El sistema de precios: las señales que regulan el tráfico de la economía

precios_señales ¡Precios, precios, precios! ¡Todo son precios! A lo largo de nuestra vida cotidiana estamos continuamente hablando de precios. Que si esta bicicleta cuesta tanto, que si este coche es demasiado caro para nosotros, o que si en este momento podemos permitirnos darnos ese capricho que tanto deseamos. Todas nuestras decisiones de consumo y, en general, cualquier decisión de nuestra vida diaria está condicionada de alguna manera en los precios. Unos números con una importancia capital y que, como buen agente de tráfico, sirven para regular de alguna manera el tráfico de la economía.

Precios = información

precios Nunca un número había proporcionado tanta información como lo hace el precio de un producto o servicio, tanto desde el punto de vista del consumidor como del oferente del servicio. Son las señales que guían las decisiones de los agentes, y que tienen un papel fundamental en todo proceso de mercado. A decir verdad, el mercado como tal no podría existir sin ellos. En todo proceso de mercado, en el que interviene tanto oferta como demanda, todo producto acaba alcanzando un precio, llamado precio de equilibrio. Si el precio actual de una mercancía es superior a ese precio, su demanda será menor y la empresa tendrá que reducirlo si no quiere quedarse con todas las existencias. Del mismo modo, si el precio del producto es menor a su precio de equilibrio, su demanda será elevada y la empresa tendrá que aumentar el precio para satisfacerla. Como vemos, el precio está dando señales muy importantes tanto a los consumidores como a las empresas. Por un lado, informa a los consumidores de que tienen que comprar el producto en este preciso instante puesto que, en caso de esperar, es posible que la empresa acabe aumentándolo para satisfacer la demanda; análogamente, está informando de que el producto actual es superior a su valor real, lo que incitará a los consumidores a esperar a que la empresa reduzca su precio. Por otro lado, juega un papel fundamental en las decisiones de marketing de las empresas. Informa de cuál es el valor que los consumidores dan a la mercancía comercializada, ajustando este valor hasta alcanzar el punto de equilibrio en el cual convergen oferta y demanda. De alguna manera, sirven para indicar si el producto es viable o no, puesto que si el valor que los consumidores dan a ese producto y que conforma, por tanto, su precio, es inferior a sus costes de producción, éste no será viable. Sin embargo, si hay una verdadera razón de ser de los precios que, además, ha suscitado numerosas críticas desde diversos colectivos, esa es la de indicador de abundancia o escasez de un bien en un área geográfica.

¿Abundancia o escasez?

Hay diversas formas de saber si un determinado bien es abundante o escaso en una zona geográfica. Podemos recurrir a estudios avalados por las más prestigiosas universidades de España, a encuestas a los ciudadanos sobre la utilidad que les reporta ese bien o, la alternativa más sencilla, podemos mirar su precio. La idea de abundancia o escasez está relacionada directamente con la idea de la utilidad marginal: cuando un bien sea abundante en un determinado país, sus habitantes tenderán a valorarlo menos que si es escaso, estableciendo de manera implícita el precio para ese producto. Para explicarlo gráficamente, qué mejor que volver al ejemplo de los diamantes y el agua. En España, ninguno de nosotros pagaríamos más dinero por una botella de agua que por un anillo de diamantes. Esto es ilógico si pensamos que el agua es indispensable para la vida mientras que los diamantes no dejan de ser una piedra preciosa de poca o nula utilidad para nuestra subsistencia como seres humanos. Sin embargo, el agua es tan abundante que la necesidad de beber puede ser saciada en cualquier momento y casi en cualquier lugar. Excepto en un desierto. Imaginemos que llevamos deambulando por las dunas de un desierto durante largas horas. Estamos sedientos y exhaustos y nada valoraríamos más en ese preciso momento que una botella de agua bien fresquita. Es aquí donde el agua se hace más escasa y, por lo tanto, si encontrásemos una tienda o un vendedor ambulante en el medio de una de esas dunas, lo más probable es que vendiese el agua a precio de oro. Y, por supuesto, nosotros lo pagaríamos. Esta es la razón por la cual, en determinados años, el precio de algunos productos agrícolas es superior o inferior al precio del año anterior. La abundancia o escasez de trigo o cebada, por ejemplo, dependerá de la cosecha habida en ese año que puede estar condicionada por eventos no controlables como los fenómenos meteorológicos. En este caso, el precio de todos los productos que utilicen esta materia prima en su proceso de fabricación serán por fuerza mayores. Por este motivo, el sistema de precios es tan importante. Sirven para establecer en nuestra mente la percepción de lo que es caro y barato y actuar, por tanto en consecuencia; pero, además, proporcionan información acerca de la abundancia o escasez de un bien en un momento determinado del tiempo. En Naranja | La paradoja del valor: ¿por qué son más caros los diamantes que el agua? Imagen | tubthumper, Mandarina_

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