Cómo un señor feudal me enseñó la importancia de la educación

Hace unas semanas, os hablamos de cómo podíamos saber si nuestra empresa había sucumbido al principio de Peter, ese que afirma que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”.  Ese principio fue enunciado en el libro del mismo nombre publicado por el Doctor Laurence J. Peter, donde además de hablar de la incompetencia en la empresa, reflexiona sobre si una sociedad estamental (con clases fijas) podría hacer a las empresas más productivas.

Como ejemplo de este tipo de sociedades, aunque existen muchas, podemos tomar a la sociedad feudal, donde había jerarquías no permeables, como la nobleza o el clero, con privilegios a las que los plebeyos no podían acceder. Reflexionando sobre las afirmaciones de Peter, que ahora os explicaré, y comparando esa sociedad estamental con nuestra sociedad actual, fue como un señor feudal me enseñó la importancia de la educación.

Las ventajas competitivas de una sociedad estamental, según Laurence J. Peter

En uno de los capítulos de su libro, el Doctor Peter divaga sobre las ventajas competitivas de una sociedad estamental, y sobre cómo en ella es más probable que un número menor de trabajadores lleguen a sus puestos de incompetencia en la jerarquía de una empresa.

Supongamos una sociedad con dos clases no permeables. Es decir, que aquellos pertenecientes a la Clase B no pueden de ninguna manera pasar a formar parte de la Clase A, ni tampoco desempeñar tareas propias de dicha clase, y viceversa. Así, la jerarquía de una empresa podría ser como esta pirámide:

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De esta manera, argumenta Peter, al no poder ascender más allá del nivel 2, los trabajadores de la Clase B difícilmente llegarían a su puesto de incompetencia, desarrollando tareas para las que son ampliamente competentes. Por otro lado, al poder acceder directamente al nivel 3 de la jerarquía, mejor remunerado, se podría atraer a los mejor cualificados de la Clase A, sin tener que obligarles a ascender desde la base de la pirámide.

En este punto, precisamente, flaquea el sugerente planteamiento de Peter, ya que el disponer de ese puesto “asegurado” reduce el interés de los miembros de la Clase A para estar cualificados para ese puesto. Por lo tanto,  lo que ocurrirá es que muchos entrarían en la jerarquía directamente en su puesto de incompetencia y, para más inri, serían los encargados de dirigir (y desperdiciar) el talento de los empleados competentes a su cargo.

Un ejemplo muy visual puede ser cualquier empresa familiar en la que el hijo del dueño accede a un puesto directivo sin la preparación necesaria.

La educación, el estamento en nuestra sociedad

Hoy en día ya no vivimos en una sociedad estamental, sino en una sociedad sin barreras de clases, en la que la formación es la clave para el éxito. Se podría incluso decir que la educación es el nuevo estamento de nuestra sociedad, con la ventaja de que es un estamento que podemos adquirir si lo deseamos.

Usando el mismo diagrama de pirámide, podemos ver que en una empresa la educación ejerce un papel similar a la barrera de clases, impidiendo el ascenso de aquellos que no disponen de dicha formación, y permitiendo acceder a los poseedores de una educación superior a puestos situados varios escalones más arriba en la jerarquía.

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Recuperemos como ejemplo a nuestra querida empresa Gominolas Felices S.L. de cuando explicamos las siete claves para leer gráficos sobre datos económicos y que no nos la cuelen. En esta empresa, una persona con una formación básica podría acceder como aprendiz u operario, ayudando por ejemplo a retirar los ositos de goma defectuosos en la cadena. Con el tiempo, podrá ascender a un puesto de mayor responsabilidad, como jefe de equipo, e incluso tal vez jefe de cadena, pero difícilmente más allá, pues los siguientes puestos requieren una formación superior, por ejemplo en ingeniería, para conocer en profundidad el funcionamiento de las máquinas.

Un ingeniero, sin embargo, podría acceder fácilmente a un puesto similar directamente, sin necesidad de ir ascendiendo en la jerarquía, obteniendo así rédito por una formación en la que ha invertido tiempo y dinero, sacrificando el coste de oportunidad que supuso no empezar a trabajar tras acabar los estudios básicos.

La educación universitaria (también conocida como terciaria) supone además un colchón de seguridad frente a los vaivenes del mercado laboral. Es posible que en circunstancias adversas esta formación no permita acceder a mejores puestos, pero sí ayuda a conseguir o conservar un empleo, tal como muestra este gráfico: (fuente: @kikollan)

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Pese a la crisis, el número de trabajadores con estudios superiores ha crecido un 7% desde 2007, mientras que el resto ha descendido significativamente, dejando claro que, con señor feudal o sin él, la educación es crucial para nuestro futuro laboral.

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Imagen | Pixabay

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