Los otros instrumentos para determinar la liquidez de un país: el coeficiente de caja

Todos nosotros hemos sido, somos o vamos a ser titulares de uno o varios depósitos bancarios a lo largo de nuestra vida, donde vamos a ir depositando o ingresando nuestra renta y ahorros con el objetivo de pagar los recibos, obtener un rendimiento adicional por nuestro capital o, simplemente, mantener nuestros ahorros bajo la custodia de una entidad financiera.

Ocurre que, si bien nadie debe sentir inseguridad porque un banco no le devuelva el dinero depositado, las entidades financieras no están obligadas a guardar la totalidad del dinero depositado en sus cajas fuertes, sino tan solo un porcentaje del total establecido por la autoridad monetaria, que en el caso de Europa es el Banco Central Europeo. Estamos hablando del coeficiente legal de caja bancario o encaje bancario.

Los intermediarios financieros: la base de todo sistema financiero

La historia del pago a crédito individuos se remonta a la historia de los intercambios comerciales. Una persona le compraba una mercancía a otra con la promesa de pagarle más adelante, cuando hubiese vendido sus mercancías y, con ello, obtenido los recursos suficientes para saldar el intercambio. Sin embargo, en muchas ocasiones tal promesa no se podía hacer por dos sencillas razones: por un lado, era difícil encontrar a alguien que quisiera prestar su dinero y, por otro, no había la suficiente confianza.

Para paliar este problema, nacieron los intermediarios financieros, entidades o agentes que se encargaban de poner en contacto los intereses de individuos con superávit de fondos (es decir, los ahorradores) con los deficitarios de fondos (aquellos que necesitaban dinero para acometer una inversión). A estos intermediarios financieros los llamamos ahora bancos.

La función de un intermediario financiero es sencilla: reciben a la entrada fondos provenientes de los ahorradores, mediante algún tipo de instrumento financiero y con la promesa de restituirlo cuando el cliente así lo requiera (caso de los depósitos a la vista) o bien en un período de tiempo determinando y proporcionando un tipo de interés (caso de los depósitos a plazo o de ahorro) y lo prestan a la salida a aquellos que necesitan recursos financieros para acometer una inversión.

Este proceso conforma la base de cualquier sistema financiero desarrollado en la actualidad, y supone un triple beneficio para los agentes implicados en el proceso: los ahorradores reciben una rentabilidad por sus ahorros, los prestatarios obtienen fondos para llevar a cabo sus inversiones y los intermediarios financieros obtienen beneficios derivados de un mayor tipo de interés en los préstamos concedidos que el tipo de interés de los depósitos de ahorro.

El coeficiente de caja: guardando los recursos captados

Ningún banco guarda el dinero depositado en ellos, ya que mantener fondos inmovilizados en sus instalaciones supone una pérdida de rentabilidad y, por ello, procuran invertirlo, en la mayor parte de ocasiones mediante la concesión de créditos a familias y empresas.

Sin embargo, las entidades financieras no pueden usar todo el dinero captado para ofrecer préstamos, ya que existe una restricción cuantitativa del Banco Central, llamada coeficiente legal de caja, que indica la proporción de depósitos y otras formas de captación de recursos ajenos que las diversas entidades crediticias están obligadas a mantener en depósitos en el Banco Central.

En otras palabras, el coeficiente legal de caja es el dinero de las diferentes entidades financieras mantenido en el Banco Central en algún tipo de activo que sea directamente convertible en dinero (los billetes y monedas, por ejemplo) y, por tanto, no puede ser utilizado para las operaciones de crédito o préstamo. En Europa, este porcentaje se establece en el 1% de las partidas de pasivo determinadas legalmente.

Por ejemplo, imaginemos que una entidad financiera tiene en su balance depósitos a la vista por valor de 10.000 euros y depósitos a plazo de dos años por valor de 20.000 euros. Al ser ambos dos conceptos que forman parte de los fondos ajenos de la entidad, el banco estará obligado a guardar una parte de ellos determinada por el valor del coeficiente legal de caja. Si éste está establecido en un 2%, el banco estará obligado a depositar 600 euros (2% de 30.000) en el Banco Central, pudiendo prestar o invertir los 29.400 euros restantes.

¿Para qué sirve exactamente el coeficiente legal de caja?

El coeficiente de caja es un instrumento de política monetaria que está íntimamente ligado al concepto de oferta monetaria a través del multiplicador bancario. Permite al Banco Central de un país controlar la cantidad de liquidez existente en la economía en un momento determinado. Si el coeficiente de caja aumenta, las entidades crediticias concederán menos créditos ante la obligación de mantener un mayor volumen de reservas en el Banco Central.

Es decir, la liquidez del sistema será tanto mayor cuanto menor sea el coeficiente de caja y viceversa. Dependiendo de la fase del ciclo económico, las autoridades monetarias optarán por un mayor o menor coeficiente de caja. En épocas de recesión, disminuirán el coeficiente de caja para estimular la actividad económica, aumentando el coeficiente en casos de expansión y de amenazas inflacionistas.

El coeficiente de caja tiene una influencia crucial sobre los multiplicadores monetarios y, a través de éstos, sobre el crédito bancario, los depósitos y la oferta de dinero a través de los agregados monetarios. Cuando el Banco Central Europeo (BCE) anunció hace casi dos años la rebajar el coeficiente legal de caja desde el 2% hasta el 1%, la idea era un aumento de los multiplicadores y de los préstamos concedidos por las entidades bancarias.

En definitiva, el coeficiente de caja tiene un papel crucial en la política monetaria, teniendo una influencia directa sobre la liquidez del sistema y sobre la concesión de créditos y préstamos desde las entidades bancarias hacia las empresas.

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Imagen | Arregui Buzones y Sistemas de Seguridad

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