Compra ese pantalón que es un poco más caro, ahorrarás dinero

Una de las fechas más señaladas en el calendario para todo el amante del ahorro (además de la ropa) es el comienzo de las rebajas de invierno. La posibilidad de encontrar ese vestido, esos pantalones o esa chaqueta que tanto deseamos con importantes descuentos en su precio hacen que muchos de nosotros vayamos en masa, en muchos casos de forma caótica, a los grandes establecimientos o centros comerciales.

Sin embargo, todavía existen muchas personas cuyo objetivo no es tanto la adquisición de una prenda en concreto sino la compra de cualquier cosa que satisfaga nuestras necesidades de vestido al precio más barato posible, independientemente de su calidad y de que sepamos de antemano que nos va a durar menos de dos telediarios o que, incluso, no le vamos a dar el uso que a priori teníamos previsto. En un entorno en el que pagamos más por la alimentación ecológica, los coches más tolerantes con el medio ambiente o ese dipositivo móvil de última generación, ¿por qué presumimos de esa prenda low cost que hemos encontrado en el outlet de turno?

La moda low cost: presumir de las gangas que hemos comprado

Las circunstancias económicas actuales están abonando el terreno a los artículos de bajo coste, también en el mundo de la moda. Desde hace un tiempo a esta parte, se han generalizado las cadenas de ropa low cost que permiten encontrar cualquier prenda a precio de saldo sin tener que esperar a las rebajas. Si hace menos de 100 años poseer una prenda de ropa era prácticamente un lujo y, por este motivo, los ciudadanos las cuidaban y guardaban como oro en paño, hoy día cualquiera de nosotros tenemos ropa como para abrir una tienda que haga la competencia a la misma Zara.

El consumo de ropa se ha vuelto más rápido, accesible y barato. Una buena razón para aquellos que creen que una buena alternativa es adquirir zapatos que cuesten nueve euros el par, o incluso menos. Tal y como narra la utopía: no es que no podamos invertir más dinero en comprar ropa; simplemente no encontramos alguna razón para hacerlo..

Sin embargo, y tal y como ocurre con cualquier otro producto, la calidad de este tipo de bienes deja mucho que desear. El proceso de fabricación y logística permite a las empresas poner en el mercado productos con un precio que hace años nadie podía imaginar. Empero, éste es un tipo de ropa insustancial, que acabará en la basura o escondida en el fondo del armario tras seis o siete lavados.

Es más, cada día es más habitual comprar la ropa sin probarla previamente o simplemente cogerla del estante de turno para que permanezca por tiempo indefinido en el fondo del armario, sin uso. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos acumulado tal stock de prendas en nuestra casa que podríamos venderlas en el mercadillo o donarlas a una organización benéfica. Compramos barato, sí, pero eso no es sinónimo de ahorro al cabo de un tiempo.

En ropa, lo barato también puede salir caro

La oferta se ha adaptado a la demanda. Los consumidores somos cada vez más exigentes con el precio pero no con la calidad. Demandamos rebajas todos los días del año aunque esto suponga adquirir ropa que sabemos que nos va a durar menos de lo que nos duraría otro producto en condiciones normales o que, incluso, no nos vamos a poner en ningún momento.

Sin embargo, y al igual que ocurría con la sartén adherente, lo barato también puede salir caro. Por norma general, la ropa más barata es de peor calidad y en cuatro o cinco lavados tendremos que tirarla a la basura. Es más, estoy seguro de que, a pesar de que sabemos perfectamente que ya no nos vamos a poner esa prenda, la acumulamos en el armario; o algo todavía peor: comprar una prenda que nunca nos hemos puesto y que nunca nos vamos a poner.

Pues bien, hay que saber que esas prendas no tienen ningún tipo de valor decorativo; nadie nos va a pagar un solo euro por ellas y, en muchos casos, ni siquiera sirven para trapos. ¿Comprarías un bolígrafo si hubiese grandes posibilidades de no utilizarlo? Entonces, ¿por qué compramos ropa que nunca nos vamos a poner?

Este tipo de comportamiento por impulso es muy habitual en los almacenes low cost pero, evidentemente, no lo es tanto en las tiendas de ropa más caras. La psicología del consumidor hace que el precio tan rebajado nos parezca una ganga aunque realmente no nos guste. Y, de esta manera, tenemos una cantidad ingente de ropa en nuestro armario esperando su oportunidad; ésta nunca acaba por llegar.

Pero hay que tener en cuenta una cosa: cada prenda que compramos tiene un coste, por muy pequeño que sea. Evitar estas compras por impulso, aunque el propio establecimiento nos incite a ello, nos hará ahorrar mucho dinero al cabo del año. Analizar mucho más los productos nos llevará a compras de mucho más calidad, no por ello mucho más caras, y que, sin duda, nos permitirán ahorrar en un horizonte de más largo plazo. Todo sea porque lo barato no acabe saliendo caro.

En Naranja | La sartén adherente, el vivo ejemplo de que lo barato sale caro
Imagen | weinstock

Conversación

  • mariocobretti

    Sí, sí y sí: rotundamente sí. Siempre hay que buscar una buena relación calidad/precio y lo más barato no compensa casi nunca, aunque hay que reconocer que tiendas como Primark tienen un producto que en general es irresistible por precio y calidad.

  • minue

    Todo depende del uso, para un niño por ejemplo Primark y similares es la leche, porque cierto tipo de prendas crecen más rápido de lo que las rompen… o para cosas que sabes que se van a pasar de moda rápido, pero para la mayoría de los casos, lo barato sale caro

    • Josep Camós

      Bueno, depende. Para adultos Primark también puede estar bien en material como trapos de cocina, pijamas, batas…

      En general, las prendas que no tienen desgaste compensa comprarlas más baratas.

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