Aquí tienes nueve razones para usar el transporte público sin caer en tópicos

Un buen transporte público aumenta la calidad de vida de las personas de una ciudad, incluso de aquellas que no lo utilizan a diario. Es por eso que existen muchas razones para usar el transporte público más allá de las obvias referentes al ahorro que puede suponer obtener el abono de tu ciudad.

La mayoría de los estudios delimitan el transporte público a cifras de ahorro energético y lo que ello redunda en el bolsillo de los usuarios, pero hoy mencionaremos aspectos sociales, aire limpio, menor impacto sonoro, felicidad y deporte, entre otros. Si quieres una excusa para usar el transporte público, sigue leyendo:

1. Por mejorar la calidad del aire que respiras

El aire es un recurso compartido para los habitantes de una misma ciudad, tanto si usan vehículos propios, transporte público sobre calzada (como autobuses o taxis) o transporte soterrado (metro). La calidad de este aire, que tiene como contribuyente negativo la polución de los vehículos, es un factor relevante del bienestar de la población.

Aquellas poblaciones cuyo consumo de combustibles fósiles en vehículos privados es menor, disfrutan de una calidad de vida mucho más alta que aquellas que fomentan el uso del vehículo propio. La relación entre personas y vehículos es un factor casi directamente relacionado con la polución del aire, y este con las enfermedades respiratorias.

A menor número de vehículos por persona, menor es la emisión de partículas a la atmósfera. Si además los viajes se concentran en vehículos eléctricos o de bajo consumo, como muchos sistemas de trenes o líneas de autobús, la polución baja a niveles casi nulos.

En España, Las Palmas de Gran Canaria se lleva la medalla de oro al aire limpio según la OMS. El sistema de transporte público más extendido son los autobuses (guaguas), aunque la bicicleta ha recortado espacio al coche propio.

2. Por el deporte

Siguiendo con la calidad del aire, unos de los factores determinantes para hacer (o para no hacer) deporte en público son el clima y el número de partículas en suspensión. En ciudades cuyo aire está más limpio la gente realiza más deporte, ya sea entrenamientos para ahorrar en salud o haciendo uso de la bicicleta para moverse de un lado a otro.

Esto significa que las personas que viven en una ciudad con una mejor infraestructura de transportes públicos tiene una mayor predisposición a usar la bicicleta para moverse, generando una espiral de cambio dentro de las urbes. Además, mucha gente tiene miedo a circular por la calzada con su bicicleta, por lo que un fomento del transporte público (y una bajada del flujo de tráfico) ayuda a que muchos conductores se pasen a la bici, ahorrando a cada pedalada.

Los transportes públicos circulan en muchas ocasiones por el subsuelo (como el metro), pero incluso los autobuses que conducen sobre asfalto eliminan parte de la calzada. En un autobús caben unas 30 personas cómodamente sentadas, mientras que el mismo número de personas repartidas en vehículos de cuatro plazas requerirían ocho coches (ocupando de tres a cinco veces más vía pública que el autobús). Por lo tanto, el fomento del transporte público libera carriles que pueden ser ocupados por aceras con césped o parques.

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3. Por los más jóvenes

Al contrario de lo que ocurre en las poblaciones que obligan a sus usuarios a usar el vehículo privado, aquellas urbes con una red de transporte público bueno consiguen que los más jóvenes tengan mucha mayor autonomía.

Imaginemos una ciudad en la que para acudir a la escuela los niños tuviesen que usar un vehículo privado de manera obligatoria. Esto, que ocurre en muchas zonas de Estados Unidos, cuyo modelo de transportes es antagónico al europeo, genera una gran dependencia del vehículo y aumenta los desplazamientos, pues son los adultos los que deben ir y volver para llevar a los adolescentes al colegio, al entrenamiento, al cine…

Barcelona, Madrid, Sevilla o Bilbao son algunos ejemplos de ciudades grandes cuyos habitantes gozan de la oportunidad de viajar de un extremo a otro de la ciudad sin necesidad de un vehículo propio. En estas ciudades un menor de edad gana en autonomía, liberando a los adultos de los que depende y evitando un consumo innecesario.

4. Por el civismo

El civismo y el transporte público parece estar estrechamente relacionado: las ciudades con un mejor de sistema de transporte parecen tener a los habitantes más cívicos. Algo relativamente fácil de comprender, ya que los usuarios de transporte público son personas que día a día se encaran a un millar de desconocidos para compartir espacios pequeños, un número limitado de asientos y a veces decenas de escaleras mecánicas.Las personas que usan el transporte público están acostumbradas a compartir los recursos a su alcance: desde echar una mano para bajar el carrito de un bebé a ceder el sitio a una persona que lo necesite. El suburbano es un gran ejemplo de este tipo de sinergias entre pasajeros, cuyos intercambios de ayuda ocasionales suelen acompañar de una sonrisa durante todo el día a quien se ve relacionados con ellos.

Es algo completamente diferente a las situaciones en las que el mismo número de personas trata de avanzar con vehículos propios: gritos, pitos y otros síntomas de agresividad. El usuario del transporte público tiene una gran liberación: él no controla la velocidad ni los tiempos, por lo que puede relajarse y disfrutar del paseo, aprovechando el tiempo.

5. Por el tiempo ganado

Muchas personas consideran que un viaje en transporte público puede ocasionar una pérdida de tiempo con respecto al viaje en un vehículo privado. Por poner un ejemplo sobre datos reales de movilidad, una hora es el tiempo que puede durar el acudir al trabajo en transporte público, mientras que si la misma persona acude en coche el trayecto durará cuarenta minutos.

Parece lógico que la mejor alternativa es el vehículo propio porque tardamos menos, pero hay que pensar en el tiempo aprovechado. El conductor no puede hacer nada más que conducir durante 40 minutos. Sin embargo, el usuario de transporte público contará con toda una hora para relajarse, meditar, ver una película o, lo más común, leer.

6. Por la cultura

Como usuario de transporte público no deja de sorprenderme el aumento de páginas por vagón. Cada vez más, la gente acude al metro acompañada de volúmenes que devoran en andenes y coches. La gente que usa el transporte público lee más. Esto significa que la persona que acude a su lugar de destino en transporte público lee más libros (de media) que los que usan un vehículo propio.

Debido a un aumento del índice de lectores entre los usuarios del transporte público algunos sistemas de transporte (como el que uso a diario, el Metro de Madrid) han incorporado bibliotecas públicas totalmente gratuitas para los viajeros. Estas bibliotecas se encuentran repartidas estratégicamente en los transbordos de la capital y permiten a la gente culturizarse y pasar un buen rato de camino al trabajo. En ciudades como Tokio, enormes estanterías ocupan las salidas de muchas bocas de metro, los usuarios miman los libros y los cuidan como si fuesen suyos.

Y, si vives en una ciudad sin bibliotecas en el transporte público, seguro que te interesan los libros a bajo precio, e incluso gratis.

7. Por la seguridad 

Dicen que viajar en avión es lo más seguro para moverse debido al bajo índice de accidentes por trayecto. Claro que es muy improbable que nos convenga acudir en avión al trabajo. Justo detrás de los aviones y los barcos están los trenes y los autobuses (aunque depende del modo en que se lean los datos). Frente al uso de vehículos privados, el transporte público es mucho más seguro.

Hay quien, más preocupado por la seguridad que por el coste de un kilómetro de gasolina, se decanta por el transporte público para evitar y minimizar posibles contratiempos.

8. Por el silencio y la paz

Vallas protectoras, limitación de velocidad y tapones para los oídos. Muchas personas sufren las consecuencias de ciudades con mal transporte público, que se traducen en una mayor frecuencia de tráfico.

Estas ciudades, en vez de incentivar el transporte público, levantan enormes muros para aislar las cada vez más llenas calzadas del ruido que generan los vehículos. Por otro lado, un fomento del transporte público redunda en ciudades más tranquilas, apacibles y con menos ruido.

Curiosamente no son más silenciosas, ya que los cantos de las aves vuelven cuando se marchan los cláxones de los vehículos. Pero, puestos a elegir, mejor el canto de un ave.

9. Por ayudar a tus vecinos

Imagínate a ti mismo tratando de elegir entre transporte público o vehículo propio. Por una casualidad increíble, las ventajas de uno y otro sistema están tan empatadas que te cuesta decidir cuál es la mejor opción. ¿Sabías que eligiendo viajar en transporte público estás ayudando a la economía de tus vecinos?

El transporte público está dentro de un paquete de gastos regionales cuya rentabilidad no es un requisito: se tiene transporte público porque hay mucha gente  que lo necesita, pero no es un negocio con beneficio. Sin embargo, aumentando el número de personas que usan el transporte público, los gastos que este tienen se pagan antes, la amortización de la inversión es más corta y por lo tanto se pueden bajar los precios.

Cada vez que una persona usa el transporte público, está contribuyendo a que éste sea más asequible y, por lo tanto, ayudando a todos los demás. Esto resulta en un menor coste, una mayor afluencia, una liberación de las calzadas y del ruido, un menor impacto medioambiental,… En definitiva, usando el transporte público de tu ciudad estás contribuyendo a la calidad de vida de todos los que te rodean.

Nosotros lo tenemos claro.

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Fotografías | Drew Coffman, Abigail Keenan; Fares Gheim

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