La Economía del bien común, en formato yogur: el ejemplo de La Fageda

Postres lácteos La Fageda, iniciativa empresarial con responsabilidad social

¿Qué hace un psicólogo vendiendo yogures? Para dar respuesta a esta pregunta, tenemos que hablar de Cristóbal Colón, presidente de una sociedad cooperativa llamada La Fageda. La empresa es una iniciativa de responsabilidad social situada en un parque natural, en el corazón de un magnífico bosque de hayas que se asienta sobre lava volcánica: la Fageda d’en Jordà. Dedicada a la producción de lácteos, La Fageda ocupa en Cataluña la tercera posición en el mercado, por detrás de Danone y Nestlé, y su actividad engloba todo el proceso, desde la cría de ganado hasta el producto final.

La suya es una historia de filantropía y superación. Comenzó como una apuesta por integrar personas con discapacidad, o personas con distintas capacidades, porque esa es la cuestión de fondo para la empresa. En La Fageda se ganan la vida con el yogur como podrían estar pintando imágenes religiosas. De hecho, eso ya lo hizo Colón en su día con sus pacientes, y es que la clave del proyecto no está en ganar dinero sino en utilizar la empresa como medio para procurar una vida digna a sus trabajadores.

Hacer yogures por hacer algo. Cuando el psicólogo vio que su vida laboral en los centros psiquiátricos estaba a punto de volverle loco, habló con su mujer, colega de profesión, y ambos acordaron cambiar de rumbo para ayudar a las personas. En colaboración con el Hospital Psiquiátrico de Girona llegaron a la zona de la Garrotxa, donde había un vacío asistencial en lo referente a personas con discapacidad, y llamaron a varias puertas buscando financiación para arrancar su proyecto.

La tarjeta de presentación era muy curiosa: Un señor llamado Cristóbal Colón, procedente de un manicomio y llevando consigo a 14 enfermos mentales, necesitaba dinero para montar una empresa que le permitiera trabajar al aire libre a pesar de no tener experiencia en el sector primario.

Y le prestaron 500.000 pesetas. Corría el año 1982.

Instalaciones de la sociedad cooperativa La Fageda

Hoy La Fageda fabrica 45 millones de yogures y factura 14 millones de euros, pero su línea de actuación no persigue el crecimiento porque sí sino dar a sus trabajadores un lugar donde pueden integrarse trabajando. De los 280 trabajadores que forman la cooperativa, 180 son discapacitados sobre el papel. Según la forma de pensar del presidente de La Fageda, los 100 restantes todavía no tienen un certificado de minusvalía, pero a todos les podría pasar. También al mismo Cristóbal Colón.

El objetivo principal de la empresa es la reconstrucción de personas que tienen una estructura psicológica deteriorada, personas dependientes y no valoradas ni reconocidas que mediante su trabajo recuperan la autoestima. Al desempeñar una función como cualquier otra persona, los trabajadores se sienten útiles, importantes y reconocidos. Por eso en La Fageda se trata a las personas sin hablar de discapacidades o disminuciones, sino de personas con diferentes capacidades.

Los trabajadores se encargan de la mayor parte del proceso productivo de los lácteos, que sólo está automatizado en un mínimo número de fases. El envasado, la gestión de cámaras de fermentación y enfriado, el acopio, el almacenaje y la carga en camiones del producto final no se realizan con robots sino de forma manual, siguiendo el sentido de la empresa. Pero como empresa que es, persigue unos resultados que le permitan seguir en el mercado.

Comenzó suministrando sus productos a hospitales e instituciones penitenciarias, y sin más campaña publicitaria que las visitas de escolares, la promoción de actividades y el boca a boca de los consumidores ahora es una marca que se encuentra en los supermercados. No quiere vender más allá de Cataluña porque tendría que crecer para conseguirlo y no es ese su fin. Tampoco ha utilizado nunca las características de su plantilla como argumento de marketing, ya que eso atentaría contra sus principios. Si se vende el yogur, que sea por el yogur y no por quién lo fabrica.

Una iniciativa empresarial con responsabilidad social

Música de Vivaldi en la Economía del bien común

A la hora de conseguir la calidad para su producto, emplean piezas de Vivaldi, Bach y Mozart, entre otros, convencidos de las bondades de la música para la salud de las vacas. Al pasear por la granja la música sirve un curioso fondo sobre el que la vida fluye con tranquilidad. Las 500 reses con que cuenta La Fageda nacen y crecen allí mismo, también allí se inseminan para dar a luz a nuevas generaciones de ganado. En cada momento de su vida, reciben diferentes atenciones por sus cuidadores.

Dando una vuelta por allí no es difícil ver a trabajadores del taller de terapia ocupacional acarreando frutas acabadas de recoger. Hoy son fresas para el yogur y entre ellas se vislumbra una historia que tiene su origen en el papel de La Fageda como un vivero de plantas para reforestaciones que tiene una capacidad de un millón de vástagos y que hoy vive un problema que hay que capear.

De todas formas, para conocer el primer gran problema que se le presentó a los trabajadores de la cooperativa hay que remontarse a 1992. La normativa de la CEE sobre excedentes de leche rompió todos los planes de La Fageda. ¿Qué hacer con aquellas vacas frisonas que ordeñaban dos veces al día? Bueno, como donde hay una crisis hay una oportunidad, los trabajadores de La Fageda aprendieron a hacer yogur de granja y lo vendieron usando el valor añadido de lo artesanal.

Una empresa que apuesta por la economía del bien común

Hoy las administraciones públicas están sin fondos y apenas compran plantas para la reforestación o para los parques y jardines. ¿La solución? Reinventarse una vez más y destinar a los trabajadores ya formados en horticultura a una tarea deliciosa: darle sabor al yogur. De hecho, la reciente y creciente ampliación del catálogo de productos responde a la necesidad de mantener la empresa no por el enriquecimiento económico sino por el papel social que tiene en la comarca.

Dentro de ese papel está el mismo enclave de la empresa, al que sólo se puede acceder caminando, en bicicleta o a bordo de vehículos motorizados que hayan sido autorizados. Por pura coherencia, en la misma finca se encargan del compostaje de las dos toneladas de purines generados cada día y a la depuración de las aguas residuales mediante instalaciones respetuosas con el medio ambiente.

Por otra parte, en La Fageda se realizan también actividades asistenciales que llevan a cabo monitores, psicólogos y educadores, ya sea para que sus usuarios aprendan una profesión en el Servicio Ocupacional, para que la desarrollen en el Centro Especial de Trabajo o para que pasen el rato en el Centro de Recreo. El Club Social para jubilados y los tres hogares-residencia con 40 plazas para personas sin alojamiento completan esa faceta de la cooperativa.

La Fageda como empresa no es más que un medio de conseguir un entorno saludable para sus trabajadores, y constituye un buen ejemplo de la llamada Economía del bien común. Confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y transparencia son las reglas de esa nueva economía, y el recorrido de La Fageda demuestra que es posible.

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