Cómo contestar al que opina que “las inversiones no dan nada”

Las inversiones no dan nada. Este es un lamento de muchas personas que, a primera vista, puede parecer razonable. Sin embargo, existen argumentos de peso para cuestionar que las inversiones no ofrezcan rentabilidad. Un buen ejemplo de que se puede encontrar una buena rentabilidad en estos tiempos son los fondos perfil de ING DIRECT.

El ejemplo de la deuda pública

Tomemos la deuda pública a 10 años como ejemplo representativo de cómo ha evolucionado la rentabilidad de las inversiones. Podemos observar su comportamiento durante los últimos años en el gráfico 1.

Intereses de la deuda pública española a 10 años

La rentabilidad real y la rentabilidad nominal de las inversiones

A primera vista, viendo el gráfico 1, parece que desde 2012 la rentabilidad de las inversiones ha caído casi de manera continuada. Sin embargo, esa rentabilidad es solamente la rentabilidad que figura en los papeles, la denominada rentabilidad nominal.

Lo que nos importa con nuestras inversiones no es sólo tener más dinero al cabo de un tiempo, sino lo que podamos comprar con ese dinero transcurrido ese tiempo. Para valorar la rentabilidad real de las inversiones hay que considerar un segundo elemento: la inflación.

La inflación, entre otras cosas, nos informa sobre la velocidad a la que el dinero que tenemos invertido va perdiendo poder adquisitivo. En el gráfico 2 podemos ver su comportamiento en los últimos años.

Evolución de la inflación

En el gráfico 2 vemos cómo desde 2012 se ha venido produciendo una significativa y persistente reducción de la inflación. La reducción en el nivel general de precios trae buenas noticias al inversor, ya que eleva la rentabilidad real de las inversiones. Parece que las inversiones nos dan menos rentabilidad, al menos en los papeles, pero el hecho es que el dinero que obtenemos con ellas nos da más de sí porque va perdiendo poder adquisitivo más despacio, o incluso lo recupera (si la inflación es negativa).

La enseñanza que debemos sacar es que hay que valorar el efecto de una mayor o menor inflación en la rentabilidad real de las inversiones. Por ejemplo, es mejor cobrar un interés del 1% con una inflación del 0% que cobrar un interés del 4% con una inflación del 6%. La razón es muy simple: transcurrido un año, en el primer caso el poder adquisitivo de los ahorros que colocamos en esa inversión habrá crecido un 1%, mientras que en el segundo caso se ha reducido un 2%.

¿Y las comisiones no “comen” rentabilidad?

Sí, las comisiones pueden hacer que una rentabilidad real positiva antes de su pago se convierta en negativa. Eso es más probable en las inversiones de menor riesgo y, por consiguiente, una menor rentabilidad esperada. Por eso es muy importante consultar siempre las comisiones que nos supondrán nuestras inversiones.

El Fondo NARANJA Conservador o el Fondo NARANJA Renta Fija son dos ejemplos de que, con bajas comisiones, se puede obtener una rentabilidad real apreciablemente positiva evitando los grandes riesgos. Por eso, cuando alguien se lamente porque las inversiones no dan nada, siempre podemos responderle: y a ti, ¿cuánto te han cobrado en comisiones?

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