El sandwich de pollo que dura tres años y otras cuestiones sobre fechas de caducidad

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Fechas de caducidad

Creo que todos nos hemos comido alguna vez un yogur caducado, es uno de esos productos que la sabiduría popular, y también la ciencia, nos dice que se conservan mucho más allá de lo que indica la etiqueta. El ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, también reconoce hacerlo, y así es como ha puesto sobre la mesa el debate sobre las fechas de caducidad.

El tema de las fechas de caducidad viene de lejos, sobre todo debido a la común confusión entre caducidad y consumo preferente, así que aprovechando la coyuntura, veamos qué hay de nuevo en el mundo sobre fechas de caducidad, qué tiene previsto el gobierno al respecto y, sobre todo, cómo pueden afectar los cambios a nuestra economía doméstica, que nos interesa mucho.

Los motivos

El problema de base es que en España se desperdicia mucha comida; 7,7 millones de toneladas de comida en buen estado se tiran a la basura, y el 42% de esa cantidad se tira en los hogares, que es un porcentaje nada despreciable.

Claro que estos datos no son nuevos, ni nos ha dado por tirar comida de repente, pero no parece un mal momento para intentar subsanar un problema grave que llevamos arrastrando desde hace muchos años, así que bienvenidas sean las nuevas propuestas.

Las ideas

Los expertos llevan muchos años pidiendo un cambio en la legislación europea sobre fechas de caducidad. Los argumentos van en dos sentidos, por un lado, la falta de información que recibe el consumidor y, por el otro, la necesidad de revisar los plazos de consumo, ya que la tecnología alimentaria ha mejorado mucho desde que se redactara la normativa en los años 80.

Es cierto, los tiempos avanzan que es una barbaridad. Por ejemplo, la empresa norteamericana MRE, suministradora del Ejército de Estados Unidos, ha elaborado un sandwich de pollo que dura tres años en perfecto estado, así que es lógico pensar que ahora se puede conseguir que los alimentos se mantengan durante más tiempo.

Por ahí parece que va a ir nuestro gobierno, que considera que los plazos que fija la ley actualmente para algunos alimentos, como los huevos o los yogures, son demasiado estrictos. Actualmente son 28 los días que pueden transcurrir desde la puesta de un huevo o la fabricación de un yogur y su consumo, pero se estudia ampliar ese plazo en una semana.

fecha de caducidad Las conservas son productos semiperecederos, se estropean pero siempre son seguras

De la misma manera se revisarán otros productos, aunque no todos, porque en muchos otros, los de consumo preferente principalmente, es el propio fabricante el que fija la fecha, ya que la mayoría se consideran semiperecederos (el arroz, las pastas, las conservas, las legumbres…) es decir, que van perdiendo cualidades pero nunca son peligrosos de consumir.

Sin embargo, otras voces reclaman un nuevo sistema de etiquetado que ofrezca mayor información el consumidor. Se propone un sistema con dos fechas, una que fije el límite de venta y otra el límite de consumo saludable, o una combinación de fecha de consumo preferente más fecha de caducidad.

De esta manera, se evitaría la habitual confusión entre consumo preferente y fecha de caducidad, que hace que alguien tire un paquete de arroz o unas lentejas porque haya pasado la fecha de consumo preferente, cuando son productos que si se mantienen en su envoltorio y en un lugar fresco y seco, podrían heredarlos nuestros nietos.

Además, este doble etiquetado abriría la puerta a posibles descuentos en el supermercado si adquirimos productos que estén cerca de su fecha límite de venta, y también permitiría un mayor margen de maniobra a la hora de donar los excedentes a los bancos de alimentos.

Y a mí, ¿cómo me afectará?

Aunque aún no hay nada concreto todavía, parece que lo único que va a cambiar con la nueva legislación es que se va a ampliar el plazo de tiempo en el que se considera seguro consumir algunos alimentos, por lo que cuando entre en vigor, se fijará la fecha de caducidad una semana después —o el tiempo que se considere para cada producto— de lo que se hace actualmente.

Esto al consumidor final le afecta de forma indirecta. Por un lado, es probable que con más margen de maniobra y menos pérdidas, las empresas de distribución reduzcan costes y bajen los preciso, por el otro, también podremos adquirir productos con más tiempo desde su compra hasta su fecha de caducidad.

Sin embargo, no conviene olvidar que el producto que hay debajo de esa nueva fecha de caducidad es el mismo, que el proceso que hace que se estropee actúa igual diga lo que diga la tapa, que al final lo que manda es el sentido común y que ni conviene tirar algo solo porque haya pasado un día de fecha ni es seguro comerse un filete que tenga mal aspecto por mucho que en el paquete diga que aún no ha caducado.

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