Una elección importante: ¿producimos cañones o mantequilla?

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Leyendo el título del artículo de hoy y reflexionando para mi mismo, me resultaría muy difícil pensar en una empresa que se encontrase ante la disyuntiva de producir entre dos productos que son tan diferentes entre sí como la mantequilla y los cañones.

Sin embargo, la relación entre ambos productos normalmente sirve de apoyo a profesores y docentes que, normalmente de una forma ágil y amena, tratan de explicar algunas de las teorías macroeconómicas que existen. En concreto, esta parábola sirve para explicar las ventajas comparativas y el coste de oportunidad.

Las ventajas comparativas. Especializarse y comerciar

Un país podría producir todos los productos y los servicios que una sociedad necesita si cuenta con los medios y materias primas adecuadas para ello. Si se hiciera de esta manera, los países perderían una gran oportunidad de especializarse en la producción de aquellos bienes para los que están realmente más capacitados, con el empeoramiento de calidad y aumento de precio que esto supondría para sus ciudadanos.

Las ventajas comparativas fueron desarrolladas por primera vez por el economista David Ricardo durante la Revolución Industrial en el S.XIX, y se basan en la conveniencia de especializarse en la producción de aquellos bienes que los trabajadores de un país pueden producir de manera más económica e importar el resto de productos que la sociedad necesita con otro país que esté más especializado en la producción del otro u otros productos. Las ventajas comparativas dicen que un país debería especializarse en aquellos bienes que produzca mejor que el resto de países, y son la base que explica las teorías fundamentales del comercio internacional.

A nivel de hogar, la analogía es muy sencilla. Tú puedes ser el mejor fontanero, ya que llevas mucho tiempo especializado en este sector, y ser “solo” bueno a la hora de arreglar un enchufe. Pero seguro que hay otra persona que es mucho mejor que tú arreglando un enchufe y, sin embargo, aun siendo buen fontanero no te llega ni a la suela de los zapatos. Si aprovecháis el conocimiento, la experiencia y especialización del otro en el otro ámbito, ambos obtendréis beneficios.

Pero incluso el fontanero puede ser mejor arreglando enchufes que el electricista. En este caso, también será beneficioso para el fontanero contratar al electricista, ya que le es más rentable el tiempo que trabaja de fontanero que el mismo tiempo que podría trabajar de electricista, porque está más especializado en ese campo. En palabras técnicas, el coste de oportunidad de arreglar un enchufe sería la pérdida de rentabilidad por no haber ejercido el trabajo de fontanero.

¿Cañones o mantequilla? Dudando acerca de qué producir

Paul Samuelson recibió el premio Nobel de economía en 1970. Este economista bien podría haber haberse dedicado a explicar Economía para Dummies, ya que la explicación de sus teorías, al contrario que numerosos estudiosos e investigadores de la materia, era sencillamente brillante. Hacía que sus escritos pudiesen ser seguidos de manera ágil, aportando además un punto de humor que ayudaría a la población a un mejor entendimiento del mundo económico.

Samuelson nos contaba en su afortunada y ya difundida parábola, como un país que solo puede producir dos bienes, cañones o mantequilla,se enfrentan a la decisión de cuántas unidades de cada uno de ellos pueden producir con los recursos que tiene en un momento determinado. Podrían dedicarse únicamente a la fabricación de cañones, únicamente a la fabricación de mantequilla, o bien hacer una combinación de los dos. Si recordáis de anteriores posts, esto es lo que habíamos llamado coste de oportunidad.

En este sentido, un país elegirá la producción de aquellos bienes para los que obtenga una mayor ventaja comparativa. Si un país considera que puede especializarse en la producción de mantequilla, será lo que realmente producirá y comprará cañones a sus vecinos. Sin embargo, esta elección no es tan sencilla. Samuelson no eligió estos bienes de forma arbitraria, si no que sabía perfectamente por qué los elegía.

Y es que uno de los bienes se refiere a la producción para fines militares y el otro a la producción para usos civiles, y puede que nos hagamos una idea pervertida de la realidad: un país que produzca cañones puede apoderarse de la mantequilla de sus vecinos sin tener que renunciar a nada. Al mismo tiempo tendrá el control sobre los aparatos armamentísticos del vecino si deciden comercializar con ellos.

Pero no sería esta la idea que quería dar a entender Samuelson. Al final la idea de esta parábola es que un estado tiene que pensar en producir aquel producto para el que esté más especializado y que le pueda reportar mayores beneficios, tanto económicos como quizá de bienestar para la población y dejar que sean otros países los que produzcan el resto de bienes. De esta manera no solo lograrán una mayor especialización, si no que los beneficios para cada uno de ellos serán bastante notables.

De esta manera Samuelson mató dos pájaros de un tiro. Mediante una simple parábola explicó de forma rápida y con un toque divertido dos teorías con mucha repercusión en el mundo económico y empresarial: las ventajas comparativas y el coste de oportunidad.

En Naranja | La importancia de saber elegir: el coste de oportunidad
Imagen | bruno-free

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