Siete productos financieros en los que invertir tu dinero

El ahorro de los hogares puede ser visto desde dos perspectivas diferentes: por un lado, desde el punto de vista de aquellas personas que necesitan contener su gasto mensual para no pasar apuros al llegar a fin de mes y, por otro, desde la perspectiva de la persona que quiere colocar estos recursos en productos que les proporcione una determinada rentabilidad.

Desde este segundo punto de vista, el ahorrador debe decidir qué producto de inversión se adapta mejor a sus necesidades, en función de la rentabilidad que espera y del riesgo que está dispuesto a asumir. Se suele decir que para gustos colores, y para diferentes perfiles, diferentes productos de inversión.

La primera división que se realiza sobre los productos financieros es entre renta fija y renta variable. Los productos de renta fija son aquellos cuyo rendimiento es igual (o prácticamente igual) a lo largo de toda la inversión. Por ejemplo, un bono a diez años de España es un producto de renta fija porque garantiza al inversor un interés de, pongamos, el 5% de su inversión de forma anual, pero no más (pero tampoco menos). Este tipo de productos están pensados para aquellos inversores que no quieran asumir grandes riesgos, a cambio de aceptar una remuneración menor.

Los productos de renta variable, en cambio, son aquellos cuyo rendimiento no está fijado de antemano, pudiendo variar a lo largo de toda la inversión. En las acciones de una determinada compañía, por ejemplo, su cotización fluctúa y no podemos anticipar el valor que tendrá la misma en el momento de la venta ni los dividendos que repartirá. Son ideales para aquellos inversores que buscan rendimientos elevados asumiendo además un mayor riesgo.

Esta clasificación es la habitual, pero dentro de ella existen multitud de productos financieros en los que cualquiera de nosotros podemos colocar nuestros ahorros.

Productos de renta fija

Títulos de deuda pública

Los títulos de deuda pública, representados en letras, bonos y obligaciones del Tesoro, es el producto de renta fija más conocido y con mayor volumen de inversión. Los Estados emiten este tipo de deuda para financiar su gasto y los inversores lo compran a cambio de recibir una remuneración fija todos los años.

Normalmente, este rendimiento se determina en función del plazo del vencimiento de los títulos, que puede abarcar un período tan amplio desde los seis meses de las Letras del Tesoro hasta los treinta años de las Obligaciones. Evidentemente, el inversor pedirá un interés mayor por su inversión conforme el plazo de vencimiento sea mayor.

Renta fija privada

Son la deudas de las empresas, cuyos títulos se representan, normalmente en pagarés, bonos y obligaciones. Estos títulos se suelen emitir al descuento; es decir, los inversores colocan un capital menor al importe del título y, al vencimiento, reciben la cuantía que aparezca en el mismo, también llamado nominal de la inversión.

En este caso, los inversores son acreedores de la empresa y esperan recibir una remuneración  fija todos los años por prestarle su dinero a una empresa.

Depósitos Bancarios y Cuentas Remuneradas

Este producto es, posiblemente, el más conocido por el público en general. Los depósitos bancarios constituyen las deudas de los bancos y los recursos que utilizan para otorgar créditos y préstamos como las hipotecas. A cambio, los inversores reciben una remuneración por dejar su dinero parado por un tiempo.

En algunas cuentas remuneradas, como la Cuenta NARANJA, es posible disponer de nuestros ahorros en cualquier momento, y el resto nos seguirá proporcionando un determinado rendimiento.

Renta variable

Acciones de empresa

A diferencia de los títulos de deuda privada, con las acciones seremos propietarios de una empresa. Esto significa que el rendimiento de nuestra inversión irá ligado a la evolución de la empresa y, por tanto, de la cotización de sus acciones. Por este motivo, se trata de títulos de renta variable al no poder estimar de antemano cuál será el rendimiento obtenido.

Dividendos

En algunas ocasiones, las empresas reparten su beneficio entre sus accionistas en forma de dividendos. Los dividendos se reparten en función de la evolución de los beneficios de la compañía y de su política de distribución. En este sentido, si la empresa tiene por política repartir el 10% de su beneficio, repartirá 100 euros si su beneficio es de 1.000 y 200 euros si su beneficio es de 2.000 entre todos sus accionistas, lo cual no quiere decir que vayan a repartir este beneficio todos los años y, por este motivo, se trata de renta variable.

Existen muchas compañías, además, que reparten un dividendo fijo todos los años. En este caso, podríamos hablar de un producto de renta fija aunque asociado a un producto de renta variable, como son las acciones, puesto que sin las compras de éstas no podremos obtener los dividendos.

Fondos de inversión

Los fondos de inversión son productos financieros formado por una cantidad más o menos grande de inversores que invierten en todo tipo de productos financieros. En este sentido, podríamos hablar de fondos de inversión de renta fija, de renta variable o mixtos, en función de si invierten en productos de renta fija, renta variable o una combinación de ambos.

El rendimiento de estos productos guarda relación con el rendimiento ponderado (es decir, en función del número de la evolución de los títulos comprados por el gestor del fondo de inversión) de los productos en los que se invierte.

Planes de pensiones

Los planes de pensiones funcionan de la misma forma que los fondos de inversión, con la diferencia de que, en aquellos, no se puede retirar el dinero hasta el momento de la jubilación o de otras contigencias previstas, como puede ser una invalidez permanente.

Renta fija o variable ¿Qué me conviene?

Como en cualquier decisión que tomemos, no existe ningún producto de inversión que sea la panacea. Todo depende de nuestros ahorros, del rendimiento que esperemos, del plazo y de nuestra tolerancia al riesgo. Cada inversor tendrá que ponderar estas variables para escoger el producto que mejor se adapta a sus necesidades.

En todo caso, productos financieros hay muchos y, si no lo encontramos, es posible que pronto aparezca uno que cumpla con nuestras expectativas.

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