Cuando las políticas monetarias ya no tienen ningún efecto: la trampa de la liquidez

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Cuando el Banco Central necesita que la economía se reactive debido a una desaceleración o crisis de un país o región, puede optar por utilizar alguno de sus instrumentos de política monetaria, sobre todo bajar los tipos de interés para que el crédito sea más barato y fomentar la inversión de las empresas.

Sin embargo, y al igual que la mayoría de políticas, no puede llevarse a cabo indefinidamente. La política monetaria tiene un límite que se corresponde con los tipos de interés iguales a cero. Es lo que el famoso economista John Maynard Keynes definió como la trampa de la liquidez.

Elegir entre dinero y bonos ¿quién da más?

Supongamos que tienen que trasladarte por motivos de trabajo al país ficticio “Naranjo”. Al ser un país tan pequeño, la economía es muy simplificada, y solo existen dinero en efectivo que podemos emplear para pagar cualquier tipo de producto o servicio pero no proporciona ningún rendimiento futuro (es decir, es dinero cuyo valor es siempre el mismo), y bonos, que aunque no nos sirven para comprar nada, proporcionan un interés fijo, llamémosle interés “Naranja”, que es fijado por el Banco Central.

En este país, la población puede escoger entre tener dinero o bonos. ¿En qué cantidades? Pues eso dependerá del tipo de interés que se aplique a los bonos. Cuanto mayor sea éste, más dinero estarán dispuestos a sacrificar los consumidores para obtener un mayor rendimiento futuro. Como este dinero está invertido en bonos, no podrá ser empleado para comprar ningún bien, por lo que el consumo caerá y por tanto la actividad económica general.

Sin embargo, cuanto menor sea este tipo de interés, menor será el coste de oportunidad de tener dinero líquido. Es decir, demandaríamos mayor cantidad de dinero al tener un coste más bajo, y quizá no merezca la pena el poco rendimiento que le sacaríamos al mismo al tenerlo inutilizable.

Como el consumo es precisamente lo que reactiva la actividad económica, cuanto menores sean los tipos de interés más consumirán los individuos. Pero no solo por el menor coste de oportunidad del dinero frente a los bonos, si no porque la financiación estará más barata para las empresas, por lo que podrán ofrecer los productos a un precio menor por la reducción de costes financieros que lleva aparejado.

Llega un momento en el que el Banco Central ya no puede bajar el tipo de interés oficial más. ¿Por qué? Si cuando el tipo de interés era cero ningún ciudadano demandaba ya bonos, con más razón si el tipo de interés es negativo. En esta circunstancia, toda persona que invirtiese en bonos no solo no obtendrá ningún tipo de rendimiento si no que además tendrá que pagar al Banco Central por invertir en un producto. Además, la más que previsible subida de tipos en el futuro hará que mantener en cartera este tipo de activos tenga un alto coste para los inversores.

Por ejemplo, imaginemos que el tipo de interés fijado por el Banco Central de los bonos a un año es del -1%, y nosotros invertimos 1.000 euros. Al cabo de un año, no solo no habremos recuperado nuestra inversión inicial si no que habremos perdido 10 euros (1.000 – 990). ¿Quién iba a demandar bonos cuando estos no sirven para comprar nada existiendo el dinero? Pues lógicamente nadie. Es por esto por lo que el Banco Central no puede bajar los tipos de interés por debajo de cero.

¿Cuál es el papel del Banco Central en esta situación?

Después de esta explicación de teoría macroeconómica, la relación entre dinero en circulación y tipo de interés parece obvia. Cuanto menor sea el tipo de interés oficial, mayor será la cantidad de dinero que los ciudadanos demandarán por el bajo coste de oportunidad de tenerlo, y viceversa. O, explicado de otra forma, cuanto menor sea el tipo de interés, menor será el incentivo para ahorrar y mayor para consumir.

El problema es cuando ni siquiera un tipo de interés tan bajo sirve para que la situación económica se reactive, que es lo que ocurrió en la llamada década perdida en Japón en la pasada década. La política de estímulo ya no sirve en estos casos, y las situaciones de depresión se alargan si es que no se agravan.

En este caso, el Banco Central ya no puede aumentar la cantidad de dinero en circulación, pero la economía en su conjunto demanda unos menores tipos de interés. Sin embargo, los Bancos Centrales poco pueden hacer para mitigar esta situación. En muchas ocasiones, el problema no radica en que la gente consuma mucho o poco si no más bien en otro tipo de problemas estructurales que quedan fuera del ámbito de competencia del Banco Central.

De aquí radica la importancia de anticiparse a lo que puede llegar a ser un problema para la política monetaria. La economía no es una ciencia que pueda aplicarse indefinidamente, por lo que la mayoría de conceptos que os intentamos hacer llegar en este blog tiene fecha de caducidad.

En Naranja | ¿Cómo nos afecta una subida o bajada de los tipos de interés?
Imagen | nusrin

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