La gentrificación va más allá de comprar muebles viejos y repintar barrios enteros

Cada vez se oye más hablar de la gentrificación. El concepto nació hace ya décadas, tomando la noción de la clase gentry de Inglaterra (un segmento social de la Edad Moderna similar a los hidalgos de España que se asimila a la alta burguesía), y llevando la idea al terreno de la reforma de las ciudades. Hoy, la gentrificación se entiende como la revitalización de los barrios céntricos de las ciudades con equipamientos adaptados a los nuevos inquilinos de esas zonas.

Pese a que la gentrificación se presta a controversia en función de cómo se lleve a cabo, hay un tipo de gentrificación que anda en la línea de la economía hipster, y hasta cierto punto de los millennial y del consumo colaborativo, y que constituye una clave para comprender lo que se encuentra detrás del simple hecho de comprar pisos céntricos, dotarlos con muebles vintage y comenzar una nueva vida en el renovado corazón de la ciudad.

O quizá habría que hablar de corazones, porque de forma añadida a la revitalización del espacio central de las ciudades, una de las claves de la gentrificación está en la renovación de ciertos barrios periféricos que constituyen los diversos centros vitales de las grandes urbes, unos centros que fueron núcleos poblacionales independientes, luego quedaron anexionados a las grandes capitales y en no pocos casos con el tiempo acabaron sufriendo la degradación económica y social.

En cualquier caso, se trata de una tendencia al alza en el urbanismo de las grandes ciudades. Es posible verla en Malasaña, Chueca o Lavapiés (Madrid), Gràcia, Raval o Born (Barcelona), Ruzafa o Benimaclet (Valencia). Si conoces algunas de estas zonas, es posible que ahora mismo te estés rasgando las vestiduras antes de decir, por ejemplo, que el caso de Chueca no tiene nada que ver con el de Lavapiés, o que Gràcia y el Raval se parecen muy poco entre sí. Y es cierto, pero todos son polos de un mismo fenómeno: la gentrificación.

Gentrificación, un fenómeno no exento de controversia

Gentrificación - Sur del Bronx

La mención al concepto gentry no es gratuita, ya que esa idea de alta burguesía marca la esencia económica de la gentrificación: revitalizar un barrio, sí, pero a costa de ver crecer allí el coste de la vida. De esta manera resulta frecuente no sólo que se restauren edificios, sino que poco a poco vaya cambiando el comercio de barrio existente por un comercio más orientado a clases altas y con una oferta de ocio mayor, pero más exclusiva.

En la cara más oscura de la gentrificación tenemos el fenómeno de la especulación que se da en ciertos casos. Barrios condenados en un primer momento a la degradación para favorecer después la entrada de especuladores que revitalizan el entorno empujando los precios de viviendas y locales de forma que se propicie un relevo en la población. Se da entrada así a nuevos habitantes que tengan un mayor poder adquisitivo y por tanto eleven el nivel de vida de la zona.

Un ejemplo de este tipo de actuaciones lo vemos en la ciudad de Nueva York. Tal y como recoge este reportaje firmado por la antropóloga Sarah Kendzior, el cineasta Spike Lee pone el acento en los servicios que reciben barrios tradicionalmente habitados por las minorías negra e hispana como son el Bronx o Harlem, ahora que cuentan con nuevos vecinos de raza blanca y extracción económica superior. Literalmente, se queja de que hayan tenido que venir los nuevos inquilinos para que la recogida de basuras se realice a diario.

El mismo artículo habla sobre otro efecto de la gentrificación: el traslado de las personas de menor poder adquisitivo a las afueras de la ciudad. Y aquí es donde la parte más oscura de la gentrificación se presta a lecturas como aquella que dice que todo es fruto de una cuidada planificación que tiene por objeto realizar un relevo en la población basado en el nivel de rentas de los habitantes.

La gentrificación como motor económico hipster

Gentrificación - Chueca

Sin embargo, hay otro tipo de gentrificación más espontánea. O humana, si se prefiere. Es aquella gentrificación no planificada que sucede cuando un barrio recibe la entrada de nuevos vecinos alineados con la estética hipster, movidos por cualquiera de los atractivos que le ven a vivir en el centro de una ciudad: posibilidad de desplazarse a pie, en bici o en transporte público, gran oferta cultural y de ocio…

Estos serían los casos de Chueca en Madrid, Gràcia en Barcelona o Ruzafa en Valencia, por poner algunos ejemplos. En esos barrios los vecinos establecen el ambiente que caracteriza a las zonas gentrificadas y, con él, aumenta el nivel de vida de esa parte de la ciudad. No es una gentrificación resultante de grandes obras o promociones, sino todo lo contrario: del movimiento migratorio que realiza una parte de los ciudadanos emana el cambio económico, social y cultural en los barrios.

No es casualidad que sean estas las zonas que pueblan las clásicas listas de lugares de inspiración hipster que podemos encontrar en internet (aquí, una sobre Madrid, y aquí, una sobre Barcelona). En ellas encontramos tiendas de artículos vintage, establecimientos de comercio justo, pequeñas galerías de arte y locales donde tomar un café, un té o una cara copa nocturna, como elementos que se entremezclan y conviven con la misma pulsión que los mismos nuevos inquilinos del barrio.

Junto al desarrollo económico, social y cultural que conlleva la gentrificación de estas zonas, se mueven también algunos puntos de consumo colaborativo: desde el uso de coches compartidos cuando es necesario hasta, por qué no, la financiación de sus propios proyectos mediante crowdfunding. Todos estos rasgos tienen cabida en las ciudades que pasan por un proceso de gentrificación.

Foto: Urban, Scott Lynch, Ingolf

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