Cuatro comportamientos comunes a todo buen inversor

Cuando los mercados bursátiles atraviesan un periodo de inestabilidad es normal que surjan dudas sobre la idoneidad de la inversión realizada, especialmente cuando nos encontramos ante rentabilidades negativas.

Es entonces cuando es útil echar mano a estos cuatro comportamientos comunes a todo buen inversor, porque nos ayudarán a resolver las preguntas que nos asalten: ¿Cuándo debo invertir? ¿Y si pierdo dinero? ¿Cuál es el mejor producto? ¿Cuándo debo vender? ¿Debo confiar en las noticias financieras? ¿Debo aumentar mi inversión?

1. Invertir a largo plazo

Invertir a largo plazo y no buscar grandes rentabilidades en el corto plazo es la piedra angular de todo buen inversor.  Los rendimientos del mercado pueden variar mucho en pequeños periodos de tiempo, y si nuestra inversión está expuesta a esta volatilidad, es más probable que acabemos dejando que el cerebro y su aversión a la pérdida acabe haciendo que tomemos malas decisiones.

Sin embargo, como se puede ver en el gráfico, los mercados han mostrado históricamente una clara tendencia alcista, lo que significa que los rendimientos a largo plazo son más estables, pudiendo ignorar las variaciones del mercado a corto plazo.

consejos-invertir-3

2. No dejarse llevar por el pánico

El hecho de que las grandes caídas históricas de la bolsa hayan sido repentinas tiene una explicación científica clara: el ser humano se ve a menudo guiado por el efecto manada. Si salíamos a cazar y veíamos a un compañero correr despavorido, corríamos también, no fuera a haber un león persiguiéndole que no hubiéramos visto. Puede que simplemente se hubiera dejado un mamut al fuego, pero lo primero era correr y después preguntar.

El comportamiento de la bolsa es bastante parecido: si un gran inversor se retira de un valor, aunque sea por un motivo ajeno a la calidad de ese producto, es muy probable que lo sigan muchísimos otros inversores, y que además lo hagan de forma precipitada. Esta precipitación es causada por la capacidad para sorprendernos que compartimos en exclusiva los grandes simios y los humanos.

comportamiento-inversores-3

 

Resulta que en nuestro cerebro tenemos repartidas gran cantidad de neuronas fusiformes, que se encargan de detectar los eventos inesperados. Estas neuronas actúan a gran velocidad, porque no se trata de buscar la mejor solución, sino aquella que garantice nuestra supervivencia, lo cual está muy bien en medio de la selva, pero no tanto en el parqué bursátil.

Además, estas neuronas responden de manera diferente según la naturaleza de la sorpresa. Ante un evento negativo se activan en un número mayor y con más intensidad que ante una sorpresa positiva, explicando el hecho de que la bolsa baje mucho más rápido de lo que luego se recupera.

Sin embargo, ante una tendencia alcista continuada, como la burbuja de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, todo el mundo se une a la vorágine compradora, aún cuando existan indicios razonables de que es el momento de cambiar de estrategia.

Esto se debe a que nuestro cerebro tiene la costumbre de intentar predecir el futuro. Tras realizar una determinada acción que nos ha reportado un beneficio económico (o de cualquier otro tipo) el cerebro activa el sistema de recompensa, liberando dopamina. Esto refuerza el aprendizaje de los patrones de conducta que nos han llevado a obtener esa recompensa, por lo que los repetiremos para volver a recibirla.

comportamiento-inversores-2

Estos patrones se ven especialmente reforzados durante una fase alcista continuada, como la de la reciente burbuja inmobiliaria, impidiendo ver los cambios de tendencia que se producen en el mercado, o al menos hasta que no es demasiado tarde. Es por eso que es importante no dejarse llevar por el pánico en una fase bajista ni por el éxtasis durante una fase alcista, para que las emociones no condiciones nuestra inversión.

3. Entender que riesgo y ganancia van de la mano

Recurriendo al refranero popular, que con el euro ya se ha quedado un poco obsoleto: “nadie da duros a cuatro pesetas”, y a la hora de invertir ocurre lo mismo. No podemos esperar una alta rentabilidad sin asumir un riesgo equivalente, pues como reza la primera ley de las finanzas: no hay retorno sin riesgo, por lo que este es un elemento esencial en cualquier inversión.

Es importante considerar cuidadosamente el riesgo que se está dispuesto a asumir para lograr el rendimiento deseado, aunque podemos intentar minimizarlo gracias a la diversificación, que puede aportar grandes beneficios a nuestra inversión.

4. No informarse en exceso

comportamiento-inversores-4

Obviamente, mantenerse informado de la situación macroeconómica de los diferentes mercados en los que invertimos o incluso de los pormenores de una empresa en la que poseemos acciones es clave para cualquier inversor, pero es conveniente no hacerlo en exceso y, sobre todo, no dejarse guiar exclusivamente por esta información.

Los periodistas financieros solo explican los hechos ya ocurridos, y  los analistas de mercados bursátiles se basan en el presente para intentar predecir el futuro pero, de hecho, sus cambios en las previsiones se producen siempre una vez ha cambiado la tendencia. Al final, las acciones o fondos más recomendados son los que mejor se han comportado en el último año, pero como siempre, rendimientos pasados no aseguran rendimientos futuros.

Al final todo se resume en ser conscientes de que no se puede conseguir un gran retorno en muy poco tiempo, al menos sin asumir un gran riesgo ni exponerse a tomar decisiones equivocadas fruto de nuestra propia naturaleza humana, por lo que es conveniente buscar productos con el objetivo de obtener rendimientos a largo plazo, para que los pequeños cambios del mercado no supongan un problema para nuestra inversión ni nuestras emociones.

Imágenes | Alberto Carrasco CasadoKen Teegardin y Andreas Poike
En Naranja | Cuatro aspectos clave a la hora de elegir el mejor broker

Conversación