Y tú ¿todavía sigues utilizando el ábaco? Quizás una calculadora te ayude a ser más productivo

El ábaco es un instrumento que sirve para efectuar operaciones aritméticas sencillas, muy utilizado desde la antigua Mesopotamia debido a la sencillez en su manejo. Se trata de la primera calculadora utilizada por el hombre, a pesar de que su forma física poco tenga que ver con lo que en la actualidad conocemos como calculadora, puesto que, evidentemente, no tiene pantalla y su cálculo no es tan automático como el que realizan los actuales dispositivos de cálculo.

En la actualidad, el uso del ábaco es prácticamente inexistente, salvo quizá algunos centros educativos que todavía lo utilizan con el objetivo de enseñar operaciones aritméticas sencillas a sus alumnos. El ábaco ha caído en desuso debido a la aparición de nuevos dispositivos que facilitaban la labor de ciertos cálculos y posibilitaban operaciones matemáticas más complejas. Las calculadoras y los ordenadores han mejorado no solo han perfeccionado los métodos matemáticos, sino que han aumentado la productividad de las empresas.

La productividad de los factores, ¿cuánto podemos producir con los recursos dados?

En todo proceso de producción intervienen dos factores fundamentales: capital y trabajo. Por ejemplo, para producir una botella de agua es necesario combinar las máquinas que intervienen en su fabricación con el desempeño de los trabajadores, que transforman las materias primas a través del proceso de producción, obteniendo una cantidad determinada de productos terminados, que será diferente en función del número de empleados, máquinas o recursos que se empleen.

A la cantidad de productos obtenido por factor de producción utilizado se le llama productividad. Si, por ejemplo, tenemos contratados en nuestra empresa a 100 trabajadores y se obtienen 10.000 botellas de agua diarias en el proceso de producción, la productividad del factor trabajo diaria será de 100 botellas de agua por trabajador. Del mismo modo, si se utilizan 10 máquinas para realizar la misma producción, la productividad del factor capital será de 1.000 botellas de agua diarias por máquina utilizada.

La productividad constituye, por tanto, un indicador de eficiencia económica. Indica cuál es el desempeño de cada factor utilizado y cuál debe ser la combinación de ambos para obtener la máxima producción posible al mínimo coste. Es decir, la productividad busca obtener la combinación óptima de capital y trabajo para obtener un número determinado de unidades producidas, en este caso de botellas de agua.

La productividad no es un indicador estático, sino que cambia en función del número de factores utilizados. Si con la incorporación de una nueva máquina se lograse obtener, por ejemplo, 12.100 botellas de agua, la productividad del factor capital habría aumentado a 1100 botellas de agua por máquina, quedando inalterada la productividad del factor trabajo.

Podríamos pensar que cuantas más máquinas y empleados utilicemos, mayor será la producción y por tanto su productividad. Sin embargo, a partir de un cierto número de máquinas o trabajadores, la producción comienza a disminuir debido a lo que se conoce como ley de los rendimientos marginales decrecientes, o lo que es lo mismo, la imposibilidad de plantar todo el trigo del mundo en una sola maceta.

La evolución de la productividad, el elemento clave que estudian los economistas

En realidad, lo que interesa a la mayor parte de los economistas es conocer cómo evoluciona la productividad de los factores a lo largo del tiempo. No en vano, la productividad es una variable central en  el crecimiento económico y en el logro de un mayor bienestar para la ciudadanía. De la evolución de la productividad depende la cantidad de productos y servicios que se pongan en el mercado.

Así, cuando la productividad aumenta, para una misma cantidad de capital y trabajo, el número de horas necesarias para la obtención de una misma cantidad de producto disminuye, lo que en última instancia permite una reducción de la jornada de trabajo. A cambio, también se argumenta que el aumento de productividad provocará aumentos en el desempleo, puesto que es necesario una menor cantidad de recursos humanos para la producción del mismo nivel de producción.

Las causas del aumento de la productividad son consecuencia del desarrollo de la tecnología, del aumento del denominado capital físico y la mejora del capital humano: mecanización, industrialización, implantación de tecnologías de la información y la comunicación, etc, además del aumento de la formación profesional y la mejora del sistema de gestión de la calidad.

Además, las condiciones mismas del puesto de trabajo o las circunstancias concretas de cada momento pueden afectar a la productividad de los empleados. No en vano, el 67,6% de los trabajadores piensa que durante la celebración del mundial de fútbol la productividad de los empleados se reducirá de manera considerable.

En definitiva, la evolución de la productividad tiene que ver con factores muy estrechamente relacionados con las propias condiciones laborales, tanto del capital como del trabajo, y de todo lo que puede afectar a la propia relación entre ellos.

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