La falacia de la ventana rota, ¿qué ocurre cuando se rompe el escaparate de una joyería?

La ciencia económica no es, ni mucho menos, una ciencia exacta. A diferencia de las matemáticas,la física o la quísima, en las que el resultado es determinado y cierto a partir de unos ciertos datos de entrada, la economía está siempre cargada de incertidumbre, y nuestras acciones tienen siempre un resultado casi imposible de establecer de antemano, por no hablar del conjunto de reacciones que cualquier medida o decisión provoca.

No en vano, la mayor parte de nuestras acciones, por no decir todas, llevan aparejadas dos posibles resultados: el resultado que se percibe, que se ve; y el resultado que no se percibe o no se ve. Este asunto no es baladí, y ya ha sido tratado por numerosos economistas entre los que destaca el francés Frédéric Bastiat, que explicaba este fenómeno de manera magistral con su falacia de la ventana rota.

¿Qué percibimos todos en nuestro día a día?

lo que se ve

Juanito es un pequeño muchacho que todos los días va al parque de al lado de su casa a jugar con sus amigos a fútbol. Entretanto, la actividad comercial de las tiendas aledañas transcurre al margen de la pachanga de los pequeños, que se desarrolla sin incidentes. Las joyerías, los establecimientos de reparación de electrodomésticos, las panaderías o los kioskos continúan su venta de productos al margen de lo que ocurre fuera.

En un momento dado, a Juanito se le escapa la pelota, con tan mala suerte que rompe uno de los escaparates de la joyería. El joyero, llamado Antonio, sale a valorar los daños del destrozo con signos evidentes de cabreo. Entre los asistentes, aproximadamente unos treinta, se produce un consenso mayoritario para ofrecer al propietario del establecimiento, Antonio, el mismo consuelo:

La desdicha sirve para algo. Tales accidentes hacen funcionar la industria. Todo el mundo tiene que vivir. ¿Qué sería de los cristaleros si nunca se rompiesen cristales?

Los comentarios no logran consolar a Antonio, que ve cómo una parte de sus ingresos mensuales tendrá que destinarse a reparar el destrozo. Desde luego, no es ninguna tragedia, pero es suficiente para que el niño, arrepentido, y al ver la cara de enfado del propietario de la joyería, le pida perdón. Antonio le responde que no ha pasado nada, aunque en realidad sienta por dentro la preocupación lógica de un gasto imprevisto como consecuencia de un accidente involuntario y fortuito.

Antonio llama acto seguido a un cristalero que, encantado, le ofrece un nuevo escaparate por un importe de cien euros. Antonio, resignado, acepta el precio y, al día siguiente, el cristalero le repara el escaparate, cobra los cien euros, se frotará las manos y bendecirá al niño por haber provocado el accidente.

La rotura del escaparate ha supuesto, por tanto, un ingreso para el cristalero, que utilizará a su vez para realizar nuevas adquisiciones o compras, reactivando de esta manera la economía y aumentando el ingreso de las empresas o comerciantes que comercializan los productos o servicios que ha adquirido el cristalero posteriormente. Esto es lo que se ve.

Por tanto, y por deducción, podemos llegar a la conclusión, como a menudo ocurre, que es bueno romper cristales puesto que este tipo de accidentes dan trabajo a los cristaleros y hacen circular el dinero, lo que beneficia a la economía en general y no solo a los cristaleros. Pero, como bien decía Bastiat ¡Alto ahí! La teoría es completamente lógica si solo tenemos en cuenta lo que se ve; sin embargo, no se tiene en cuenta lo que no se ve.

¿Qué es lo que no se ve?

lo que no se ve

El dinero es un recurso económico escaso y, como tal, solo puede ser empleado para un determinado fin. En el caso de nuestro joyero Antonio, al emplear los cien euros en la reparación de su escaparate, ya no podrá emplear ese dinero en, por ejemplo, reemplazar sus gastados zapatos o añadir un nuevo libro a su biblioteca particular. Es decir, en caso de no haberse producido el accidente con el balón, Antonio hubiese empleado esos cien euros en un uso que ahora ya no efectuará.

Estando el cristal roto, la industria cristalera es favorecida con cien euros; sin embargo, si el cristal no se hubiese roto, la industria zapatera, librera o cualquier otra habría sido favorecida con cien euros. Es decir, a pesar de que en un primer momento parecía positivo para la economía la rotura del escaparate de la joyería, en realidad no existe ningún tipo de interés para la industria en su conjunto en que los cristales se rompan o no.

De hecho, desde el punto de vista del consumidor, Antonio ha perdido bienestar con la rotura. El necesario reemplazo del cristal de su tienda hace que Antonio disfrute de un cristal, tal y como hacía antes del accidente, pero con cien euros menos en su bolsillo. Sin embargo, si el cristal no se hubiese roto, Antonio se habría gastado esos cien euros en calzado, por ejemplo, y disfrutaría al mismo tiempo del cristal y de un par de buenos zapatos.

En definitiva, y puesto que Antonio, nuestro joyero particular, forma parte de la sociedad, podemos concluir que, considerada en su conjunto, y hecho todo el balance de sus trabajos y disfrutes, la sociedad ha perdido el valor de un cristal roto. Generalizando, llegamos a la conclusión de que la sociedad pierde el valor de los objetos destruidos inútilmente. Destruir un objeto hace perder valor a la sociedad en su conjunto.

Conclusiones

A simple vista, podemos pensar que en el accidente del escaparate se han visto implicadas dos personas: por un lado, Antonio, el propietario de la joyería y, por otro, el cristalero que reemplaza su cristal roto. Sin embargo, existe un tercer agente (o incluso cuarto, quinto…) personalizado en la figura del zapatero (o cualquier otro industrial) para el que el trabajo se ve reducido por la misma causa. Una figura que nunca se toma en cuenta cuando ocurren este tipo de accidentes.

En definitiva, la parábola de Bastiat ilustra de manera magistral las relaciones económicas, y cómo un acto fortuito o imprevisto puede modificar el comportamiento de los agentes económicos en cualquier sentido. Si en lugar del cristal, el evento hubiese afectado a un colectivo mucho más numeroso, e incluso a la mayoría de la población de un país, el efecto macroeconómico sería más que notable. Por este motivo, la ciencia económica es una de las más complejas que existen.

En Naranja | La paradoja del ascensor, cómo la probabilidad y la estadística pueden ayudarnos en nuestro negocio
Imágenes | vajdic, PublicDomainPictures, Bluesnap

Conversación

  • Josep Camós

    Pues será que no lo he entendido bien, pero yo a esta falacia le veo dos temas más:

    1. ¿Y si Antonio no tenía previsto comprarse unos zapatos, sino ahorrar ese dinero y conseguir unos dinerillos extra? En este caso, entiendo que a la Industria le beneficia el balonazo de Juanito.

    2. Olvidemos el supuesto anterior. Si los zapatos nuevos que se iba a comprar Antonio eran por desgaste de los anteriores, estaríamos ante el mismo caso que si Juanito se hubiera ahorrado el balonazo, ¿no? Por tanto, aquí la Industria gana, puesto que se venden dos artículos (los zapatos y el cristal) donde antes sólo se iba a vender uno.

    Vamos, que Juanito está patrocinado por alguien de la CEOE o similares. 😛