¿Qué diferencia hay entre las exenciones y las deducciones fiscales?

Si eres de los que año tras año tiene que completar tu declaración de la renta, estarás habituado a tratar con conceptos fiscales técnicos que en la mayoría de ocasiones no entiendes y, en otras, confundes. Si, además de tu declaración, has tenido que realizar liquidaciones de impuestos a Hacienda en tu empresa o como autónomo, habrás tenido que dar un paso más allá y seguramente ya seas todo un experto en conceptos fiscales.

Sea como fuere, el lenguaje fiscal es susceptible de dar lugar a equívocos con los conceptos utilizados. Por ejemplo, es habitual que los contribuyentes confundan o utilicen de manera indistinta el concepto de exención y deducción fiscal para referirse a lo mismo cuando, en realidad, tienen significados muy diferentes. 

¿Está un hecho imponible sujeto a tributación?

Antes de explicar la diferencia entre estos dos conceptos fiscales, quizá deberíamos aprender un poco de lenguaje tributario básico. De entrada, cuando decimos que un hecho imponible está sujeto a tributación, estamos refiriéndonos a una operación por la cual tendremos que pagar a Hacienda a través de un determinado impuesto.

Por ejemplo, una compra de un coche por parte de un particular a un concesionario (que sería el hecho imponible) está sujeta a tributación por IVA, ya que es el impuesto que grava el consumo. Sin embargo, si la compra se realizase entre dos particulares en lugar de entre una empresa y un particular, esta operación no estaría sujeta a tributación del IVA, sino del Impuesto Sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, otro impuesto diferente con otras características.

Las exenciones fiscales tampoco tributan

Cuando un determinado hecho imponible está exento de tributación, tampoco se tiene la obligación de pagar a Hacienda, pero se diferencia con el concepto de no sujeción en que, a pesar de que sí sería de aplicación el pago del impuesto, la Ley exime de su pago al contribuyente.

En el IRPF existen varias exenciones entre las cuales se encuentran, por ejemplo, las pensiones por inutilidad e invalidez permanente. Al tratarse de rentas que reciben sujetos que cumplen unas determinadas condiciones (en este caso, los trabajadores que por haber sufrido un accidente o padecido una enfermedad, se ven incapacitados para trabajar), la Ley de IRPF establece una disposición para que no exista la obligatoriedad de tributar por ellas, por lo que aquellas personas que lo reciban no tendrán que pagar a Hacienda.

Las deducciones fiscales reducen lo que pagamos a Hacienda

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A diferencia de las exenciones, las deducciones fiscales se refieren a hechos que la ley establece y que reducen la cantidad que el contribuyente tendrá que pagar a Hacienda. Normalmente, tiene dos fines fundamentales:

  • Por un lado, que los gastos necesarios para obtener unos determinados ingresos no se tengan en cuenta a la hora de computar la base sobre la que el contribuyente tendrá que tributar, como por ejemplo los gastos en los que un autónomo tiene que incurrir para desarrollar su actividad principal.
  • Por otro, incentivar ciertas acciones por parte del contribuyente que el Estado quiere impulsar, como las deducciones en las aportaciones a los planes de pensiones.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre una y otra?

La diferencia es, por tanto, evidente y nítida. En el caso de las exenciones fiscales, se trata de no pagar nada por un determinado hecho imponible, a pesar de que en condiciones normales debería estar sujeto a tributación, mientras que en el caso de las deducciones, es solo una parte establecida por Ley la que no tributa.

No obstante, tanto las deducciones como las exenciones fiscales pueden cambiar en función de la legislación vigente en cada momento. Normalmente, las exenciones fiscales se mantienen en el tiempo con independencia de quién legisle; en cambio, las deducciones fiscales se modifican para adaptarse a los tiempos y a las necesidades de la sociedad.

En cualquier caso, son conceptos fiscales que tienen características y matices diferentes. Así que, si quieres hablar con propiedad y, sobre todo, si quieres saber cuándo emplear uno y otro en la práctica, lo más conveniente es tener claro la diferencia y saber a qué tenemos derecho cuando, por ejemplo, presentemos la declaración de la renta.

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