Doce conceptos bancarios comúnmente utilizados cuyo significado quizá todavía confundas

La jerga bancaria es, todavía a día de hoy, confusa para muchas personas. Algunos conceptos que parecen sinónimos son, en realidad, bastante diferentes entre sí, llegando a ser, en algunos casos, términos contrapuestos. Muchos de ellos, lejos de ser demasiado técnicos o complejos, se pueden ver de manera cotidiana en cualquier oficina bancaria.

Por esta razón, vamos a hacer un recopilatorio de algunos conceptos que, aunque son diferentes, se confunden de forma habitual, haciendo que muchas veces no tengamos claro qué significan exactamente. Estos son algunas de las confusiones más habituales.

BIC e IBAN

Desde que se puso en marcha la Zona Única de Pagos SEPA, y aunque ya se venían utilizando desde algún tiempo antes, el IBAN y el BIC son dos identificadores fundamentales a la hora de realizar algunos pagos y abonos, especialmente transferencias.

Aunque normalmente se utilizan dentro de la misma operativa, no son exactamente lo mismo. Así, mientras el IBAN sirve para identificar una cuenta bancaria a nivel internacional, el BIC identifica el banco y la sucursal beneficiario de una transferencia.

Préstamo y crédito

Cuando hablamos de financiación, especialmente a particulares y a pymes, consideramos que un préstamo y un crédito son el mismo producto cuando, en realidad, tienen características que les hacen ser bastante diferentes.

En este sentido, mientras un crédito es una cantidad de dinero que el banco pone a disposición del cliente durante un periodo de tiempo determinado, que podrá utilizar o no en función de sus necesidades, un préstamo es una operación financiera en virtud de la cual la entidad financiera entrega una cantidad de dinero fija al comienzo de la misma.

Cuenta remunerada y depósito a plazo fijo

Hace unos años, cuando los productos de renta fija todavía generaban una cierta rentabilidad, las cuentas remuneradas y los depósitos a plazo fijo eran los productos más demandados por los ahorradores españoles hasta el punto que, incluso, llegaban a confundirse. Y si bien es cierto que ambos compartían el hecho de ser remuneradas, existen una serie de diferencias que les hacían ser, en realidad, productos bastante distintos.

En general, los depósitos a plazo fijo ofrecen una mayor rentabilidad que las cuentas remuneradas, aunque bien es cierto que estas diferencias se han acortado mucho en los últimos años como consecuencia del escenario de bajos tipos de interés que estamos viviendo. Sin embargo, los depósitos exigen una cantidad mínima en un plazo de tiempo fijado de antemano, mientras que las cuentas remuneradas remuneran desde el primer euro y sin plazo, lo que hace que, a diferencia de los primeros, su disponibilidad sea inmediata.

Transferencia y traspaso

Aunque generalmente se utiliza la transferencia para referirnos a todo envío de dinero desde una cuenta corriente a otra, lo correcto es utilizar también la palabra traspaso cuando esta operación se realiza entre cuentas que pertenecen a una misma entidad financiera, donde el dinero está disponible en la cuenta destino de forma inmediata.

Si esta operación se realiza entre cuentas de diferentes entidades, entonces estaríamos hablando puramente de una transferencia, en la que lo más normal es que el dinero no esté disponible de manera inmediata, sino al día siguiente.

Cargo y abono

A diferencia de los conceptos anteriores, que pueden dar lugar a equívocos porque las diferencias son, en muchos casos, muy ligeras, el uso que se hace del término cargo y del término abono es directamente incorrecto, al ser conceptos que significan exactamente lo contrario.

Los cargos son operaciones de retirada de efectivo de una cuenta corriente. Por ejemplo, cuando pagamos algo con tarjeta de crédito, el banco nos hace un cargo en nuestra cuenta corriente al realizar la liquidación a final de mes. Los abonos, por su parte, son ingresos realizados a una cuenta bancaria que aumentan su saldo como, por ejemplo, el ingreso de la nómina.

Tarjeta de crédito y tarjeta de débito

Normalmente, pagamos con tarjeta, sin especificar si es de crédito o débito. La generalización en el uso de este término hace que, en muchas ocasiones, no sepamos si estamos pagando con uno u otro tipo de tarjeta ni qué diferencias existen entre ellas a la hora de contratarlas.

En el caso de las tarjetas de débito, el importe de una compra se carga de forma inmediata en la cuenta corriente del titular, de manera que solo permite realizar el cobro hasta el límite de la misma. Las tarjetas de crédito, por su parte, son más avanzadas, pues permite el pago incluso si no hay fondos en la cuenta, ya que el importe no se carga hasta finales de mes. Además, permiten aplazar compras directamente e, incluso, incorpora algunos servicios adicionales como la protección de viajes o seguros de vida.

En Naranja | Cazadores de mitos bancarios: ¿por qué tu banco te retiene algunos pagos en tu cuenta bancaria?

 

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