¿Por qué los jugadores de golf no cortan el césped de sus campos?

jugador_de_golf

Cualquiera que tenga un jardín sabe lo complicado que es mantenerlo en unas condiciones razonables. El césped, las plantas, los árboles y, en general, toda la flora del mismo requiere una dedicación muy grande en términos de tiempo; eso sí, tenerlo en buenas condiciones es siempre una delicia, tanto para su propietario como para la gente que visita nuestra casa.

Pues bien, cualquiera que haya visto un campo de golf en buenas condiciones ha podido comprobar cómo estos cuidados se elevan a la máxima potencia. Algunos jugadores de golf tienen, incluso, campos de golf privados que utilizan para entrenarse. Sin embargo, a diferencia de nuestro jardín, no son sus propietarios o los jugadores que van a disfrutar de ellos quienes lo cuidan. Pero, ¿por qué motivo?

Las ventajas relativas: la especialización en el trabajo

Adam Smith es considerado casi por unanimidad el padre de la teoría económica moderna. Para él, la riqueza de las naciones se basa en la profundidad de los mercados y en la división del trabajo. Sin embargo, si hacemos una lectura estricta de sus tratados nos daremos cuenta de que no supo dar una respuesta plena a la especialización en el trabajo.

Para Adam Smith, los motivos que impulsaban la división del trabajo eran las diferentes especializaciones de cada individuo. Así, un individuo se especializará en aquella labor para la que más capacitado esté; de esta manera, más valor añadido aportará a la sociedad en su conjunto. Es la llamada Teoría de la Ventaja Absoluta.

Sin embargo, esta teoría deja algunas dudas. Por ejemplo, ¿qué ocurre con aquellas personas que no pueden especializarse en ningún trabajo? Es más, ¿qué ocurre con aquellas personas que, aun pudiendo especializarse en alguna tarea, encuentran una persona que es mejor que ellas realizándola? Esto implica que existen muchos individuos que son muy buenos realizando varias tareas pero no son los mejores en nada; es decir, no se han especializado en la ejecución de ninguna tarea y, por tanto, quedarían fuera del mercado del trabajo, desempleados.

En cambio, y tal y como proponía David Ricardo con sus ventajas comparativas, puede haber individuos que se especialicen en aquellas tareas o fines en las que, aunque haya otro individuo que sea mejor que ellos, éste tiene una especialización mayor en otro campo. Pero esto lo vemos mejor con un ejemplo.

¿Por qué hay ciertas tareas que no realizamos aunque seamos los mejores?

Supongamos que el mejor jugador de Golf de todos los tiempos tiene una casa con un jardín que utiliza para practicar. Imaginemos que este jugador de golf puede dedicarse a segar el césped del jardín en 3 horas, tiempo que igualmente podría dedicar a rodar un anuncio por el que recibiría 100.000 euros.

Al mismo tiempo, su vecino puede cortar el jardín de nuestro golfista en 5 horas, tiempo que también puede dedicar a trabajar en una empresa y ganar 100 euros. Es decir, el jugador de golf tiene ventajas absolutas tanto en la práctica del golf como en el cortado del césped por lo que, atendiendo a Adam Smith, se puede especializar en ambas tareas.

Sin embargo, el coste de oportunidad de cortar el césped es de 100.000 euros para el golfista y de 100 euros para el vecino. En este sentido, su vecino tendrá una ventaja comparativa en esa actividad porque tiene un coste de oportunidad menor, debe renunciar a menos. En este caso, las ventajas derivadas del comercio son muy grandes. El jugador de golf puede contratar al vecino para que le corte el césped mientras le pague más de 100 euros y menos de 100.000 euros, y ambos saldrán ganando.

El coste de oportunidad: ¿podemos realizar todas las tareas cotidianas?

Si extrapolamos este ejemplo a cualquier actividad cotidiana nos daremos cuenta de los beneficios de la división del trabajo. Cualquier individuo tiene que realizar una serie de tareas en su vida diaria. Nos levantamos, desayunamos, nos duchamos, nos desplazamos hasta el lugar de trabajo, cenamos y nos volvemos a dormir. Pero, además, tendremos que realizar otras tareas adicionales durante la semana como la limpieza de la casa, el lavado y planchado de nuestra ropa o el cuidado y educación de nuestros hijos. Y, al margen de todo ello, a todos nos gusta tener un cierto tiempo para el ocio.

La mayoría de estas tareas son realizadas por nosotros mismos y otras pueden ser realizadas por otras personas para nosotros. Por ejemplo, podemos contratar a una asistenta para la limpieza del hogar y la preparación de las comidas, o bien podemos usar el transporte público para desplazarnos a nuestro lugar del trabajo. Al igual que ocurría con el golfista, si el coste de oportunidad de realizar una determinada tarea es superior a realizarla, delegaremos en alguien este trabajo.

Podemos ser los mejores cocineros y, sin embargo, los restaurantes siguen teniendo trabajo; podemos ser los mejores planchando la ropa pero las tintorerías siguen recibiendo ropa para lavar y planchar. Para nosotros, tiene mucha más utilidad trabajar que realizar todas esas tareas cotidianas, que nos supone una pérdida de tiempo en términos de especialización. Es precisamente la variable tiempo la que hace que la división del trabajo sea más eficiente: por muy buenos que seamos realizando todas las tareas de nuestro día a día, la economía será más eficiente si contemplamos la posibilidad de que otra persona la haga por nosotros.

Pero, es que además, si tenemos en cuenta todos los bienes que hemos utilizado, sería imposible, en términos de tiempo, que pudiésemos abarcar las tareas de su diseño y fabricación. Tenemos una casa en la que vivimos, un coche en el que nos desplazamos, un ordenador desde el que accedemos a Internet o un teléfono móvil que nos facilita la comunicación.

Conclusiones

En líneas generales, cualquier individuo se especializará en aquella labor para la que tenga mayores ventajas comparativas. La división del trabajo mejora la eficiencia del conjunto de la economía, tanto para los individuos que deciden en qué especializarse, como para un determinado país que se tiene que plantear si producir cañones o mantequilla.

En Naranja | Una elección importante: ¿producimos cañones o mantequilla?
Imagen | Fevi in Pictures

Conversación

  • Josep Camós

    Nunca dejarán de sorprenderme estas parábolas… 🙂