Cuando la mentira o el error se hacen virales en internet

Internet es una herramienta de comunicación que presenta un doble filo. Nos permite compartir cualquier información de forma prácticamente instantánea, pero nos exige que verifiquemos que esa información se basa en verdades y no en errores o mentiras descaradas. En cualquier caso, como es una herramienta imprescindible vale la pena tenerla en cuenta con estas particularidades.

Unas particularidades que repercuten de forma directa en la Nueva Economía, ya que esta basa su actividad en internet, en el contexto de una economía mundial que se centra en la información y el conocimiento como bases de la producción, la productividad y la competitividad. Para garantizar la buena marcha de esta Nueva Economía, esa información y conocimiento deben ser veraces. Y el punto crítico de este sistema se pone de manifiesto cuando la mentira o el error se hacen virales en internet.

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Hay una parte de la economía tradicional que se sustenta en informaciones no comprobadas, esto es, en rumores. Son los rumores los que en ocasiones impulsan una toma de decisiones en el mundo bursátil. En principio, deberían ser las informaciones las que dieran lugar a esta toma de decisiones. Pero cuando en esa ecuación irrumpe la necesidad de decidir en un corto espacio de tiempo, para evitar esperar a que cambien las circunstancias, esas decisiones a veces se basan en rumores.

En este sentido, internet no cambia nada… salvo por el efecto multiplicador que le puede dar a los mensajes. Sin ir más lejos, la semana pasada Twitter aumentó un 3,8 % su cotización en bolsa, debido a un rumor que apuntaba al interés de Google por adquirir la vasta red social, que cuenta con más de 284 millones de usuarios. Con un medio de comunicación intrapersonal que a la vez puede convertirse en medio de masas, y con la velocidad de propagación de la información, que puede ser contrastada o no, la probabilidad de que los rumores se hagan virales y se den por buenos se intensifica de forma poco conocida hasta la irrupción de internet.

Cuando las predicciones se maquinan y se viralizan

Anonymous

Si hablamos de predicciones, que es otro factor importante en Economía tradicional y también en la Nueva Economía, podemos recurrir al ejemplo que nos explicaba hace un tiempo Andy Baio en el blog colectivo Medium. ¿Es posible predecir hechos futuros en internet? Sin duda. Sólo hace falta un poco de conocimientos técnicos y un montón de gente dispuesta a creer. Tal y como nos cuenta Baio, se puede predecir cualquier cosa: desde el resultado del Mundial de Fútbol hasta los resultados de unas votaciones electrónicas a la Casa Blanca, supuestamente hackeadas por un grupo contratado para manipular el proceso electoral.

En realidad, todo es un montaje. Se trata de una versión 2.0 del juego de la confianza que motiva a una persona para que crea en alguien que, de repente, se revela como un gran conocedor de lo que sucederá. Sus formas para demostrar sus capacidades consisten, por ejemplo, en invertir en varios valores y dar a conocer sólo los resultados positivos de sus acciones, escondiendo el resto.  O, en el caso que comenta Baio, grabar varias predicciones con antelación y eliminar las que son erróneas, justo en el momento en el que se conoce el resultado real. De esta manera se da veracidad retrospectiva a lo que nos están presentando como cierto. Y si nos aportan documentos preparados de antemano, la mentira parecerá real.

El sentido común nos diría que dar por cierto un vídeo predictivo revelado justo después de conocerse un resultado es, como mínimo, chocante. ¿Pero a quién le choca algo cuando el titular es tan atractivo que nos hace comprar la información que se nos ofrece como veraz?

 

Crear virales para dar un toque de atención a nuestra credulidad

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Hace unos días Fernando de Córdoba explicaba en su blog cómo creó un bulo y lo viralizó casi sin querer. Casi. Tomó una foto a un cartel del Metro de Madrid y la falseó, creando un mensaje ficticio que lanzó en Twitter a través de su perfil de usuario, que cuenta con unos tres mil seguidores. El mensaje original hablaba de unas labores de mantenimiento técnico que se anunciaban a pocos días de las elecciones municipales. Fernando creyó que el mensaje era demasiado propagandístico y decidió crear su versión satírica a modo de denuncia, en la que Metro de Madrid supuestamente se reconocía arreglando “todo lo estropeado 15 días antes de las elecciones”.

Obviamente se trataba de una broma, pero al cabo de unas horas ese mensaje falso se había dado por verdadero, se había viralizado y había llegado hasta el menor de los rincones, en muchos casos sin siquiera citar su procedencia y en la inmensa mayoría sin cuestionar su credibilidad. De hecho, tal y como explica el propio Fernando,  incluso los trabajadores del Metro de Madrid fueron instados a buscar el cartel y reemplazarlo por un mensaje menos controvertido, antes de terminar la jornada laboral.

Ese es el potencial de la información no contrastada, e internet les pone las cosas muy fáciles a los que se aprovechan de los crédulos. Desde luego no se trata de un fenómeno nuevo. Podríamos remontarnos a los tiempos de Orson Welles y su emisión radiofónica de La guerra de los mundos, la obra de H.G. Wells. Aquel 30 de octubre de 1938, la histeria colectiva se adueñó de Nueva York y Nueva Jersey y se hizo evidente la fuerza de los medios de comunicación para crear escenarios sociales. Y desde entonces hasta hoy, han sido varios los casos en el que una información presentada como cierta se ha asumido pese a ser inverosímil. Quizá el ejemplo más reciente en nuestro país lo vimos de la mano del periodista Jordi Évole, cuando recreó un ficticio 23-F en su ‘Operación Palace’, un relato que, pese a ser increíble, fue creído por gran parte de la audiencia.

Si hasta hace unos años hacer correr un bulo exigía un cierto esfuerzo por parte de la persona que decidía continuar la difusión de la mentira, hoy en día basta con hacer click en un icono. Es demasiado fácil, y la mentira suele ser tentadora. Cuando le otorgamos verosimilitud a un relato por el simple hecho de estar replicado aquí y allá es cuando descubrimos el verdadero potencial de los virales de internet. Conviene estar prevenido ante ellos y no difundir cualquier cosa, sólo por el hecho de que sea atractiva.

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