¿Qué ocurre si voy al mercado y las patatas cuestan la mitad de lo esperado?

Imagina que vas al mercado a comprar un kilo de patatas y te encuentras con que están de oferta con un descuento del 50%. Sin duda te llevas una alegría porque te has ahorrado la mitad de su precio, y te vas a casa tan contento con la sensación de haber hecho una buena compra.

En esta ocasión no vamos a hablar de qué ocurre cuando bajan los precios a nivel de país, sino de lo que le ocurre a un consumidor cuando paga menos de lo que tenía previsto (o más) y, por lo tanto, el productor recibe menos de lo que tenía previsto (o más). Se trata de los excedentes del productor y del consumidor, respectivamente, o de cómo influyen los precios sobre nuestro bienestar particular.

La ley de la oferta y la demanda: ¿cuál es el precio de equilibrio?

En realidad, este concepto económico se basa en la ley de la oferta de la demanda. Los precios se van ajustando en función de las preferencias de los consumidores y de las necesidades de los productores. Los primeros demandan precios más bajos mientras que los segundos producirán para obtener el mayor precio.

Como los intereses de unos y otros son contrapuestos, se producirá un proceso de ajuste hasta que se fije un precio que satisfaga a ambas partes. Este precio es conocido como el precio de equilibrio, y representa la cantidad máxima que pagaría un consumidor y la cantidad mínima que aceptaría un productor.

Cuando el precio del producto es superior al de equilibrio, los productores saldrán ganando, puesto que recibirán un beneficio adicional por el producto y, del mismo modo, cuando es inferior, los consumidores ganarán, ya que el producto es más barato de lo que ellos esperaban. Este beneficio se conoce como excedente del productor y del consumidor, respectivamente.

Cuanto menor es el precio, mayor es nuestro bienestar

La mayoría de las veces que compramos un producto en rebajas pensamos que hemos hecho un buen negocio, y salimos bastante contentos con nuestra adquisición. Dicho de otro modo, hemos obtenido un beneficio de la compra, aunque no sea un beneficio en forma de dinero, sino más bien en forma de satisfacción o bienestar. En otras palabras, la cantidad de dinero en que los consumidores valoran un bien o servicio por encima de su precio de compra.

En realidad, el excedente del consumidor tiene que ver con la utilidad marginal decreciente. Si compramos una pizza con mucha hambre, valoraremos la primera porción a un precio mucho más elevado, pongamos 10 euros. Conforme vayamos saciando nuestra hambre, valoraremos cada vez menos la pizza hasta que el último ya no nos proporcione ninguna utilidad, en cuyo caso el valor será cero. La penúltima de estas pizzas es su utilidad marginal o el valor que el consumidor le da a la misma. Pongamos que valora la sexta porción a un precio de cinco euros.

Por ejemplo, imagina un día en el que estando con tus amigos, de repente os entra a todos mucha hambre.  Acudís a la trattoría y pedís una pizza para cada uno a un precio de diez euros. Como esta primera pizza la valoramos en diez euros, puesto que es el producto que nos ayuda a saciar nuestra hambre, no habrá diferencia entre lo que pagamos y el precio por el que estamos dispuesto a comprarla, que son diez euros. Por lo tanto, el excedente del consumidor será de cero euros.

Ahora bien, si el restaurante hubiese fijado un precio para su producto de cinco euros, habríamos hecho un buen negocio, ya que el excedente habría sido en este caso de cinco euros. Lo mismo ocurre si nos quedamos con algo de hambre y pedimos una segunda ronda: si la segunda pizza, que nosotros valoramos a nueve euros, tiene un precio de cinco, nos habremos ahorrado cuatro euros, que será el valor del excedente, y así sucesivamente.

Con la última pizza que valoramos a un precio de cinco euros, el excedente del consumidor será ya de cero euros. Sin embargo, después de haber consumido seis pizzas, tendremos la sensación de haber hecho un buen negocio, puesto que el excedente será en este caso de 15 euros, que será la diferencia entre el total de lo que estábamos dispuesto a pagar por las seis pizzas (10+9+8+7+6+5 = 45) y lo que realmente hemos pagado (seis pizzas a un precio de cinco euros cada una = 30 euros).

¿Y si no encuentro patatas más baratas?

En el caso de que el producto sea más caro de lo que en realidad estamos dispuestos a pagar, los consumidores no obtendremos ningún excedente o satisfacción, sino todo lo contrario: la satisfacción pasa a ser del productor que vende a un precio más elevado al que estaría dispuesto a colocar su mercancía.

La idea del excedente es, por tanto, similar al concepto de bienestar. Cuanto mayor sea la diferencia entre el precio de equilibrio y el precio al que se vende un producto, mayor será este excedente. Es decir, si las patatas de nuestro ejemplo son más caras de lo que estamos dispuestos a pagar, nuestra satisfacción será menor y compraremos menos patatas o buscaremos una alternativa en el supermercado.

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