¿Por qué tenemos la necesidad de comprar un producto que hace cinco años no existía?

Y tú, ¿cómo te comunicabas hace diez años? ¿Cómo te la arreglabas para quedar con tus amigos si en esa época no existía WhatsApp? Y cuando no existía teléfono móvil, ¿qué hacía tu madre para contactar contigo cuando no estabas en casa? Éstas son algunas de las preguntas que nuestros hijos o gente más joven que nosotros nos hace de vez en cuando. Y la respuesta que damos suele ser casi siempre la misma: pues lo hacíamos, y ya está.

En la actualidad, no podemos vivir sin teléfono móvil, sin Internet y sin redes sociales, algo que hace cinco años no es que lo viésemos difícil, es que era una verdadera utopía. Sin embargo, no suponía ninguna necesidad especial para nosotros tenerlos. Entonces, ¿por qué tenemos la necesidad de comprar un producto que hace cinco o diez años no existía?

¿La oferta crea su propia demanda?

Las empresas son entidades que se crean normalmente para satisfacer necesidades humanas, es decir, para cubrir una demanda humana no satisfecha. Por ejemplo, existen empresas de alimentación porque las personas necesitan comer; existen tiendas de ropa porque la gente necesita vestirse y existen inmobiliarias y constructoras que tienen su razón de ser en la necesidad que tienen los seres humanos de acceder a una vivienda.

Esta afirmación contradice nuestro supuesto de partida. Hay empresas que lanzan al mercado productos para los que no existía una demanda anterior y, sin embargo un tiempo después, nadie puede vivir sin ellos. Entonces, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿La demanda crea su propia oferta (las empresas que satisfacen esa necesidad) o es la oferta la que crea su propia demanda?

En el siglo XIX, un economista francés llamado Jean Baptiste Say, enunció la ley que lleva su nombre. De acuerdo con ella, Say afirmaba que la oferta crea su propia demanda; es decir, en el momento que un producto se termina, éste ofrece un mercado por el monto total de su valor y el deseo del oferente no es otro que venderlo. Dicho de otro modo, la producción de bienes y servicios de un determinado país se pagan con los ingresos obtenidos por los ya producidos por otras personas y cuya mercancía ha sido ya vendida en ese mismo mercado o en otros.

Por ejemplo, no podremos comprar un Ferrari si no ofrecemos nada a cambio al menos del mismo valor que el coche, de tal modo que esta oferta determina el poder de compra de la demanda. Si no somos capaces de producir por, al menos, un valor similar al valor del Ferrari, no podremos adquirir este producto.

De acuerdo a Say, por tanto, cualquier aumento de la producción de bienes será absorbida por la demanda. Así, por ejemplo, si ofrezco hamburguesas, aunque no se hayan consumido antes, habrá personas dispuestas a demandarlas. Tanto es así que cualquier aumento de la producción se traducirá en un aumento proporcional de la demanda. Esta es la razón por la que, según Say, demandamos productos que no han tenido antes demanda.

¿Qué ocurre con el dinero?

Para Say, la demanda de mercancías, como los alimentos, los coches o las calculadoras se pagan con otras mercancías. El dinero es solo el medio de intercambio generalmente empleado, jugando tan solo el papel de intermediario. En última instancia, lo que las personas utilizan para comprar bienes y servicios es su contribución a la producción de otros productos y servicios, que se canaliza como ingresos a través de su salario.

Dicho de otra forma, el dinero no es otra cosa que el medio de intercambio que aceptan de forma general todos los comerciantes por vender su mercancía, pero no constituye un fin en sí mismo ni un objeto que tenga valor intrínseco por el mero hecho de tenerlo.

Es decir, el dinero no es una forma de riqueza y, por este motivo, las personas tienden a deshacerse de él comprando otros productos para no tenerlo en sus manos de forma improductiva.

Keynes y su predilección por la demanda

Sin embargo, con el crack del 29 y la aparición de nuevos modelos y teorías macroeconómicas, el foco de la economía se comenzó  a poner en la demanda de bienes y servicios y no tanto en la oferta. Los consumidores no adquirían todos los productos y servicios que se producían sino que, muy al contrario, la producción dependía de la demanda de los mismos.

De esta forma se puede explicar que, por ejemplo, no existan todavía zapatillas con ventiladores incorporados, ya que no existen personas que estén dispuestas a gastar ni un solo euro en ellas. Del mismo modo, las carnicerías no ofrecen carne de rata porque, al menos a día de hoy, ninguna persona lo compraría y los carniceros tendrían que comerse (y nunca mejor dicho) su sobreproducción.

En definitiva, el debate entre qué fue primero, la oferta o la demanda, es una de las bases para explicar el funcionamiento de la economía. Las diferentes interpretaciones de esta ley económica sirve de base para explicar las distintas teorías económicas.

Imagen | Jeshoots

En Naranja | La economía en las aulas: oferta y demanda a pequeña escala

Conversación

  • minue

    Muy interesante. Sin duda sin oferta no existiría demanda de un producto, pero al mismo tiempo si no hay demanda, la oferta desaparece. En realidad el objetivo de todo negocio, además de satisfacer la demanda existente, es encontrar una demanda inactiva y despertarla con su oferta.

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