otros no? ¿Qué criterios se usan como base para fijar el importe de las mismas? A estas y otras preguntas, trataremos de dar respuesta en esta entrada.

¿Qué son las comisiones bancarias?

Las comisiones bancarias son las cantidades de dinero que las entidades cobran por los servicios que prestan. Ejemplos de comisiones bancarias son el importe cobrado por el cambio de divisa, el mantenimiento de una cuenta o una tarjeta de crédito, estudio de un préstamo, retirada de efectivo en un cajero,… entre otros.

Las entidades bancarias pueden también cobrar al cliente todos aquellos gastos que tienen que pagar a terceros para prestar un determinado servicio. Un ejemplo de este tipo de gasto es la realización de la tasación de una vivienda, que lo realiza un tercera empresa, ajena a la entidad y que cobra por prestar sus servicios.

El precio de las comisiones bancarias se fija dependiendo de la estrategia comercial de la entidad, aplicando cada una lo que mejor le convenga. Por ejemplo, mientras en ING DIRECTdesinventamos las comisiones, en el resto de entidades la estrategia más habitual es la de cobrar comisiones, en función del tipo de cliente o del servicio prestado.

Hay entidades que cobran las comisiones a modo de tarifa plana, normalmente con un límite máximo de operaciones mensuales, y otras que las cobran individualmente, dependiendo del tipo de cliente (cuanto mayor sea el saldo en cuenta, se pagan menos comisiones). Las entidades no pueden cobrar comisiones de manera arbitraria, estando prohibido cobrar una comisión que no existe, o por un servicio que no se ha prestado, o que no esté contemplada en contrato.

¿Son realmente necesarias las comisiones?

En el importe de una comisión están recogidos los costes de infraestructura (equipos, sistemas, software), de personal que interviene en los distintos procesos, de material empleado (por ejemplo, papel, sobres, envío de cartas,…), impuestos,… entre otros. En definitiva, se suman todos los costes asociados directamente a una operación concreta. Las entidades los calculan y le ponen el precio a cobrar por el servicio a los clientes.

Si se trata de una comisión por un servicio que presta un tercero, es lo mismo, pero con la salvedad que se aplica la tarifa que diga la empresa ajena a la entidad.

También existen operaciones por las que no se cobra una comisión pero que sí tienen un coste para la entidad. Un ejemplo de una operación que supone un coste para cualquier entidad y que no suele ser objeto de cobro de comisión, es la operación que hace un cliente cuando quiere consultar el saldo de su cuenta a través de la banca electrónica.

Cuando ese cliente entra en la banca electrónica y selecciona la opción de ver su saldo, se ejecutan una serie de transacciones en los sistemas informáticos de la entidad, lo que supone un coste de infraestructura. Las entidades bancarias le pagan a sus proveedores por el la capacidad de proceso del “ordenador central” y éste no es repercutido a los clientes directamente, en forma de comisión.

Entonces, si existen operaciones con coste y por unas se cobra comisión y por otras no ¿Son o no son necesarias las comisiones? Parece que la respuesta está más clara en el caso de las comisiones por servicios que prestan terceras empresas, trasladando al cliente ese coste. El negocio de cualquier banco debe ser capaz de ser rentable, es decir, las entidades deben ser capaces de obtener un equilibrio entre ingresos y gastos para que su negocio funcione.

Soportar el negocio vía comisión es una vía para obtener ingresos, pero que puede espantar a aquellos clientes que no están dispuestos a pagar por servicios en los que no perciben la aportación de valor por parte de la entidad. Un ejemplo clásico en este sentido es el cobro de una comisión por el mantenimiento de una cuenta bancaria. Es cierto que tiene un coste para el banco el proceso de “mantener las cuentas”, pero difícilmente el cliente lo percibe.

En ING DIRECT se apuesta por el cliente, evitando cargarle con comisiones que afecten a la rentabilidad de sus ahorros.

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  • probertoj

    Visto a cómo las cobran en determinados bancos, sí parecen necesarias… para ellos, claro.

  • mariocobretti

    A ver, intentando salir del esquema “los bancos son malos y las compañías telefónicas también”, si tenemos un servicio contratado a lo largo del tiempo, es normal que nos cobren por él. En el caso de una cuenta o una tarjeta, puede que se compense el coste de mantenmiento con lo que gana el banco teniendo nuestro dinero en su poder. Lo que no me gusta es que me cambien las condiciones de repente, sin previo aviso y que tengas que tragar sí o sí. A mi me gustan los bancos que no me dan sorpresas.