Reducir gastos cambiando de programa

Distribución de Linux para escritorio, software libre

Si hablamos de reducir gastos, normalmente nos viene a la cabeza prescindir de servicios que no utilizamos pero pagamos igualmente. Si no voy al gimnasio pero hago ejercicio en casa, ¿de verdad necesito pagar la cuota? Es sólo un ejemplo. Incluso al hablar de los recortes en gasto público, solemos pensar en las partidas presupuestarias que afectan a los servicios básicos. Cierres de hospitales, escuelas que se quedan sin recursos y pensiones que desaparecen constituyen la dura estampa de este armagedón económico que atisbamos como inevitable.

Mirando la realidad con un cristal de otro color, resulta que acaba de publicarse una investigación sobre el ahorro que ha supuesto para Europa el uso de software libre. Y la cifra que supone esa diferencia entre usar software de marca o software diseñado entre todos es muy concreta: 450 mil millones de euros al año. Eso es recortar en gastos sin renunciar ni al gimnasio ni a las prestaciones sociales.

La reducción del gasto no se refiere únicamente a la elección de programas de software libre frente a los programas privativos, que supone un ahorro de sólo 114 mil millones de euros, sino que va más allá, en un ejercicio que toca con algunos fundamentos de la Economía del bien común: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad y generosidad están en la base del trabajo compartido que da pie al software libre.

Y estos valores permiten que el trabajo generado por unos se convierta en un punto de partida para otros. Así es, al utilizar y reutilizar el llamado código libre para proyectos variados, se ahorra mucho dinero en costes. De hecho, la cifra global de ahorro se estima en unos 342 mil millones de euros cada año.

Colaboración que lleva a la eficacia

¿Cuál es la clave de este éxito del ahorro inteligente? Evitar inventar la rueda una y otra vez. Veamos qué ocurre con muchas empresas de software privativo. Un equipo desarrolla una idea, y como este desarrollo ha tenido unos costes económicos, la empresa lo protege con todo tipo de patentes y trucos de seguridad para evitar que ese trabajo caiga en manos de otros equipos.

Esta forma de proceder, que es comprensible en un entorno de competitividad, es incomprensible en un entorno de colaboración. Al final, si todas las empresas utilizan el mismo camino de reinventar la rueda una y otra vez, tenemos montones de equipos trabajando en un solo tema: la rueda. Es decir, se congela la evolución tecnológica porque las empresas no destinan sus recursos a ir más allá de la rueda. Para cuando lleguen a la carrocería, la Humanidad se ha muerto de aburrimiento.

En un entorno colaborativo como el del software libre, el trabajo de una persona se pone en común, y a ese trabajo hay otra persona que le añade una mejora que se le ocurre, otro realiza una crítica constructiva, el otro le busca la solución al problema detectado, y así. Lo mejor del caso es que cada uno de estos avances se puede utilizar en las librerías y API que utilizan los programadores. Es decir, como para crear un programa hacen falta cientos de recursos, aquellos recursos que se han elaborado de forma colaborativa como software libre contribuyen a reducir los costes del resultado final.

Y es ahí donde está la razón del ahorro. Ahorro en tiempo, ahorro en costes, ahorro en esfuerzo. Y todo ese ahorro se transforma automáticamente en una inversión multimillonaria que permite desarrollar nuevas aplicaciones que se benefician de este sistema de trabajo. Si llevamos los resultados de esta forma de trabajar a nuestro entorno más inmediato, seguramente podamos ahorrarnos una buena cantidad. Las cifras lo demuestran.

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Foto | Grupo Geek
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