El estado líquido de la economía: ¿cómo se transforman los activos en dinero?

Una de las materias más recurrentes que los profesores imparten a los niños en la asignatura de ciencias naturales es el de los estados de la naturaleza y los cambios que se producen cuando se da un determinado fenómeno. Todo cuerpo existe en la naturaleza en un estado sólido, líquido o gaseoso, aunque este estado no es único a lo largo de su vida, sino que cambia en función de una serie de factores como la temperatura.

Pues bien, al igual que ocurre con los estados de la naturaleza, los activos económicos también tienen sus propios estados. En concreto, muchos pueden presentarse en estado líquido, pudiendo cambiar a lo largo de su vida. Y no estamos hablando de convertir un coche en agua para beber; el estado líquido de un activo tiene más que ver con el dinero.

La liquidez de los bienes: ¿puedo convertir mis activos en dinero?

Aunque el hielo, un océano y el vapor nos puedan parecer elementos diferentes de la naturaleza, en realidad están hechos de lo mismo: agua. La diferencia radica en estado en el que se nos presenta, que depende, sobre todo, de su temperatura. El agua puede estar en cualquiera de los tres estados aunque siempre más o menos alejado de su estado central, el estado líquido.

Con los activos económicos sucede algo parecido. Un activo se encuentra más o menos cercano a su estado líquido en función de su capacidad para ser convertido en dinero. Haciendo un símil con los estados de la naturaleza, el activo propiamente dicho sería uno de los estados (por ejemplo, el sólido), el dinero sería el estado líquido y la venta sería el fenómeno que desencadena el paso de un estado a otro (por ejemplo, la evaporación).

Por tanto, un activo será tanto más líquido cuanto más sencillo sea realizar su venta. Y alguno os preguntaréis: entonces el coche que he vendido hace dos meses es muy líquido, puesto que ha sido muy fácil su venta. En realidad, esta explicación de liquidez solo es válida cuando la venta del activo se de sin variaciones importantes en el valor del mismo. Es evidente que podemos vender un coche por un precio con un 60% de descuento, pero ésto no quiere decir que sea un activo líquido puesto que su conversión en dinero supondría una pérdida del 60% de valor del mismo.

Por lo tanto, un coche no es, en principio, un activo líquido. Podría llegar a serlo si se modificasen los gustos y preferencias de las personas y se comenzasen a demandar de manera desorbitada, existiendo de esta manera un mercado con numerosos demandantes que estarían dispuestos a ofrecer un precio incluso superior a su valor real. En este caso, cualquiera de nosotros podría vender en cualquier momento nuestro coche sin temor a tener que hacer frente a una pérdida en su valor, puesto que es bastante sencillo que encontremos una contrapartida dispuesta a ofrecer el precio demandado.

Si este mercado existiese en la realidad (hipótesis alejada de la realidad, y más en tiempos de crisis), estaríamos hablando de un mercado líquido, puesto que es sencillo comprar o vender los activos en cualquier momento. Esto es precisamente lo que sucede con el mercado de valores en el que, gracias al número tan grande de oferentes y demandantes, siempre es posible encontrar una contrapartida a nuestra compraventa. Convertir acciones en dinero es sencillo y casi automático gracias a la existencia de este tipo de mercados tan líquidos.

¿Por qué es importante disponer de liquidez?

En anteriores ocasiones ya habíamos explicado por qué las personas ricas no tienen mucho dinero. Resumiendo mucho la idea, el dinero no es más que un medio de pago con el que se pueden adquirir activos o bienes, o lo que es lo mismo, riqueza. Por este motivo, el dinero no es sinónimo de riqueza, aunque es condición necesaria para adquirirla.

Podríamos pensar, por tanto, que lo ideal es adquirir el máximo número de bienes posibles, contando con un pequeño remanente para adquirir nuevos activos. En efecto, si ser ricos depende de la cantidad de activo en nuestra posesión, seremos tanto más ricos cuantos más bienes mantengamos en nuestro poder y menos en forma de dinero. O lo que es lo mismo, cuanto menos líquido sea nuestro patrimonio.

En realidad, sucede que, en muchos casos, estos activos no se han adquirido directamente con dinero sino con deuda. Pensemos en una vivienda. Muy poca gente tiene el dinero necesario para adquirir una vivienda a tocateja, como se dice comúnmente. En cambio, los intermediarios financieros ofrecen la posibilidad de contraer deuda para financiar la compra de este activo (sí, estoy hablando de la archifamosa hipoteca). Precisamente, la adquisición de una vivienda es el ejemplo más paradigmático de acumulación de riqueza puesto que, en la mayor parte de las ocasiones, es el único activo adquirido a largo plazo por las familias.

Sucede que la deuda que hemos contraído no se amortiza con bienes sino con dinero. Por este motivo, siempre que haya deudas, y más cuando hablamos de deudas a corto plazo, es necesario contar con liquidez suficiente como para proceder a la devolución del principal más los intereses. De cualquier otra forma, tendríamos que declararnos insolventes por no tener medios suficientes para realizar la devolución. Podemos tener muchos bienes y, por tanto, mucha riqueza; pero si esa riqueza ha sido adquirida a crédito y estos bienes no son líquidos, puede darse la circunstancia de que seamos tan pobres o más que si no tuviésemos nada.

De hecho, aun no teniendo ningún tipo de carga financiera, la liquidez es importante. Todas las familias tienen una serie de gastos corrientes que nos permiten planificar y realizar el control sobre la cantidad de dinero que necesitaremos en un mes determinado. Sin embargo, siempre pueden ocurrir eventos o circunstancias no previstas inicialmente que hagan que un mes se vuelva complicado desde el punto de vista de nuestra liquidez. Si no contamos con un remanente suficiente, atravesaremos dificultades serias para pagar nuestros gastos.

Resumiendo, la liquidez de los activos es su capacidad para ser convertidos en dinero sin pérdida de valor. Contar con un cierto remanente de liquidez es importante para acometer los gastos corrientes e imprevistos, al margen de ser un mecanismo necesario para que los mercados funcionen de manera eficiente. Como bien decía la poesía de Francisco de Quevedo, Poderoso Caballero es Don Dinero… o Doña Liquidez.

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Conversación

  • minue

    Muy bien traída la metáfora… a la que añado que mi dinero es tan líquido que se me escurre entre los dedos xD