¿Por qué es necesario que el dinero conserve su valor en el tiempo?

En la antigüedad, cuando una persona tenía una determinada necesidad, tenía que intercambiar un bien que tenía en su posesión y que no necesitaba por otro bien que satisfacía esa necesidad y que, evidentemente, era propiedad de otra persona. Éste modo de intercambio, llamado trueque, tenía el problema de la doble coincidencia de necesidades, es decir, que la otra persona necesitase algo que yo tuviese en mi posesión y que yo valoraba menos.

Para superar estas dificultades, nuestros antepasados comenzaron a utilizar bienes intermedios para efectuar las transacciones, lo que ahora se conoce como dinero. El dinero se ha convertido un elemento esencial dentro del circuito económico. Sin embargo, el dinero no deja de ser una mercancía intermedia, con la particularidad de que sirve como medio de pago. Por este motivo, el dinero, como bien intermedio, tiene que servir también como depósito de valor.

Por lo general, en nuestra vida diaria asociamos el dinero a la posesión de renta y riqueza. Tal o cual persona es muy rica porque tiene mucho dinero, y no necesariamente porque tenga muchas propiedades o patrimonio. Sin embargo, como ya explicamos en su momento, tener mucho dinero no tiene por qué ser sinónimo de tener riqueza, aunque bien es cierto que ese dinero sirve para adquirir riqueza; es decir, el dinero sirve como medio de pago.

En realidad, el dinero no es únicamente un medio de pago, aunque ésta es su característica principal. También sirve como unidad de cuenta, es decir, como elemento indicador de los precios de un determinado bien o servicio; y como depósito de valor. Estas tres características componen las funciones esenciales del dinero.

El dinero debe mantener su valor en el tiempo

Que el dinero sea depósito de valor quiere decir que el bien intermedio utilizado para efectuar intercambios debe tener unas características de durabilidad o permanencia en el tiempo que permitan el ahorro, es decir, traspasar consumo presente a consumo futuro.

Cualquier bien que no cumpla esta característica nunca podrá ser utilizado como dinero, puesto que cualquier variación en su valor o cotización haría que nuestras decisiones de consumo futuro no pudiesen ser satisfechas de manera adecuada por la incertidumbre que generaría conocer el valor futuro de ese bien y, utilizarlo, por tanto, como medio de pago.

Es más, tampoco podríamos ahorrar. La probabilidad de que el activo pierda parte de su valor es razón más que suficiente para pensar que atesorarlo o mantenerlo en nuestro poder es una pérdida de dinero, y nunca mejor dicho. Es decir, lo que a un bien le convierte en un buen dinero es la certeza de que no va haber variaciones importantes en su valor.

Por ejemplo, imaginemos que el día de mañana queremos comprar un coche. Sin embargo, a día de hoy no dispongo de todo el dinero necesario para adquirirlo. Si mi decisión fuese esperar hasta reunir toda la cantidad de dinero necesaria para comprar el coche y el dinero estuviese perdiendo valor continuamente, al final entraríamos en un bucle sin solución. Llegaríamos a un punto tal que, a pesar de haber reunido todo el dinero que en el primer momento era necesario para adquirir el coche, el valor del bien ha caído tanto que tenemos que volver a ahorrarlo de nuevo, ya que a día de hoy es necesario una cantidad mayor de dinero para comprar el coche.

Precisamente, este es el motivo principal por el cual el dinero debe conservar su valor a lo largo del tiempo. Sin embargo, existen en economía fenómenos que hacen que el dinero actual no sea todo lo conservadora del valor que sería deseable: la inflación.

La inflación: la pérdida del valor del dinero

Todos hemos aprendido que la inflación es la subida generalizada de los precios de una economía. Dándole la vuelta a la definición, la inflación se puede considerar como la pérdida de valor del medio que utilizamos a modo de pago para comprar los bienes que necesitamos. En efecto, si, en este caso, el euro se deprecia, necesitaremos más cantidad de monedas y billetes para realizar las compras, por lo que el precio de los productos aumentará.

La inflación tiene un efecto desestabilizador sobre la economía. Si, en el ejemplo anterior, el precio del coche que queremos comprar aumenta, pongamos, un 10% anual, cada año tendremos que reunir un 10% más de billetes y monedas, llegando en última instancia a no poder reunir más dinero o dejarlo por imposible.

Por esta razón es necesario que el dinero que utilizamos sea un buen depósito de valor. Nuestros antepasados comprendieron esta necesidad muy rápidamente y, de hecho, utilizaban el oro como medio de intercambio de sus productos, puesto que era un metal precioso que apenas sufría variaciones en su valor a lo largo del tiempo. No en vano, la cotización del metal dorado ha experimentado pocos cambios desde hace muchos años.

Para que las monedas que utilizamos hoy en día, llamadas monedas fiduciarias, se comporten como el oro, conservando su valor y, por tanto, se puedan utilizar como verdadero dinero, los Bancos Centrales se encargan de que la inflación no supere el 2% (o bien, que la moneda no se deprecie un 2%), puesto que la inflación está estrechamente relacionada con la cantidad de dinero en circulación.

En conclusión, cuando hablamos de dinero tenemos que hablar necesariamente de valor. Todo dinero tiene un valor y éste ha de ser más o menos estable a lo largo del tiempo. De otro modo, se producirían graves desajustes económicos no solo en nuestras decisiones de consumo, sino en las decisiones de inversión de las empresas e incluso, del Estado.

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Imagen | kris69

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