¿Deberían los restaurantes cobrar por hacer reservas?

Uno de los mayores problemas que tienen los restaurantes, especialmente los más pequeños, son las cancelaciones de las reservas a ultima hora, o los clientes que han hecho una reserva y directamente no se presentan. Actualmente, el porcentaje de clientes con reserva que no acuden se sitúa entre un 5 y un 20%, según la BBC.

Quizás pueda no parecer un porcentaje muy alto, pero para un restaurante con pocas mesas, que fallen una o dos puede suponer la diferencia entre conseguir beneficios esa noche o no. Es por eso que en muchos lugares algunos restaurantes están aplicando medidas pagar por adelantado una cantidad que se descontará de la factura final o en algunos casos incluso a comprar entradas para el restaurante como si del teatro se tratara. Lo cual nos hace plantearnos: ¿deberían los restaurantes cobrar por hacer reservas?

Muchas soluciones a un mismo problema

Uno de los restaurantes pioneros en esto de cobrar por adelantado ha sido el pequeño restaurante Next de Chicago. Sus dueños, cansados de que algunas reservas no aparecieran, y aprovechando que ofrecen un menú de degustación cerrado, decidieron que los clientes debían abonar por adelantado el importe de la cena, como quien compra un billete de avión o una entrada para un partido de fútbol.

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En su página web, explican que este sistema les permite ofrecer un servicio más fluido y, sobre todo, precios más competitivos, ya que no deben preocuparse por compensar en el precio del resto de comensales las mesas que se quedan vacías. Como curiosidad, el restaurante Next también aplica una interesante política de precios que parece responder a la oferta y la demanda, ya que el precio del mismo menú varía en función del día y también de la hora a la que queramos reservar.

Desde el punto de vista práctico, esto puede suponer un engorro para el cliente, ya que no sólo debe pagar por adelantado, sino que además las entradas no son reembolsables (pero sí transferibles), exponiéndose a que cualquier eventualidad le impida disfrutar de su compra. Claro que eso es algo a lo que uno también se expone cuando compra una entrada o un billete de tren o avión.

Otro sistema menos agresivo consiste en que el cliente debe pagar una cantidad por adelantado para realizar su reserva, cantidad que luego se le descuenta de la cuenta. También es una buena opción utilizar una técnica similar a la hotelera: el cliente proporciona su número de tarjeta de crédito, y en caso de no presentarse se le cobra una cantidad prefijada por cada comensal.

En general, el funcionamiento de estas propuestas es bastante bueno, reduciendo las reservas fallidas por debajo del 5%, aunque también es cierto que su implantación puede echar atrás a algunos clientes, bien porque no estén seguros de su disponibilidad o porque no quieran pagar por adelantado.

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En mi opinión, no es algo que me parezca mal, especialmente aplicado en restaurantes pequeños con servicios largos y poca rotación de clientes. A fin de cuentas, al hacer una reserva el restaurante se está comprometiendo a guardarte una mesa y a renunciar a otro potencial cliente, qué menos que comprometerte por tu parte abonando una pequeña cantidad por adelantado.

El otro lado de la moneda: intentando hacer negocio con las reservas

Aunque no se podría decir que la reventa de reservas en restaurantes sea un problema en el negocio de la restauración, es cierto que recientemente han aparecido algunas aplicaciones y servicios como Reservation Hop, que se dedican a realizar reservas con nombres ficticios en los restaurantes de moda, para luego revender esas reservas al “módico” precio de entre cinco y diez dólares, lo cual ha levantado no pocas críticas.

Lógicamente, estas empresas están tratando de hacer negocio con un bien que ahora es gratuito, de manera parecida a la que lo hacen otras aplicaciones similares como Monkey Parking, que ejerce de mediador (con comisión) en el intercambio de plazas públicas de aparcamiento, aunque ahí, al tratarse de un bien público, también existen cuestiones legales.

En ambos casos, su ética es más que discutible, y es lógico que los restaurantes quieran evitar que se negocie con sus reservas, especialmente porque en caso de que estas empresas no consigan venderlas, ellos se encontrarían con una mesa vacía. Además, estas prácticas hacen más difícil que cualquiera pueda reservar en un restaurante de moda, y si se extendieran, acabaría siendo normal que los restaurantes cobraran por sus reservas.

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