¿Cómo percibimos los precios y cómo son en la realidad?: la ilusión monetaria

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Después de dejar con la boca abierta a más de uno con cada una de sus actuaciones, Anthony Blake solía decirnos que no le diésemos más vueltas a lo que acababan de presenciar ya que todo había sido fruto de nuestra imaginación. En realidad, Blake tenía razón y sabía lo que tenía que hacer en cada momento para que el espectador tuviese una percepción errónea de la realidad.

Es precisamente esta ilusión la que nos hace percibir cosas que en realidad no existen o no han sucedido, algo que normalmente lo asociamos con fenómenos extraordinarios y asociados a nuestra mente. Pero en ocasiones pueden llevarnos a conclusiones erróneas que tienen incidencia real en nuestra vida cotidiana, sobre todo en lo que a economía se refiere: es la llamada ilusión monetaria.

¿Calculamos correctamente nuestros salarios?

Me resulta curioso, y a la vez difícil de entender, lo feliz que se puede encontrar una persona ante un aumento de sueldo. ¿Acaso me he vuelto loco? No exactamente. Partiendo de la base de la obviedad de que todas las subidas de sueldo son mejores a que el sueldo permanezca intacto, no todas son buenas, al menos desde el punto de vista del poder adquisitivo.

Y es que en la mayoría de ocasiones no tenemos en cuenta los indicadores económicos a la hora de calcular nuestra renta real. A modo de ejemplo, una subida de sueldo de un 15% puede parecernos un buen aumento, pero si la inflación es también del 15%, el aumento de nuestro poder adquisitivo será nulo, y por tanto podremos comprar la misma cantidad de bienes que antes del aumento del salario.

En general, cualquier mala o nula aplicación de los indicadores económicos pueden hacernos llegar a conclusiones equivocadas, ya que no estamos teniendo en cuenta la coyuntura económica. En otras palabras, nosotros como consumidores actuamos sin tener en cuenta el efecto de la inflación, por lo que nuestro comportamiento se ve modificado al sentirnos más ricos cuando realmente no ha habido ninguna subida real del salario.

En general, los trabajadores vemos con mejores ojos aumentos nominales de nuestro salario que aumentos reales. Es decir, aceptamos mucho mejor un aumento de sueldo del 15% aunque la inflación sea del 20% que una congelación del sueldo con una situación de deflación (o inflación negativa) del -2%, cuando en realidad la segunda opción es la única que en realidad aumenta el poder adquisitivo.

Llevar algo suelto es diferente a tener todo el dinero disponible

Hubo un tiempo en el que nuestros antepasados creían que era más conveniente dejar el dinero debajo de colchón que guardarlo en un banco, pensando en que nadie se lo podría robar y que no iban a perder su dinero. Pero, en realidad, sí que lo estaban perdiendo.

En realidad, sí que lo estaban perdiendo, ya que estaban comportándose como agentes económicos con ilusión monetaria. El hecho de que un dinero guardado debajo de un colchón no proporciona ningún tipo de rendimiento hace que, pasado un tiempo, se puedan comprar menor cantidad de bienes con ese mismo dinero, a no ser que la inflación sea nula o negativa, cosa que pocas veces ocurre.

Pero no tenemos que irnos a un ejemplo tan antiguo. En la actualidad, el efectivo que manejamos, es decir, el dinero que tenemos ingresado en depósitos bancarios o bien en billetes y monedas de toda la vida, no tiene rendimiento alguno y por tanto tarde o temprano acaba perdiendo valor.

Bien es cierto que todos necesitamos una cierta cantidad de dinero líquido para afrontar nuestros pagos más inmediatos, además de que en estos casos el efecto de la inflación es inapreciable; sin embargo, en ciertas ocasiones tener el dinero “ocioso” durante períodos prolongados de tiempo hace que éste acabe perdiendo su valor.

Los precios históricos máximos pueden no ser tan máximos

Los medios de comunicación suelen hablar de Cristiano Ronaldo como el fichaje más caro de la historia del fútbol, después de que el Real Madrid pagara 94 millones de euros por hacerse con sus servicios. Sin embargo, parece que esos mismos medios también padecen de ilusión monetaria, ya que en términos reales el fichaje más caro ha sido el de Zinedine Zidane, cuyo fichaje habría costado 95,5 millones de euros en el momento que se formalizó el del portugués, cuando en su día había sido de unos 70 millones de euros.

Otro ejemplo: cuando Apple se convirtió en la empresa con mayor capitalización bursátil de la historia con 621.000 millones de dólares, de nuevo los medios obviaron la inflación. En realidad, la empresa con mayor capitalización de la historia sigue siendo IBM, cuya valoración fue en 1967 de 192.300 millones de dólares, pero deflactando el dato (es decir, teniendo en cuenta la inflación durante este período), en realidad tuvo una valoración de 856.000 millones de dólares, bastante más que la cifra que dan los medios de comunicación sobre Apple.

En general, cualquier precio que tomemos en la actualidad solo es comparable con el precio que tenía el mismo bien unos pocos años antes teniendo en cuenta la evolución del índice de precios. De cualquier otro modo, la ilusión monetaria puede llevarnos a conclusiones erróneas. En realidad, el nombre no engaña a nadie. La ilusión monetaria es tan solo eso, una ilusión.

En Naranja | De lo nominal a lo real: cuando la inflación repercute en tus números personales
Imagen | Toni Escuder

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