¿Es sostenible el sistema de pensiones tal y como está diseñado en la actualidad?

Uno de los debates más de actualidad en los últimos meses, e incluso años, es el que gira en torno a las pensiones públicas, y más concretamente sobre su viabilidad futura, con posiciones contrapuestas entre quienes consideran que es sostenible y aquellos que no lo tienen tan claro.

Aunque este debate lleva ya un tiempo en la calle, todavía es un debate incipiente, puesto que, aún a día de hoy, las pensiones se siguen pagando y los ciudadanos seguimos teniendo acceso a nuestra jubilación. Sin embargo, ¿qué ocurrirá en el futuro? ¿es realmente sostenible el sistema de pensiones tal y como está diseñado?

El sistema de pensiones: un sistema de reparto

En la actualidad, todos los trabajadores están obligados a aportar una parte de su salario a la financiación de la Seguridad Social. Estas aportaciones y otros ingresos se destinan de manera inmediata a pagar las prestaciones de los pensionistas. Este sistema se llama el sistema de reparto de la Seguridad Social.

A diferencia del sistema de capitalización, en el que las cotizaciones se invierten en activos que proporcionan una cierta rentabilidad al capital invertido, el sistema de reparto se apoya en un principio de solidaridad entre generaciones, de tal forma que los trabajadores activos de esta generación, los autónomos y los empresarios aportan los recursos necesarios para satisfacer las prestaciones de los jubilados y pensionistas, con la esperanza de que, a medida que los primeros se vayan convirtiendo en pensionistas, reciban el mismo trato.

Aunque a simple vista este sistema pudiese parecer el modelo más justo de redistribución de la riqueza, se trata de un modelo de ahorro obligatorio que, por sus características, puede no resultar el más adecuado, puesto que su financiación requiere de un número de trabajadores que aporte los recursos necesarios para satisfacer las prestaciones a los pensionistas.

Es decir, el sistema de reparto genera numerosas incertidumbres tanto desde el punto de vista del ciudadano que recibe la prestación, al no poder saber de antemano ni la cuantía de la pensión a recibir ni poder elegir el momento de su jubilación, como desde el punto de vista de su propia financiación, que depende en gran medida de aspectos tan poco controlables como la evolución demográfica o la tasa de desempleo futura.

Pero, ¿es sostenible el sistema de reparto?

Parece razonable pensar que el sistema de reparto es sostenible siempre y cuando las aportaciones realizadas por los trabajadores sean suficientes como para satisfacer las prestaciones correspondientes a los pensionistas. Por el momento, el sistema de pensiones es sostenible aun cuando la elevada tasa de desempleo en España esté reduciendo las contribuciones sociales. Pero, ¿qué ocurrirá en el futuro? Conforme a la evolución demográfica prevista, el sistema de la Seguridad Social, tal como hoy lo conocemos, difícilmente podrá mantenerse.

España es uno de los países donde la esperanza de vida es mayor: 83 años para hombres y 87 para mujeres, y esta evolución sigue al alza. Este progresivo aumento en la esperanza de vida, unido a la baja tasa de natalidad, tiene un doble efecto sobre el sistema de pensiones.

Por un lado, hay que ir satisfaciendo más prestaciones durante más años. En efecto, si los ciudadanos vivimos más, las prestaciones sociales tienen que ir necesariamente alargándose en el tiempo, puesto que las prestaciones se van satisfaciendo hasta que el individuo fallece. Por otro lado, un número cada vez mayor de pensionistas es un signo de que, a no ser que crezca la población producto de la entrada de inmigrantes, cada vez será menor el número de trabajadores.

Por este motivo, la financiación del sistema de reparto español va camino de convertirse en un problema de carácter estructural. Según el Seminario “La reforma del sistema de pensiones en España”, la tasa de dependencia, es decir, el cociente que resulta de dividir la población con edades comprendidas entre los 16 y los 64 años y los mayores de 65, va a pasar de más de 3,6 en 2001, a 2,5 en 2030 y se estabilizará alrededor de 1,6 en 2050. Es decir, por cada 1,6 trabajadores en activo habrá un jubilado.

Sin embargo, todavía existen en este debate voces que abogan por una no reforma del sistema de pensiones, argumentando para ello el aumento de la productividad que se producirá dentro de 40 años que permitirá aumentar el valor de los bienes producidos y, de esta manera, permitirá al sistema seguir satisfaciendo las prestaciones.

Sin embargo, el debate va para largo, y las reformas, aunque muchas de ellas ya se han realizado y muchas otras están en camino, deberían permitir la viabilidad completa del sistema de pensiones. Un problema que, sin duda, tiene (o tendrá) una gran incidencia sobre todos los ciudadanos.

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