El ahorro en nuestra lucha contra el calor

“La primera ola de calor del verano afecta a toda la Península y Baleares”. Así abría el titular de El País el fin de semana pasado, y ya hemos podido verificar que no se equivocaban. Las temperaturas han aumentado, y con ello el gasto en refrescos, aire acondicionado y agua en los hogares.

En el artículo de hoy hablamos de cómo ahorrar cuidándose y combatiendo el calor del verano. El ahorro, en nuestra lucha contra el calor, es posible.

Beber mucha agua y cenar con moderación

Agua, no refrescos ni otros líquidos. Con el calor, la tentativa de tomar refrescos azucarados o alguna cerveza en una terraza es demasiado alta. Pero los refrescos no quitan la sed, lo único que hacen es posponerla. Asimismo, no hidratan.

Con el alcohol sucede algo parecido, pero no solo no hidrata, sino que elimina el agua que tenemos guardada en el cuerpo. El alcohol es un compuesto químico con un grupo hidroxilo (-OH), y el ingerirlo tiene un carácter diurético en nuestro organismo, lo que nos lleva a una gran pérdida de agua.

Por lo general, existe una cierta reticencia al consumo de agua, en especial fuera de casa, e incluso una gran presión social ante la petición de agua en bares y terrazas. No obstante, beber agua es la solución más efectiva, inteligente y asequible para eliminar el calor. Se recomienda siempre dos litros de agua al día, aunque el mecanismo homeostático que regula la sed nos avisará para beber incluso más si aprieta el calor.

Con las altas temperaturas también se recomienda evitar las cenas muy cargadas. Cenar ligero nos ayudará a combatir la sensación de pesadez y el calor nocturno, evitando por un lado tener que poner el aire acondicionado y, por el otro, el coste de una cena abundante. Se aconseja, en estas cenas livianas, comidas con un alto contenido en agua, como los vegetales y verduras. Se desaconseja, a su vez, las comidas copiosas y en especial las carnes, ya que éstas necesitan más agua y tiempo para el proceso de digestión, lo que calienta nuestro organismo y nos hace sentir incómodos hasta altas horas de la madrugada.

La casa, un sistema cerrado

Mucha gente aprovecha las horas de noche para salir a la calle en verano, y pasa las horas de luz en casa. Pero en muchas ocasiones la sensación de sofoco interna es lo suficientemente grande como para tener que encender el aire acondicionado. Y esto, en muchas ocasiones, puede evitarse con algunos buenos consejos.

Lo primero que hay que hacer es medir la temperatura tanto interior como exterior de la vivienda. Nada más complicado que un par de termómetros. Por ejemplo, uno sobre el alféizar de la ventana y otro en la parte interior de la misma. Y, como norma general, abrir las ventanas cuando la temperatura interior supere a la exterior. De este modo, refrigeramos la casa.

Este cambio suele ocurrir, dependiendo de la zona de España en la que nos encontremos y la orientación de nuestra fachada al sol, sobre las 11 de la mañana (momento en el que la temperatura exterior supera la de interior, y debemos cerrar) y sobre las 11 de la noche (momento en el que la temperatura exterior baja lo suficiente como para abrir las ventanas). Si hacemos esto, ahorraremos muchas horas de aire acondicionado, y de energía. Como punto añadido, se recomienda bajar las persianas, ya que gran parte del calor exterior se colará en casa con la radiación solar.

Pero hay algunas excepciones a esta norma sobre cerrar la casa a cal y canto. Por ejemplo, se sabe que uno de los mejores modos de perder calor es la evapotranspiración. Ocurre que el cuerpo humano usa el sudor para aumentar el intercambio de calor con el entorno, y que cuanto más viento haya, mayor será ese intercambio.

Ese es el motivo por el que la velocidad del aire a nuestro alrededor aumenta la sensación de frío, y por el que se recomienda crear corrientes de aire dentro de las casas. Aunque esto no podrá hacerse en todas las viviendas, muchas cuentan con patios interiores y una fachada exterior, por lo que abrir ambos extremos suelen producirse corrientes que nos refrigerarán sin necesidad de gastar energía.

El aire acondicionado

Por mucho que tratemos de evitarlo, hay ocasiones en las que no queda otra que poner el aire acondicionado, pero aun así podemos ahorrar. Aun cuando lo hagamos, podemos ahorrar energía si tenemos un control sobre el aire acondicionado. Por ejemplo, se puede programar a 22 o 24 grados. Teniendo en cuenta que se gastará energía en función de la diferencia de calor entre el exterior y el interior, a 24 grados ahorraremos energía y dinero con respecto a 22 grados.

Si la temperatura exterior e interior es similar, usar ventiladores es mucho más asequible que encender el aire acondicionado, ya que éstos bajarán la sensación térmica entre 2 y 4 grados, pero tendrán un consumo mínimo en comparación con el aparato de aire acondicionado.

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Imagen | Havila Havilinha

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