Nos prestan dinero y encima nos pagan: ¿por qué España paga intereses negativos por su deuda?

Una de las noticias más comentadas la semana pasada dentro del sector financiero fue que España comenzaba a financiarse con intereses negativos. Esto significa. simple y llanamente, que el Estado español recibe dinero de los inversores y éstos, además, le pagan por prestárselo.

Lejos quedan ya aquellos años en los que asociábamos la palabra prima de riesgo con algo negativo, con una quiebra o suspensión de pagos del Estado español. Todos nos habíamos hecho economistas, y hablábamos del aumento de los intereses a pagar por parte del Tesoro como si realmente supiésemos el por qué estaba sucediendo. Sin embargo, esta nueva situación también llama la atención, de nuevo, entre los principales economistas

¿Es un síntoma de recuperación?

Si el aumento de la prima de riesgo era síntoma de preocupación, cabe pensar que el descenso de la misma puede ser un síntoma de recuperación. Parece razonable plantearse la siguiente cuestión: cuanto más aumente el coste de financiación del Estado, mayor será la probabilidad de quiebra y viceversa: que se paguen pocos intereses por nuestra deuda es un síntoma de fortaleza y solvencia en nuestras cuentas públicas.

Esta situación es síntoma de que nuestras cuentas públicas están más saneadas que hace dos años. Cuanto menor es el riesgo de quiebra, mayor es la confianza de los inversores por la deuda del Estado. Esto es evidente. Ahora bien, ¿tan bien estamos ahora como para que los inversores paguen por nuestra deuda? ¿Qué ha cambiado en estos dos últimos años? ¿Por qué una desmedida confianza se ha transformado en una confianza tan incondicional en tan poco tiempo? Para responder a estas cuestiones, lo primero que tenemos que saber es cómo funcionan los mercados financieros.

Las expectativas: lo que realmente hacen funcionar a los mercados

Los mercados financieros funcionan por expectativas. Cuando consideran que la cotización de un determinado valor está por debajo de su valor fundamental, los mercados venden los títulos de los que son propietarios para hacer bajar su cotización y acercar su precio a su valor fundamental. Éste valor guarda relación con múltiples factores, entre los que destacan el riesgo de quiebra, también de los países.

La razón por la cual la prima de riesgo española alcanzó los niveles insostenibles de verano de 2012 era que los inversores estaban vendiendo de forma masiva bonos a diez años en el mercado secundario ante el temor de un posible colapso de la economía española. Conforme el riesgo de quiebra se iba haciendo más real, era cada vez más difícil colocar estos títulos de deuda pública, lo que hacía que los inversores tuviesen que reducir su precio (lo que en títulos de deuda pública equivale a aumentar el interés que se paga por los mismos) para colocarlos.

Poco ha cambiado desde entonces. España continúa con una tasa de desempleo similar (aunque menor) a la de 2012, la deuda pública es muy superior a la de ese año y aunque estamos haciendo verdaderos esfuerzos para reducir el déficit, todavía sigue siendo una preocupación entre los principales gestores nacionales. Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿por qué los inversores confían en nosotros? Aquí es donde entra el papel decisivo del Banco Central Europeo.

Super Mario al rescate: el papel fundamental del BCE en la crisis de deuda

A finales de Julio de 2012, con las primas de riesgo de los países periféricos disparadas y ante el temor de una eventual ruptura del Euro, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, pronunció las palabras mágicas:

Haré lo que sea necesario para salvar al euro y, creánme, será suficiente.

Estas simples palabras pusieron de manifiesto que existía una entidad supranacional dispuesta a utilizar los instrumentos de política monetaria, de forma agresiva si fuese necesario, para reducir las primas de riesgo de los países en problemas. Una situación que tranquilizó a los mercados, infudiéndoles la confianza necesaria en que habría una institución dispuesta a salvar a cualquier país en problemas en caso de que fuese necesario.

La desconfianza se convirtió en confianza, indujo a pensar a los inversores que sus inversiones en deuda pública estaban aseguradas, aumentando el precio de los bonos (o reduciendo su interés) y proporcionando un soplo de aire fresco a los países en problemas. Es decir, la probabilidad de que un país incumpliese sus compromisos de pago comenzaba a considerarse como nula a partir de entonces.

Pero no acaba aquí la cosa. Hace unos meses el Banco Central Europeo anunciaba una serie de medidas para luchar contra la crisis entre las que se encontraba el establecimiento de tipos de interés negativos a los bancos que despositasen su dinero en esta institución; es decir, el BCE cobra una comisión por depositar el dinero de un banco en él para fomentar que se lo presten al sector privado. Ante esta circunstancia, los bancos prefieren invertirlo en deuda pública  a intereses bajos que depositarlo en el BCE o atesorarlo como dinero líquido.

Pero, todavía hay más. ¿Han oído hablar de la deflación?

La deflación: mayor rendimiento con el mismo interés

Cuando existe deflación, el rendimiento de las inversiones en términos reales es menor. Si, por ejemplo, tenemos un depósito al 2% y la inflación es del 1%, el rendimiento real es del 1% (2% – 1%). Al contrario, cuando existe deflación (o inflación negativa), el rendimiento de las inversiones será mayor en términos reales. Por ejemplo, si la inflación es del -1% y tenemos un depósito al 2%, el rendimiento real será del 3% (2% – (-1%)).

Cuando existe deflación, por tanto, los inversores exigirán un rendimiento menor a sus inversiones para obtener la misma rentabilidad real. Por este motivo, en un escenario deflacionario como el actual, y a pesar de que los intereses sean negativos, los inversores no pierden dinero sino que, incluso, pueden llegar a ganarlo.

En definitiva, a pesar de la evidencia de que la confianza en la economía española ha aumentado, son otras las razones que explican que España emita deuda a intereses nulos e, incluso, negativos; una anomalía económica que cada vez es más habitual en los mercados financieros.

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