¿Cómo escogemos nuestro consumo mensual en función de nuestra renta?

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Aunque pueda parecer que comprar en un supermercado es entrar, coger lo que necesitamos e irnos, las cosas no son tan sencillas como pudiesen parecer a simple vista. Tenemos que decidir en qué cantidades vamos a comprar uno u otro producto, qué renta disponible tenemos para comprarlos o qué límite presupuestario hemos elaborado previamente.

Pero no solo eso decidiremos nuestro consumo en función de nuestra renta disponible, sino también entre aquellos productos y servicios que maximicen nuestra satisfacción personal, o lo que es lo mismo, que nos hagan sentirnos más felices al consumirlos. En economía, a esto se le llama restricción presupuestaria, que trata de identificar qué bienes compramos y en qué cantidades.

Nuestro consumo, limitado por nuestra renta

Si todos y cada uno de nosotros dispusiésemos de una cantidad ilimitada de dinero, no tendríamos que preocuparnos por ahorrar ya que, en este caso, tendríamos cubiertas todas nuestras necesidades actuales y futuras. Sin embargo, y poniendo los pies sobre la tierra, nadie puede disponer dinero infinito, por lo que esta renta limitada queda dividida entre ahorro y consumo para el período actual.

Por ello, nuestras decisiones de consumo tienen que ver con la parte de nuestra renta que no se ahorra. Los productos y servicios que adquirimos están condicionadas por esta limitación presupuestaria, por lo que continuamente estamos buscando productos que satisfagan nuestras necesidades al menor coste posible para nosotros. Pero, ¿qué combinación de bienes elegimos?

Imaginemos que únicamente tenemos un par de vicios que satisfacen nuestras necesidades y que, por tanto, nos hacen sentir felices. Uno es salir a tomar unas cervezas con nuestros amigos una vez a la semana y la otra es poder jugar una partida de bolos con nuestra familia, también una vez a la semana. Como existen ciertos bienes básicos que tendremos que consumir sí o sí, como los alimentos o la ropa, nuestra renta queda reducida a la parte no ahorrada y no utilizada para esos bienes de consumo básico.

Una vez conozcamos la cantidad de renta disponible para ambos bienes, tendremos que decidir en qué cantidad los consumimos. Si, por ejemplo, nuestra renta disponible para ocio es de 10 euros, cada cerveza cuesta un euro y cada partida de bolos cuesta dos euros, las diferentes combinaciones posibles de consumo serán:

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¿Cómo elegimos entre varias combinaciones de bienes?

En el ejemplo, tenemos varias combinaciones de bienes a elegir en función de esta renta limitada. Cada alternativa nos proporciona una satisfacción y felicidad diferentes, por lo que tendemos a elegir aquella que maximice nuestro bienestar.

En este caso, todo dependerá de la utilidad que nos proporcione uno u otro bien. Si nos sentimos felices bebiendo cervezas, consumiremos más cervezas que partidas de bolos jugaremos. En caso contrario, jugaremos más partidas de bolos. En general, escogeremos la alternativa que mayor bienestar o utilidad nos proporcione en términos totales.

Pero claro, si nuestra renta aumenta (o disminuyen) o los precios de los productos que nos satisfacen una determinada necesidad disminuyen (o aumentan) nuestra satisfacción también se verá modificada aumentando (o disminuyendo) ya que es mayor (menor) la cantidad de productos que podemos comprar.

Por todo esto, es importante destacar la importancia que tiene el ahorro para los consumidores. Cuanto más ahorremos, mayor podrá ser nuestro consumo futuro y, por tanto, mayor también nuestro bienestar futuro. Si disponemos del doble de renta, también será el doble la combinación de bienes que podremos elegir y, por tanto, el doble de bienestar para nosotros.

En Naranja | ¿Cómo varía nuestra satisfacción y bienestar ante un mayor consumo?
Imagen | dioptria

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