Pepe, ¿por qué no te vienes a Alemania?

Frente a la corriente informativa generalizada que nos dice que emigrar para trabajar en Alemania equivale poco menos que a hacer el camino de la fiebre del oro en pleno siglo XXI, existen sin embargo otras realidades que nos hacen entrever que no todo el monte es orégano en el motor de Europa y que para los empleadores alemanes no siempre es sencillo encontrar trabajadores españoles.

Una de las causas en estos casos tiene poco que ver con la parte remunerativa o de perspectivas de futuro laboral, y sí en cambio con el contrato social que los españoles están o no dispuestos a suscribir al trabajar en Alemania. Esto da origen a una curiosa paradoja que no siempre es portada de los medios.

¿Me compensa trabajar en Alemania?

Euros - Trabajar en Alemania

Recuperemos en primer lugar la noción de contrato social, para saber de qué estamos hablando en este caso. Según Dan Ariely, el contrato social es aquel que permite una alta implicación entre personas o entre una persona y una institución, y cuyo alcance trasciende los límites de lo económico para entrar en el terreno de lo social. Podríamos resumir todo este concepto en una simple pregunta: ¿Me compensa?

Esa pregunta nos la hacemos muchas veces, cuando nos toca decidir entre varias alternativas y al final de los descartes estamos entre dos opciones, que aplicadas al caso serían: emigrar y trabajar en Alemania, acaso con la idea de volver más adelante —o no, porque también dicen que cuando uno se va es para no volver—, o bien no emigrar hacia un país que, con todo, ofrece a muchos de los que van hasta allí unas perspectivas de futuro laboral sólidas. Depende de dónde pongamos el acento de lo económico o lo social, la balanza se nos puede decantar hacia un lado de la decisión o hacia otro.

En el caso concreto de los españoles que eligen no emigrar para trabajar en Alemania —pese a que este país es tan atractivo desde un punto de vista económico que ha decidido poner trabas a quienes permanezcan allí por un periodo de 6 meses sin actividad laboral—, las razones tienen que ver más con lo social. Y dentro de lo social, las razones que aparecen como prioritarias tienen que ver con cuestiones tan básicas como la cultura, la lengua o la dura climatología. Puede parecer un estereotipo, pero la realidad que se impone a quienes no quieren dejar atrás su país habla de barreras idiomáticas, de sociabilidad y de pasar frío, tanto a un nivel físico como emocional. La misma realidad que se han encontrado muchos de los que sí han hecho el viaje.

Barreras sociales contra la economía sin barreras

Trabajar en Alemania - Unión Europea

En este retrato duro y descarnado sobre lo que supone trabajar en Alemania, un emigrante habla en primera persona sobre las principales cuestiones que debería plantearse cualquiera antes de ir hasta el país centroeuropeo, y se detiene expresamente en una de las cuestiones culturales que más difícilmente sobrellevan algunos de los españoles que un día decidieron hacer las maletas:

Los pueblos no tienen centro, no hay nadie nunca en la calle, la gente ve la tele y está con su familia, no se saludan apenas y si se hablan es para hablar de lo que han visto en la tele y para decir poco a poco, es el infierno del estado del bienestar.

También se refieren tanto los emigrados como aquellos que eligen no emigrar para trabajar en Alemania a algo tan básico como el idioma; y es que el alemán se les antoja una barrera difícil de franquear. De hecho, los testimonios suelen coincidir en que el idioma que se aprenda en España apenas servirá como débil base, ya que el alemán de verdad se aprende en Alemania. Y mientras eso no sucede, quien se va hasta allí tiene por delante un panorama complicado.

La construcción de la Unión Europea, y de hecho la creación del Espacio Schengen, se basaron en buena medida en la perspectiva de una economía sin barreras que permitiera circular libremente toda persona que hubiera entrado regularmente por una frontera exterior o residiera en uno de los países miembros, con el ánimo de conseguir un mercado común donde la economía se beneficiara de los flujos migratorios, con la previsión legal de compensarlos si fuera preciso en caso de existir episodios de éxodos migratorios. Así, la idea fue unir en lo económico… y en lo social.

Sin embargo, la realidad se empeña en explicar que esa unión no siempre es tan sencilla como se mostraba sobre el papel. Frente a los recursos que pueblan la red para tener información fiable sobre cómo emigrar para trabajar en Alemania, la realidad es que todavía hay quienes se resisten a hacer las maletas y dejar atrás su país de origen por una cuestión que no se consideró cuando se derribaron las fronteras: no son tanto las económicas como las fronteras sociales, el principal escollo que queda por derribar.

‘No te vayas a Alemania’, una campaña publicitaria basada en el desencuentro cultural… y algo más

No te vayas a Alemania - trabajar en Alemania

Una campaña viral que se desarrolló en España en 2012 para una startup de Euskadi llamada Wattio captó de manera sorprendentemente fiel esa limitación social, y la llevó hasta las máximas consecuencias en un site denominado No te vayas a Alemania. En él, los argumentos que se dan para evitar la emigración y así conseguir profesionales para la startup poco tienen que ver con la economía, y mucho con tocar las emociones de las personas a quienes se dirige la acción: los jóvenes españoles que pudieran sentirse tentados de hacer las maletas. Los reclamos utilizados por los responsables de la campaña son los siguientes, puestos en boca de las personas que componen el entorno del emigrante típico de nuestros días:

  • El amigo chistoso: “Porque vas a pasar más frío que en la comunión de Valeri Karpin.”
  • La novia: “Porque no quiero que nuestra relación se base en una hora de Skype al día.”
  • Un no-ligue alemán: “Porque acabaré diciéndote que no en alguna discoteca alemana.”
  • La madre: “Porque no vas a probar chipirones o albóndigas en meses. ¡Adiós a los tuppers!”
  • El amigo futbolero: “Porque ir a Anoeta solo no sería lo mismo.”
  • El pretendiente: “Porque hace tiempo que quería decirte lo mucho que me gustas.”
  • El padre: “Porque si suspendías Inglés, ahora no vas a aprender alemán en unos meses.”
  • El amigo surfista: “Porque sólo vas a ver la playa en fotos.”
  • La novia: “Porque si te sale barriga cervecera lo dejamos. Así de claro.”
  • El amigo: “Porque una cena de cuadrilla sin ti no sería lo mismo.”
  • La madre: “Porque el disgusto que le vas a dar a tu abuela va a ser tremendo.”

Por supuesto, la lista se compone de tópicos culturales, pero extractando la esencia se percibe la paradoja del contrato social frente al contrato económico que hace que sean muchos los jóvenes de nuestro país que se resisten a hacer las maletas para trabajar en Alemania. Todo, pese a que la racionalidad aconsejaría hacer como Pepe, que ya en los años 60 corrió hacia Alemania para buscar fortuna. Hoy, con mucha más información y con mucha más preparación, la emotividad sigue siendo un argumento de peso a la hora de elegir dejar atrás o no mucho más que unas perspectivas económicas determinadas para marchar a trabajar en Alemania.

Conversación