Cuando una idea acaba creando una exitosa app: la historia del matrimonio Flexer

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Las aplicaciones móviles se han convertido en toda una fiebre para los usuarios de estos dispositivos. Un negocio que es capaz de generar puestos de trabajo (el 88% de las compañías españolas prevén generar empleo durante el 2013), e ingresos por valor de millones de euros.

Y si no que se lo pregunten a Caroline Hu Flexer y a su marido Michael, un matrimonio que tuvo una idea que materializó en una aplicación para dispositivos móviles y que recibió un boom descargas durante el primer día de su lanzamiento. Una iniciativa, además, muy interesante para ayudar a la educación de los más pequeños.

Cuando una idea puede triunfar en forma de app

La historia de este matrimonio es realmente curiosa. Mientras ellos se encontraban viendo la televisión, su hija, que en ese momento apenas contaba con dos años, cogió el teléfono de su padre y comenzó a manejarlo de forma realmente sorprendente. La facilidad con la que navegaba y abría y cerraba aplicaciones dejó tan fascinados a sus padres que les surgió una idea.

Pronto comprendieron que las pantallas táctiles de los teléfonos inteligentes eran un método de entretenimiento para los más pequeños, pero además su interfaz era tan intuitiva que podía ser usada sin apenas curva de aprendizaje. Y aquí es donde a los Flexer se les ocurrió una idea: desarrollar una aplicación que sirviera como método de aprendizaje para los más pequeños, algo que hasta ese momento no tenía mucha presencia en las tiendas de aplicaciones.

Y así es como surgió, entre las cuatro paredes de ese salón, Duck Duck Moose, una start-up dedicada al desarrollo de aplicaciones centrada en la educación infantil para dispositivos móviles y que acaba de recibir la friolera de 7 millones de euros de inversión.

Poco a poco fueron puliendo su idea y apareció su primera aplicación, “Wheels on the Bus”, una app que servía no solo para entretener sino para educar y enseñar a los más pequeños y, por descontado, obtener unos ingresos extra por ella de, aproximadamente uno o dos euros por descarga.

Este primer producto tuvo una muy buena acogida que sirvió para consolidar el proyecto de esta familia. Además, los Flexer se apoyaron mucho en el mundo de la educación y contactaron con colegios y profesores para entender mejor las carencias y necesidades de los más pequeños, lo que les valió para recibir el Parent Choice Award que confirmaba la calidad y utilidad de sus productos.

Para este matrimonio, todo no ha hecho más que empezar. El espaldarazo en forma de inversión servirá aún más si cabe para ampliar los horizontes de la firma, con un objetivo en mente: ser el referente de los desarrolladores de juegos educativos para niños. Y parece que lo conseguirán.

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