Compras y diversión, una combinación a evitar

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Pensemos en una situación típica que puede que todos hayamos vivido los fines de semana. Es sábado por la tarde y estamos viendo la típica película que echan por televisión después de comer, pero fuera hace un buen día como para quedarnos en casa toda la tarde. Como no sabemos muy bien que hacer, vamos a dar un paseo por el centro de la ciudad, y ya que estamos, vamos entrando en todas las tiendas que vemos.

Sin saberlo, hemos mezclado compras con diversión. Mezclar estos dos conceptos puede ser peligroso para nuestros bolsillos si es la única forma que tenemos de pasar el tiempo, sobre todo si nos dejamos llevar por nuestros impulsos y compramos muchas de las cosas que vemos o probamos y nos gustan.

Ir de compras puede convertirse en un problema

Salir de compras ya no es solo un acto necesario, si no que en muchas ocasiones es una actividad que los consumidores realizan simplemente por ocio, convirtiendo el propio acto de consumir en algo placentero y divertido que les proporciona satisfacción; lo cual no quiere decir que sea necesariamente bueno, al menos para nuestra economía familiar.

Esta forma de ocio es precisamente el motor y objetivo principal que anima el consumo impulsivo, un tipo de compra que se realiza de forma espontánea y no premeditada, especialmente vinculado a productos baratos, pequeños y de fácil consumo y que responden a un comportamiento del tipo:

Lo ví, me gustó y me lo compré.

Llegados a este punto es posible que no te consideres uno de estos consumidores, y que dejes de leer este artículo por pensar que esto no va contigo. Pero, ¿estás completamente seguro de ello? Para saberlo, hay una serie de señales de alarma que sería conveniente identificar:

  • Muchas prendas de ropa que te has puesto una o dos veces quedan en el fondo de armario sin ser utilizados.
  • Ciertas compras que, una vez superado el bienestar inicial después de comprarlo, aparece una sensación de malestar y de culpabilidad por haber adquirido algo que ya no nos gusta o que no vamos a utilizar.
  • Problemas con la economía familiar; los gastos, sobre todo los efectuados a través de tarjeta de crédito, superan con creces a los ingresos.

En estos casos, conviene detenerse a pensar qué es lo que está realmente ocurriendo, con el objetivo, no solo de ajustar la economía familiar, si no además de comprobar si existe algún problema mayor, ya que solucionando únicamente el problema económico, no arreglaremos el problema de raíz, que es precisamente el consumismo.

¿Cómo evitar el comportamiento consumista?

Esta pregunta no tiene ni una respuesta fácil, ni una respuesta única. De hecho, en este mismo blog ya hemos hablado en numerosas ocasiones de cómo evitar ciertos comportamientos que nos hacen gastar más dinero de lo realmente necesario desde diferentes puntos de vista.

De todas maneras, si bien es cierto que es difícil evitar salir de compras o a ver escaparates si esto nos proporciona una diversión y satisfacción personal, no menos cierto es que podemos evitar adquirir el producto definitivamente, por lo que pasear por una calle o centro comercial, en principio no tendría por qué ser un problema.

Una de las soluciones puede ser dejar la tarjeta de crédito o débito en casa. Sin ella, tendremos un límite de gasto que se corresponderá con el dinero que tengamos en nuestros bolsillos. A simple vista es obvio que no vamos a gastar más dinero del que llevemos encima, pero aun siendo lógico, es algo que es complicado de hacer. La tentación de no tener límite económico (el límite será la cantidad de dinero en nuestra cuenta bancaria) es muy grande, pero deberemos de hacer un esfuerzo para que nuestras compras no se salgan de nuestro presupuesto.

También deberíamos evitar, en la medida de lo posible, pasear por lugares en los que la tentación de entrar a las tiendas sea fuerte. En general, esto es ciertamente complicado, ya que estos paseos nos proporcionan la satisfacción de poder entrar en tiendas y probarnos cosas, que cualquier otro paseo no nos lo va a dar. Pero, aunque sea complicado, deberíamos de evitar en general cualquier situación que nos pueda tentar.

La pregunta básica que tendremos que hacernos todos es: ¿realmente necesitamos esto que vamos a comprar? Salir de compras únicamente por el mero hecho de divertirnos puede llegar a ser bastante peligroso. Comprar ha de ser un acto realizado por necesidad, y las menos veces por capricho, pero no de forma sistemática. Aprender a diferenciar nuestras necesidades de nuestro ocio puede ayudarnos también a ahorrar.

En Naranja | La compra impulsiva puede evitarse (y hay una fórmula matemática que lo demuestra)
Imagen | Simon J Campbell

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