Cuando el tiempo sí importa: ¿por qué es tan importante la función financiera?

Muchos de los economistas neoclásicos no fueron capaces de dar respuesta a una pregunta que a muchos de nosotros nos podría parecer absurda: ¿por qué los diamantes tienen más valor que el agua? La respuesta puede no ser tan obvia (y de hecho, para ellos no lo era) si pensamos en nuestra propia vida. En efecto, el agua es un elemento indispensable para nuestra supervivencia como seres humanos, mientras que los diamantes no son ni siquiera un elemento necesario para vivir. Sin embargo, a los neoclásicos se les escapaba algo: el agua es muy abundante en la naturaleza y, por este motivo, no tiene tanto valor como un diamante, que es escaso.

Sin embargo, si existe un bien escaso y que, por tanto, tiene mucho valor para todos nosotros, ese es el tiempo. En el momento que adquirimos cualquier bien, estamos comprando tiempo; De hecho, una de las funciones más importantes de cualquier economía desarrollada, la función financiera, se basa precisamente en la existencia de tiempo. En economía, el tiempo sí importa.

Diferir el pago: los orígenes de la función financiera

La historia de la humanidad, tal y como la conocemos, surge con los primeros intercambios comerciales. Los primeros cazadores y recolectores pasaban la mayor parte de su tiempo cazando para alimentarse y vestirse y, por este motivo, no tenían mucho tiempo para dedicarse a otras tareas más productivas. Con el tiempo, los humanos comenzaron a especializarse en la producción de aquellos bienes para los que estaban mejor preparados. De esta manera nació la división del trabajo.

Sin embargo, nadie podía producir todos los bienes necesarios que la humanidad necesitaba, bien por falta de especialización o bien por falta de tiempo. Por este motivo, comenzaron a surgir los primeros intercambios comerciales, cuyo pago inicial fue el trueque y más adelante se perfeccionó mediante la utilización del dinero. A medida que se iban perfeccionando los medios de pago, los humanos se vieron en la necesidad de diferir los pagos, sobre todo aquellos más onerosos, puesto que su renta disponible no era suficiente como para satisfacer todas sus necesidades.

Por este motivo, surgió la necesidad de poner en contacto a los agentes que tenían recursos suficientes para prestar, o ahorro, con los que tenían necesidades de recursos y necesidad de diferir las prestaciones a lo largo del tiempo; aquí nació, sin que en realidad nadie lo supiese, la función financiera.

Los problemas no se hicieron esperar

Al principio, este contacto se realizaba de forma directa; es decir, un ahorrador trataba de buscar una persona que necesitase recursos económicos con el objeto de renunciar a su disponibilidad a cambio del pago de un interés. De este modo, se satisfacían los intereses, valga la redundancia, contrapuestos de ambos agentes:

  • Por un lado, el ahorrador, llamado también prestamista, recibía unos ciertos rendimientos a cambio de renunciar a la disponibilidad inmediata de su dinero. Estos rendimientos se conocen en la actualidad con el nombre de interés.
  • Por otro lado, la persona con déficit de fondos, llamado también prestatario, obtenía los recursos necesarios para realizar su adquisición y, por tanto, satisfacer su necesidad, pagando el rendimiento correspondiente al prestamista.

Sin embargo, este tipo de intercambio de fondos no era todo lo óptimo que podría parecer a simple vista, por dos motivos:

  • Por un lado, el prestatario necesitaba los fondos previamente ahorrados por otra persona. Es decir, era necesario encontrar otra persona que estuviese dispuesta a prestarnos a nosotros sus ahorros, con el coste de transacción que eso podía suponer.
  • Sin embargo, aun encontrando a esa persona, ésta no siempre iba a estar dispuesta a prestar su dinero si no contaba con la garantía de restitución de sus ahorros. El crédito (aquí nace la palabra) del prestatario era esencial para que se realizase el intercambio financiero. En muy pocas ocasiones, el prestamista iba a renunciar a sus ahorros si consideraba que su potencial prestatario podría llegar a ser insolvente.
  • Además, se podía dar la circunstancia de engaños en cuanto a la solvencia o liquidez de un determinado agente debido a la existencia de información asimétrica. En efecto, una persona perspicaz que pudiese conocer las características de su contrapartida podía ocultar sus riesgos de manera tal que a simple vista pudiese parecer una persona con una economía saneada y en la cual se podía confiar cuando, en realidad, no era así.

Los intermediarios financieros como solución a los problemas de la función financiera

Para salvar estos problemas, nacieron unos agentes llamados intermediarios financieros. Su función principal consistía en la captación de recursos económicos por parte de los ahorradores para financiar las inversiones de aquellos que tenían déficit de fondos. Estos intermediarios asumían el riesgo de insolvencia del deudor o prestatario y garantizaban que una persona pudiese acceder a la financiación que requería en el tiempo y forma que demandaba, eliminando de esta manera el coste, tanto económico como en dinero, de la necesidad de encontrar una contrapartida.

Estos intermediarios reclamaban un precio por la renuncia a estos recursos económicos y por el riesgo asumido, llamado tipo de interés, que sería tanto mayor cuanto mayor fuese el plazo de devolución del préstamo y el riesgo asumido (la famosa prima de riesgo). De este modo tan resumido nacen los intermediarios financieros, que ahora todos conocemos por bancos.

En la actualidad, su función consiste en captar pasivos en forma de depósitos a la vista o a plazo fijo, pagando por ellos un tipo de interés, y utilizar estos recursos para conceder financiación a los agentes que lo necesiten. El diferencial entre los tipos de interés constituye su margen de intermediación, y es, junto con las comisiones, el concepto de mayor importancia en la obtención de beneficios de toda entidad financiera.

Para valorar correctamente su importancia, simplemente pensemos en la cantidad de infraestructuras (carreteras, colegios, redes de transporte ferroviario, hospitales…) que se han construido gracias a la canalización de recursos económicos ahorrados hacia la financiación de proyectos de inversión merced a la actividad de estos intermediarios financieros. Desde luego, es difícil pensar que este tipo de obras se hubiesen podido pagar de no haber existido unos agentes que hubiesen suministrado esos fondos; en otras palabras, parece complicado pensar que las carreteras se puedan pagar a tocateja, como comúnmente se dice.

En definitiva, la función financiera es, posiblemente, la función más importante de toda la economía. En ella, el tiempo juega un papel muy importante, puesto que es la variable que está presente en todo contrato de préstamo o crédito. En general, función financiera, tiempo y ahorro son conceptos que están íntimamente relacionados.

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Conversación

  • Josep Camós

    Vaya si es importante el tiempo… Como que es el único recurso que no se regenera de ninguna de las maneras.