Así se calcula la rentabilidad de mis inversiones después de impuestos

Uno de los errores más habituales de la mayoría de ahorradores al calcular las ganancias de una inversión es olvidarse de los impuestos. Es muy habitual limitarse a contabilizar sólo la plusvalía de la operación sin tener en cuenta el factor fiscal, que puede ser determinante dependiendo del producto financiero que elijamos.

Un cálculo correcto de la rentabilidad de una inversión deberá incluir siempre los impuestos. Así, estaríamos hablando de la plusvalía neta de la operación, que se acercará más al beneficio real, si además tuviésemos en cuenta el peso de las comisiones.

Así se calcula la rentabilidad después de impuestos

La fórmula para calcular la rentabilidad después de impuestos es más sencilla de lo que podamos pensar. Básicamente, es un porcentaje entre el precio de venta y el de compra aplicando el tipo impositivo en cada momento en función del tipo marginal que pagaremos en la declaración de la renta.

Para entenderlo mejor, nada como un ejemplo concreto con una de las inversiones más recurrentes, la compra de acciones. Imaginemos que Pedro ha comprado 10 acciones a 10 euros. El precio de compra de la operación es de 100 euros. Su inversión va tan bien que los títulos doblan su valor, momento en el que Pedro decide vender. El precio de venta será entonces de 200 euros y la plusvalía antes de impuestos del 100%.

Hay que tener en cuenta que el tipo impositivo para las acciones de bolsa cuando la ganancia es inferior a 6.000 euros es del 19%. En otras palabras, Hacienda se quedará con 19 euros y la ganancia real se reducirá a 81 euros. En ese caso, el rendimiento después de impuestos será del 81%.

El porcentaje está por debajo de las estimaciones iniciales de Pedro. Por eso mismo es tan importante contar con los impuestos antes de fijarse un objetivo de rentabilidad.

¿Qué impuestos hay que pagar por las plusvalías?

La fiscalidad de los productos de inversión puede variar. Algunos gozan de ciertas ventajas fiscales que los hacen más atractivos, aunque en ningún caso varía la forma de contabilizar la rentabilidad después de impuestos.

La fiscalidad del ahorro marca la siguiente tabla de tipos que se aplicará sobre la suma del rendimiento de todos los productos.

  • Ganancias hasta 6.000 euros – 19%
  • Ganancias entre 6.000 y 50.000 euros – 21%
  • Ganancias a partir de 50.000 euros – 23%

Esta tabla es progresiva, de manera que si hemos ganado 8.000 euros ese 21% sólo se aplicará sobre los 2.000 euros que excedan de los primeros 6.000 euros.

Entonces, ¿qué productos son mejores desde el punto de vista fiscal?

Hay dos productos con condiciones fiscales más favorables: fondos de inversión y planes de pensiones. En el caso de los primeros, la fiscalidad de los fondos de inversión permite no pagar impuestos por las ganancias siempre que usemos ese dinero para comprar participaciones en otro fondo. Eso sí, en el momento del reembolso, sí tendremos que hacer frente al pago del impuesto correspondiente.

Para los planes de pensiones, la ventaja es doble. Por un lado no habrá que pagar impuestos hasta el rescate, incluso si cambiamos de plan, y por otro, permiten desgravar en la declaración de la renta.

Acciones, depósitos o letras del tesoro, por poner tres ejemplos, no gozan de estas ventajas. Cada vez que vendamos un título bursátil tendremos que pagar a Hacienda por la diferencia entre el precio de compra y de venta, como también lo haremos cada vez que venza un depósito.

Lo que no cambia, de nuevo, es la forma en la que calcularemos el rendimiento de nuestra inversión, una vez deducidos todos los impuestos que tendremos que satisfacer a la Agencia Tributaria.

En Naranja – La regla del 120: dime cuál es tu edad y te diré qué inversiones se adaptan mejor a ti

Conversación