¿Sabes por qué están tan bajos los tipos de interés?

En los últimos meses habrás notado una realidad agridulce al mirar tu extracto bancario. Por un lado, al revisar tu hipoteca, te habrás dado cuenta de que el interés que tienes que pagar ha sido cada vez menor. Por el otro, también habrás visto que tu cuenta remunerada o depósito te ofrecen menor rentabilidad. Ambas cuestiones tienen una misma explicación.

A lo largo de los últimos cinco años, los tipos de interés, en general, y del euríbor, en particular, han sido cada vez más bajos. ¿Por qué sucede esto? ¿No se supone que el banco debería estar interesado en ganar más con mi hipoteca? ¿Por qué me baja entonces la cuota mensual? En realidad, la bajada de los tipos de interés no responde a un capricho del banco, sino que está relacionada con la evolución de la economía y de las decisiones de los bancos centrales.

El papel del Banco Central Europeo

La función del Banco Central Europeo (BCE) es ser el banco de los bancos o, dicho de otro modo, permite a las entidades pedir prestado dinero o abrir un depósito para guardar su capital, como si se tratase de un ciudadano corriente o una empresa. Además, regula la economía para que el nivel de precios sea estable.

En los últimos años, nos hemos acostumbrado a ver al presidente del BCE, Mario Draghi, bajar los tipos de interés. Dicho de otro modo, el Banco Central Europeo reduce el precio del dinero que presta al resto de bancos. Como en cualquier otro bien o servicio del mercado, el precio determina la demanda. Cuanto menor sea el tipo de interés, más fácil será obtener dinero y su demanda, por tanto, será mayor. Así, su objetivo es que los bancos rebajen el precio del dinero que prestan a sus clientes y que se concedan más créditos, se reactive la inversión y, con ella, el consumo y la economía.

Aquí no acaba la cosa. Los bancos también han reducido el tipo de interés al que se prestan dinero entre ellos, lo que se conoce como mercado interbancario. La consecuencia más evidente ha sido la reducción del euríbor, ya que este indicador se determina en función del coste de los préstamos que los bancos se hacen entre sí.

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¿Qué pasa con mi cuenta o mi depósito?

La bajada de rentabilidad de las cuentas y depósitos se explica por varios motivos. Por un lado, ahora los bancos pueden acceder a la liquidez del BCE a tipos de interés mínimos. Como conseguir capital por esta vía es asequible, no es necesario captar más recursos a través del público en general ofreciendo depósitos, por lo que el interés que dan estos productos es menor (pura oferta y demanda).

Por otra parte, también ha cambiado la percepción del riesgo. Hace unos años Europa parecía estar al borde del colapso y la prima de riesgo española (la rentabilidad adicional que pide un inversor por comprar un bono español respecto a uno alemán, teóricamente más seguro) estaba desbocada. Hoy la recuperación económica es palpable y el riesgo se ha normalizado.

¿Qué quiere decir esto? Que los productos con un riesgo más moderado, como una cuenta o un depósito, ofrecen también una rentabilidad más moderada (no es lo mismo navegar por un estanque que por un río bravo). Una alternativa para aquellas personas que quieran obtener más por sus ahorros son los fondos de inversión.

La previsión es que esta tendencia se mantenga, ya que el propio BCE penaliza el ahorro de los bancos haciendo que sus depósitos tengan un tipo de interés negativo. Así, si un banco quiere guardar su dinero en el BCE debe pagar por ello. Esto hace que las entidades sean más proclives a conceder préstamos que a captar excedentes de dinero a través de los depósitos.

Tú eliges: ¿más seguridad o más rentabilidad?

En el escenario actual, es esencial entender que no hay rentabilidad sin asumir algo de riesgo. Los depósitos al 3% y 4% de hace unos años respondían a una situación atípica, propia de un sistema económico alterado. Estos productos están entre los más seguros que se pueden encontrar, por lo que parece lógico que otros productos, que también son fiables pero conviven con los vaivenes de los mercados, ofrezcan a quienes los contratan más rentabilidad. En cualquier caso, hay alternativas y se adaptan a cada ahorrador.

Una de ellas son los fondos de inversión. Los hay de muchos tipos, en función de las características y preferencias de cada persona, y, en contra de lo que muchos piensan, no son complejos ni están reservados sólo a entendidos en la materia. ¿Son peores que las cuentas o los depósitos? Pues no. Sencillamente, son distintos y, a largo plazo, es cuando mejores resultados suelen ofrecer.

Imagen | Vicente CamarasaMichaelM, Images_of_Money

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