¿Debe un estado gestionar sus finanzas como si fuera una familia?

Las finanzas de un estado no son muy diferentes a las de cualquier familia o empresa. Todos ellos disponen de una serie de ingresos, que no suelen variar a lo largo de los años, con los que financiar sus gastos, que pueden ser mayores o menores en función de una serie de factores.

Sin embargo, la forma en la que gestionan sus finanzas son bastante diferentes. Mientras una familia o una empresa no pueden gastar más dinero del que ingresan, pues quebrarían, un estado puede mantener esta situación durante varios meses e, incluso, durante varios años. Pero, ¿por qué? Si no son tan diferentes, ¿por qué un país puede mantener esta situación?

¿En qué consiste el déficit público y cómo se financia?

Hace unas pocas semanas, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, anunció que el déficit de España había cerrado el año en el 5,16%. Dicho de otro modo, nuestro país gastó un 5,16% más que lo que ingresó a través de los impuestos y otros tributos del estado.

Esta situación, que haría quebrar a cualquier familia o empresa, es muy habitual cuando hablamos de países. De hecho, es el octavo año consecutivo que se da esta circunstancia en nuestro país y, desde 1980, solo ha habido tres años en los que el estado consiguió ingresar más de lo que gastaba.

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Pero entonces, ¿cómo puede un estado afrontar sus gastos si estos superan con creces a sus ingresos? Muy sencillo, mediante deuda pública que se obtiene a través de las conocidas como subastas del Tesoro, un mecanismo de emisión de títulos de deuda soberana con el que un estado puede obtener la financiación que necesita. Si hacemos un símil con una familia cualquiera, sería ese préstamo que nos ha concedido el banco para comprarnos un coche, para irnos de vacaciones o para afrontar un gasto imprevisto.

Pero, ¿y si un estado no puede pagar la deuda pública?

No es habitual que un banco conceda un préstamo a una familia si esta tiene otro que está pendiente de pago y, para colmo, gasta más de lo que ingresa de manera sistemática. La probabilidad de que no pague sus deudas es muy grande, y supondría un riesgo difícil de asumir.

Sin embargo, el Tesoro Público realiza varias subastas a lo largo de un año en las que emite nueva deuda pública (es decir, recibe nuevos préstamos) sin que se haya amortizado deuda antigua por completo y, sobre todo, sin que el estado haya aumentado sus ingresos. A pesar de ello, la deuda pública es considerada como uno de los activos más seguros que existen, hasta el punto de que muchos estados han conseguido financiarse con intereses negativos.

Y es que, en la mayoría de ocasiones, los estados no suelen tener problemas para devolver sus deudas. Aunque, en teoría, la emisión de nuevos títulos de deuda pública está restringida a los ingresos futuros de un Gobierno (al igual que cualquier familia o empresa), en la práctica, este período futuro suele ser bastante elevado, ya que en todo momento puede sustituir deuda en circulación por nuevas emisiones de deuda pública. En cualquier caso, algunos títulos de deuda pública que se emiten pueden llegar a tener un horizonte de hasta 30 años.

No obstante, esta situación no puede mantenerse de manera infinita. Lo habitual es controlar el ratio Deuda Pública / PIB con el fin de no emitir más deuda pública de la que puede soportar el crecimiento de un país durante un año.

El papel del BCE

Existe un factor adicional. En algunas ocasiones, especialmente cuando las finanzas de un país están comprometidas y no existen inversores suficientes que presten dinero al estado, es el Banco Central Europeo quien presta dinero directamente a los estados, tal y como ha ocurrido en algunas ocasiones en los últimos años.

Además, buena parte de la liquidez del BCE ha servido para comprar deuda pública a través de los bancos. Como el tipo de interés al que pueden obtener dinero ha ido siendo cada vez más bajo, los bancos lo prestarán a un interés también más bajo.

En definitiva, a diferencia de lo que muchos piensan, un estado no gestiona sus finanzas como una familia o una empresa, aunque son muchos los expertos e instituciones que indican que esta debería ser la forma correcta de hacerlo, como la Comisión Europea. Puede acceder a diversas herramientas que les permiten gastar por encima de lo que ingresan durante varios años, sin comprometer demasiado con ello las finanzas públicas.

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