¿Cómo gestionar nuestras finanzas personales los días que no tenemos tan buenos?

No cabe duda de que nuestro estado de ánimo influye en casi cualquier decisión que tomamos y, por supuesto, las decisiones financieras no iban a ser una excepción. Nuestras finanzas personales deben ser gestionadas casi a diario, y nuestra situación personal y emocional puede influir a la hora de tomar una u otra decisión.

En términos financieros, se ha demostrado que cuanto mayor sea nuestro grado de euforia o alegría, más tendencia tendremos a invertir en productos de mayor riesgo (y con mayor rentabilidad potencial) y también más predispuestos estaremos a consumir más. En cambio, un estado bajo de ánimo puede conducir a tomar decisiones incorrectas. Pero, ¿cómo podemos evitarlo?

Lo que dicen los estudios

Una encuesta realizada en 2010 por el Premio Nobel de Economía de 2015, Angus Deaton, y el psicólogo Daniel Kahneman a una muestra de 1.000 personas, revelaba que cuanto mayor es el ingreso que obtenemos por nuestras inversiones, también mayor es la posibilidad de obtener más ingresos en el futuro, porque nuestro nivel de satisfacción es mayor y tomamos mejores decisiones.

En otra encuesta realizada en 2012 por Jan-Emmanuele De Neve y Andrew J. Oswald, se establecía una relación entre la población que decía sentirse profundamente infeliz los trabajadores que habían obtenido el 30% de los ingresos más bajos. Además, del mismo estudio se desprendía que aquellas personas felices eran las que habían obtenido un ingreso medio de un 10% por encima de la media.

De ambas encuestas se desprende que cuanto mayor sea nuestro grado de satisfacción, mejor gestionaremos las finanzas personales. Ahora bien, esto no siempre es posible, ya que todos nosotros pasamos por etapas mejores y peores, pero nuestro dinero pide que lo gestionemos correctamente siempre.

¿Cómo evitar malas decisiones?

Evitar decisiones financieras incorrectas como consecuencia de un estado bajo de ánimo no tiene por qué ser difícil. Tan solo es cuestión de voluntad y constancia a la hora de preparar el terreno con una serie de pautas que todos nosotros podemos aplicar en nuestro día a día:

Llevar nuestro propio registro de inversiones históricas

¿Qué inversión ha sido más rentable? ¿En qué momento la realicé y por qué motivo? Pero sobre todo, ¿cuál fue la principal motivación que me llevó a actuar de esa manera o la barrera que me impidió actuar de otra? Estas son algunas de las preguntas que deberíamos formularnos a la hora de llevar un registro histórico de inversiones.

De este modo, podremos saber no solo cuál ha sido la mejor inversión realizada en los últimos meses, sino también cuáles fueron las circunstancias personales que nos llevaron a realizarla, con el objetivo de poder detectar qué comportamientos financieros seguimos cuando no nos acompaña una situación más positiva.

Una opción es diversificar entre diferentes opciones de inversión, lo que nos permitirá reducir las posibles pérdidas de algunas de ellas con ganancias en otras.

Los estados de ánimo del resto, lo más alejados posible

En general, la percepción que tiene nuestro entorno también afecta a nuestra forma de actuar y de comportarnos. Sin embargo, aunque las noticias de los mercados nos pueden influir a la hora de tomar una decisión, no conviene dejarse llevar solo por ellas.

Hay que entender las circunstancias personales de cada persona y saber valorar las nuestras. La motivación que tenga un individuo cuando toma una decisión estará condicionada por mil factores, muchos de los cuales son personales y a los cuales nosotros somos (o deberíamos ser) ajenos. Nos importan las decisiones tomadas alrededor de un criterio objetivo, pero siempre y cuando tengan un cierto fundamento racional.

Centrarse en una inversión concreta

Haber tomado malas decisiones para nuestras finanzas personales en el pasado no tiene por qué implicar necesariamente una mala decisión en el futuro. Del mismo modo, haber obtenido grandes rentabilidades en inversiones pasadas no garantiza ganancias futuras.

Lo más importante de cualquier inversión es eliminar los factores externos a la misma, salvo que aporten un cierto valor, como el libro de registros que mencionábamos en el primer punto. Es conveniente fijarse en las características concretas de una inversión y, por tanto, no dejarse influir por estados de ánimo optimistas o pesimistas.

Todos somos humanos y, por tanto, todos cometemos errores. Las emociones son una parte muy importante de nuestra vida, y un aspecto muy necesario para el ser humano. Sin embargo, pueden suponer un problema para nuestras finanzas si no sabemos controlarlas de forma correcta.

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