¿Conducirías tu coche hasta un precipicio con tal de ganar una apuesta?

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Estoy seguro que todos nosotros nos hemos comportado como verdaderos valientes con tal de impresionar a nuestros amigos o gente de confianza cercana. La situación es la siguiente, y estoy convencido de que es familiar para todos nosotros: nuestros amigos nos retan a hacer algo, incluso apostando, y nosotros aceptamos, aunque por dentro estamos realmente aterrorizados.

Pues bien, este comportamiento tan típico en todos nosotros es aplicable a la economía, sobre todo cuando una entidad pública tiene que suministrar bienes públicos a sus habitantes. Es el llamado Juego del Cobarde, una teoría de comportamiento económico que pertenece a la conocida Teoría de Juegos.

Acelerar hasta el precipicio… perder ganando la apuesta

Vamos a plantear una situación hipotética de un reto entre dos amigos. Dos jóvenes enfrentados deciden comprobar quién de los dos es más valiente provocando una situación extrema. Los dos tienen que subirse a sus coches, y empezar a conducir hacia un precipicio, acelerando progresivamente hasta que uno de los dos frene.

Ninguno de los dos quiere ser el primero en frenar, porque implicaría falta de valentía y pérdida de prestigio dentro del grupo de amigos, por lo que el mejor resultado para cada uno de ellos es que el adversario frene antes.

Si ninguno de los dos frena, los coches caen por el precipicio, por lo que éste será el peor de los resultados posibles para ambos. En cambio, si los dos frenan a la vez el resultado es peor que ser el último en frenar, pero mejor que no frenar y caerse por el precipicio.

En este caso, pueden darse cuatro escenarios diferentes. Que gane la apuesta el conductor 1 porque el conductor 2 haya frenado antes (1); que la gane el conductor 2 por haber frenado más tarde que el conductor 1 (2); que no la gane ninguno de los dos por haber frenado los dos al mismo tiempo (3); o bien, que se caigan por el precipicio y, por tanto, ambos pierdan (4). Estas cuatro posibles combinaciones están reflejadas en el siguiente cuadro:

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Evidentemente, la situación ideal para cada uno de ellos es que el otro frene antes, que es precisamente la que aparece sombreada en color verde en la tabla. Si los dos frenan a la vez, ninguno de los dos ganará e incluso, si ninguno de los dos frena, el resultado será fatal, ya que ambos se caerán por el precipicio. No frenar es la solución deseada por cada participante individual pero, si los dos frenan a la vez, ésta será la solución más óptima para los dos en conjunto.

¿Cómo se aplica el juego del cobarde a la economía?

Como todos los juegos pertenecientes a la famosa teoría de juegos, el juego del cobarde se basa en la cooperación de dos o más actores implicados en una determinada decisión para alcanzar la situación más óptima para el conjunto, que no tiene por qué ser la misma decisión que elegirían cada uno de los miembros por separado, tal y como ocurría con el dilema del prisionero.

En este caso, el juego del cobarde tiene una aplicación muy clara en la provisión de bienes públicos. Imaginemos una situación hipotética en la que un barco petrolero sufre un accidente muy cerca de las costas de dos pequeños municipios, Villarriba y Villabajo.

El crudo se aproxima peligrosamente a sus costas y, si no hacen nada, destruirá su entorno. El coste de limpieza del petróleo es de 6 unidades monetarias (u.m.), pero el beneficio individual (cualitativo) que recibe cada municipio por mantener su entorno limpio es de 7 u.m. Si ninguno de los dos se implica en las labores de limpieza del petróleo, el medio ambiente de cada pueblo sufrirá un impacto negativo de 4 u.m.

En este caso, de nuevo, hay cuatro escenarios posibles:

  • Que Villarriba se encargue por completo de la limpieza del petróleo, lo que le reportará unos beneficios de 7 u.m, pero como el coste de limpieza ha sido de 6 u.m. el beneficio final será de tan solo 1 u.m.; sin embargo, Villabajo disfrutaría de un entorno limpio sin haber contribuido a las labores de limpieza (es decir, sin coste), lo que le aportará unos beneficios de 7 u.m.
  • Que Villabajo se encargue de las labores de limpieza del petróleo, un caso análogo al anterior.
  • Que ambos contribuyan por igual a las labores de limpieza, en cuyo caso el beneficio individual es de 7 u.m. (en total, 14 u.m.) y el coste de limpieza de 6 u.m. que se repartirá por igual entre ambos municipios (es decir, 3 u.m. cada uno). En total, cada municipio recibirá un beneficio neto de 4 u.m. [7 – (6/2)]
  • Si ninguno de ellos decide hacer nada, la pérdida será de 4 u.m. cada uno.

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Sin duda, la mejor opción individual es que el otro municipio se dedique por completo a las labores del limpieza, ya que, en este caso, podrá disfrutar del beneficio de la limpieza sin coste (7 u.m.). Sin embargo, la opción más óptima para el conjunto es que ambos colaboren en las tareas de limpieza repartiéndose, de esta manera, el coste entre los dos municipios.

En general, este juego de cooperación entre dos agentes es aplicable a cualquier situación en la que la no intervención de alguno de ellos suponga un prejuicio para ambos. Y es que su denominación del juego del cobarde se debe, sobre todo, en ver quién de los dos es más gallito y tiene las suficientes agallas para esperar que el otro actúe, recibiendo, en este caso, el beneficio total de la actuación del otro agente, y comportándose como un auténtico gorrón o, en terminología de teoría de juegos, como un free rider.

A modo de conclusión, la teoría del cobarde está bien como lo que es, una teoría. La situación hipotética de los coches sirve de modelo para explicarla pero, como se pone de manifiesto, que a nadie se le ocurra probarla ya que las consecuencias pueden llegar a ser fatales.

En Naranja | ¿Somos capaces de cooperar con nuestro enemigo? El dilema del prisionero
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