¿Somos capaces de cooperar con nuestro enemigo? El dilema del prisionero

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Es bastante probable que no sepas quién fue John Forbes Nash. Sin embargo, si te digo que fue el personaje principal de la película “Una mente maravillosa”, protagonizada por Rusell Crowe y ganadora de cuatro Oscars, es posible que ya te empieces a situar. Esta película narraba la vida de uno de los economistas más notables que ha tenido la historia.

Y es que John Nash, que se caracterizaba por padecer esquizofrenia paranoica y de tener pocas condiciones para relacionarse por los demás, recibió el premio Nobel de economía en 1994 por sus aportaciones a la resolución de una de las teorías económicas más complejas que existen: la teoría de juegos, y más concretamente, el dilema del prisionero.

El dilema del prisionero: ¿cooperar o traicionar?

El dilema del prisionero es uno de los problemas fundamentales y principales de la teoría de juegos, que demuestra que dos personas con intereses comunes pueden no llegar a cooperar incluso si esto va en beneficio de ambas. El enunciado de este problema es el siguiente:

La policía arrestra a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos, por lo que se decide separarlos y darles el mismo trato, intentando que ambos confiesen para conocer la verdad.

La pena que tendrá que cumplir cada uno dependerá de si cada uno de los sospechosos está dispuesto a cooperar o si decide traicionar al otro. Las penas a cumplir serán las siguientes:

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Cada uno de los sospechosos tienen dos opciones: cooperar con su cómplice y permanecer callado, o bien confesar y por tanto traicionar a su cómplice. En primer lugar, vamos a suponer que los dos sospechosos son completamente egoístas y su único objetivo es reducir su propia estancia en la cárcel. El resultado de su elección dependerá de la elección del otro sospechoso; el problema es que ninguno de ellos conoce la decisión del otro.

En ambos casos, confesar es la estrategia dominante. Sea cual sea su elección, podrá siempre reducir su pena si confiesa, por lo que la elección regular será la de confesar. Por desgracia, confesar significa cumplir una condena de seis años cada uno y, sin embargo, si ambos cooperaran podrían salir en tan solo un año.

Pero ninguno de los dos va a querer arriesgarse a recibir una condena más dura y por eso deciden en función de sus propios intereses; hay que tener en cuenta que ambos sospechosos son egoístas, y que esta forma de elección, reducirá la pena independientemente de la elección del otro sospechoso, aunque la pena no sea la decisión que maximiza el beneficio. La decisión óptima en este caso sería que ambos sospechosos lo negaran, ya que la pena total sería tan solo de dos años, mucho menor que los seis que recibiría cada uno de los dos sospechosos si ambos confiesan.

Pero ¿en qué pueden basar los sospechosos sus decisiones de cooperación? Al no conocer la decisión del otro, ambos jugadores tendrán que basarse en el conocimiento que tengan de decisiones similares pasadas, o de la confianza que tenga de que el otro jugador haga lo mismo que él. En una versión mejorada del juego, las decisiones se repiten varias veces, por lo que los jugadores tienen un histórico de decisiones en las que pueden basar su decisión.

¿Cómo se aplica el dilema del prisionero a la actividad económica?

El dilema del prisionero es perfectamente aplicable en la actividad económica y empresarial diaria. La cooperación entre empresas se ha convertido en uno de los interrogantes que a todo directivo se le plantean al llevar a cabo la dirección estratégica de la compañía. ¿Es beneficioso para ambas compañías el cooperar en un mercado competitivo?

Imaginemos dos empresas que compiten en el mismo sector, un sector altamente competitivo en el que es muy complicado mejorar la posición competitiva en el mismo. En un momento determinado, se le plantea a dos empresas la posibilidad de poder cooperar para mejorar la posición de ambas. La cooperación de ambas empresas puede ser beneficiosa para ambas, cuyas ventajas podrían ser:

  • Cada una de ellas puede aprovechar las ventajas comparativas de la otra, aumentando sus capacidades y competencias.
  • Ambas pueden aprovechar las economías de escala, es decir, reducir el coste unitario de cada producto a medida que aumenta la producción.
  • Ambas ganarán terreno con respecto a la competencia.

El objetivo final es que se produzcan sinergias entre ambas empresas, es decir, que el efecto producido por la combinación de los negocios de ambas sea superior a la acción individual de cada una de ellas. El beneficio se maximizará si las dos empresas son honestas y realmente cooperan, pero si una de las dos traiciona a la otra para buscar su propio beneficio, ocurrirá exactamente lo contrario.

En realidad, ni tan siquiera cooperando se logrará el máximo beneficio individual. Los ingresos de esta cooperación habrá que compartirlos entre los competidores que cooperen, además de reducir la autonomía empresarial, al menos en todo lo relacionado con el objetivo de la cooperación. En todo caso, lo más probable que en sectores altamente competitivos, la acción coordinada de ambas empresas redunde en el beneficio de ambas.

Este es solo un ejemplo de la aplicación del dilema del prisionero, pero seguro que se te ocurren muchas más aplicaciones de situaciones en la que la cooperación mejore la situación de ambos, no solo a nivel empresarial si no también en cualquier actividad de nuestro día a día.

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Imagen | Jorge Felipe González

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  • Kyra

    Muy interesante el post. En ‘Veronica Mars’, una serie (ya sabéis que lo mio es lo televisivo, jeje) hicieron un capítulo sobre esto mismo. Además, hace tiempo vi un vídeo muy curioso de algo similar en un concurso de televisión: http://www.youtube.com/watch?v=S0qjK3TWZE8

    Os lo recomiendo porque es una estrategia de 10 ;)

  • alegreytriste

    Muy buen ejemplo, ma ha parecido muy interesante.