La desaparición de los huevos blancos y el poder de los consumidores

Consumidor huevos - 1 Sí, también hay huevos turquesa

Mucha gente piensa que el poder de los consumidores es más bien escaso. Que solo somos el final de una larga cadena y que, como último eslabón, poco tenemos que aportar. Sin embargo, una mirada atenta nos hace darnos cuenta de que ese poder es enorme, probablemente el mayor de todos los agentes del mercado.

La desaparición de los huevos blancos es solo uno de los millones de ejemplos de cómo las decisiones del consumidor pueden acarrear grandes cambios en la industria, de como al final, el que manda es el que paga, aunque con matices, claro.

¿Dónde están los huevos blancos?

Es una tontería, pero si os fijáis ya no hay huevos blancos en los supermercados. Aún se pueden encontrar en puestos de mercado, panaderías, carnicerías y pequeñas tiendas de barrio, pero las grandes distribuidoras ya no los quieren en sus estanterías. ¿Por qué? La respuesta es fácil, porque el consumidor los prefiere morenos.

Originalmente la industria escogió las gallinas blancas para la producción por ser más pequeñas y menos comedoras, así como porque el huevo blanco que ponen parecía sinónimo de higiene y limpieza. Sin embargo, se dieron cuenta de que la gente los prefería morenos, que los asociaba a algo natural, más saludable y nutritivo —aunque en su interior son idénticos— e incluso estaba dispuesto a pagar más por una docena de huevos morenos que de blancos.

Como es lógico, las empresas no tardaron en reaccionar, y fueron sustituyendo las gallinas blancas por pardas en sus granjas —que ahora son mejores ponedores también— hasta el punto de que en ya en 2004, según un artículo de La Voz de Galicia, las granjas gallegas habían dejado de producir huevos blancos.

El poder del consumidor reside en la decisión de compra

Consumidores huevos - 2 Nunca pensaste que elegir un huevo importara un ídem

Nosotros matamos al huevo blanco. ¿Cómo? Simplemente no comprándolo, ahí es donde reside el poder del consumidor, en la decisión de compra, en adquirir uno u otro producto entre los ofertados. Siguiendo con el ejemplo de los huevos, ahora podemos escogerlos más grandes o más pequeños, de granja o camperos, e incluso ecológicos. Cada vez que escogemos cualquiera de las opciones disponibles, estamos diciéndole a las empresas productoras lo que queremos.

Obviamente, una única persona no puede cambiar el mercado. Es por eso que nos parece que lo que nos encontramos en los lineales del supermercado lo han decidido otros, y en parte es verdad, porque entre todos hemos pedido esos productos con nuestros hábitos de consumo y nuestras decisiones de compra. Es algo colectivo.

Un magnífico ejemplo de cómo afectan los cambios en los gustos del consumidor es el mercado del automóvil. En Estados Unidos, hasta hace nada, el consumo de gasolina era algo que nadie tenía en cuenta al adquirir un coche. El precio del carburante era lo suficientemente bajo como para que a la hora de elegir entre varios modelos, el comprador medio se preocupara más de si le gustaba más el negro azabache de uno o el rojo carmesí del otro.

A medida que los precios de los carburantes han ido subiendo —aún lejos de los europeos— el consumo se ha convertido en punto fuerte de la toma de decisiones, por lo que las marcas se han apresurado no sólo a reducir el consumo de sus vehículos, sino que lo han convertido en la piedra angular de sus campañas publicitarias. En unos pocos años los consumidores han conseguido lo que las asociaciones ecologistas no habían logrado en años, es decir, reducir las emisiones de CO2 del parque móvil, aunque sea por motivaciones diferentes.

El nuevo consumidor

Con la era de la información y las comunicaciones, un nuevo consumidor empieza a asomar. No sólo tiene un mayor conocimiento como para no basar sus decisiones en falsas creencias, sino que además le gusta descubrir qué hay detrás su compra y tiene a su alcance un número mucho mayor de opciones. Internet ha permitido la evolución de un consumidor concienciado, que sabe bien lo que compra, que no está dispuesto a conformarse con lo que se encuentra en la tienda o el supermercado, que tiene claro lo que quiere y es capaz de ir a buscarlo allí donde se encuentre.

Cargador iPhone Dostoyevsky

En esa línea han aparecido varias empresas especializadas que ponen en contacto a los consumidores con aquellas personas (porque apenas se podrían llamar empresas) que producen lo que éstos desean. Dos ejemplos muy buenos son Etsy (norteamericana) y Mumumio (española), aunque de nuevo hay muchísimos más, estos dos son los que me han venido a la mente. También son muy buen ejemplo el triunfo del crowdfunding y el consumo colaborativo.

Etsy es una especie de tienda online especializada en arte y decoración, donde puedes encontrar pequeños artesanos, artistas y diseñadores de todo el mundo que venden directamente sus productos a precios competitivos. En realidad no es una tienda online, sino más bien una plataforma de venta, como un mercado enorme en el que cualquier puede poner su puesto a cambio de una pequeña comisión. Allí, por ejemplo, pude descubrir un original dock para el iPhone montado sobre una preciosa edición de Crimen y Castigo, de Dostoyevsky. El regalo perfecto para mi padre filósofo, que jamás hubiera hallado en ninguna tienda.

En Mumumio lo que hay son infinidad de pequeños productores de alimentos ecológicos y artesanos. Se ofrece desde carnes de Galicia hasta frutas y verduras, pasando por todo lo que os podríais imaginar en vuestra despensa, hasta cervezas artesanas de producción nacional y, cómo no, huevos ecológicos. Responde perfectamente a las necesidades de muchos consumidores que quieren un producto gourmet con un origen claro y responsable.

Puede parecer que estás dos empresas sean solo un bonito ejemplo, un pequeño nicho de mercado para compradores un tanto exquisitos, pero para que os hagáis una idea, Etsy cuenta con casi un millón de vendedores y un valor estimado de más de 300 millones de dólares. Y eso que nació en 2005 porque su fundador, pintor, carpintero y fotógrafo, no encontraba una plataforma donde vender sus creaciones. Así funciona el poder del consumidor.

Imágenes | woodleywonderworks y Rubber Slippers In Italy
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  • Josep Camós

    Muy interesante, sí señor, y no lo digo por cumplir. Yo no entendía por qué los huevos blancos habían ido desapareciendo… y sigo sin entenderlo demasiado (aunque ahora ya sé por qué fue). Cuando era pequeño, mi madre siempre los compraba blancos, decía que los oscuros eran más caros y no le sabían igual. Para gustos, colores (nunca mejor dicho), pero lo cierto es que hace algún tiempo quise enterarme de por qué se fueron retirando del mercado y no supe encontrar la explicación. Para mí, un huevo es y será siempre blanco… aunque la nevera se empeñe en llevarme la contraria. :-P

    • minue

      Para mí también serán siempre blancos, por mucho que ya nunca los compre. En mi casa también se compraban blancos (como dices, eran más baratos, por su tamaño ligeramente menor y la menos demanda), hasta que ya no los hubo… yo creo que la explicación es plausible en cuanto a que los marrones ofrecían mayor beneficio empresarial y una demanda mayor por parte de los consumidores.

  • tpnavas

    Pues aquí en Lanzarote ahora pasa justo lo contrario, los huevos vuelven a ser blancos ….. estaré atento, pero me sorprendió ver que ya no había de color marrón, casi ni me acordaba que ANTES eran blancos. Por cierto, no he notado cambio ni en el sabor ni en el precio.