Educar en el ahorro es invertir a largo plazo (II)

Creciendo

El otro día veíamos “cómo sentar las bases del ahorro con nuestro hijo”:http://www.ennaranja.com/para-ahorradores/educar-en-el-ahorro-es-invertir-a-largo-plazo-i, convencidos de que una buena educación financiera le servirá para gestionar mejor su futuro. También concretamos las formas que usaríamos para sentar esas bases: generando el *hábito del ahorro*, siendo para el niño un *modelo de ahorrador* e involucrándole en algunos aspectos de la *economía del hogar*.

Hoy abordaremos la segunda parte de esta evolución económica de nuestro hijo, que vendrá cuando nos pida dinero para _sus cosas_. ¿Debemos darle una paga al niño? ¿Debe tener su propia cuenta en el banco? ¿Cómo podemos ayudarles a ser consumidores inteligentes? Sí, quizá parezca que con los años los problemas crecen, así que vamos a hacer lo posible para que el niño pase a ser no tan niño sin más problemas que los derivados de la adolescencia, que ya son.

Paga sí, paga no, y cómo gestionarla

Este es un debate que queda en el terreno de la privacidad de cada hogar. Si optamos por dar paga, lo ideal es que establezcamos una periodicidad corta, semanal mejor que mensual, más algunos incentivos por tareas bien realizadas. De todas formas, conviene que la paga sirva para enseñar a nuestro hijo *la importancia de gestionar bien sus ahorros*, y no tanto como un elemento de recompensa o castigo.

En ese sentido, la paga servirá para que el niño *refuerce su aprendizaje en el ahorro*: el dinero no es infinito sino limitado a lo que se percibe cada cierto tiempo, a veces conviene renunciar a algunas cosas para obtener otras y ahorrar cuesta un cierto esfuerzo que luego se ve compensado con creces.

Si en casa vamos _justos_ de dinero, siempre podemos reorientar la idea de la paga como fuente de financiación para que el niño corra con *algunos de sus gastos*: las chucherías, los cromos, los cuentos… e incluso algunos elementos de material escolar que conviene reponer, como un lápiz o un bolígrafo. Y por supuesto habrá que razonar con él la razón por la que estamos actuando así. De esta manera, nuestro hijo aprenderá a manejarse con el dinero de forma natural.

Su primera cuenta bancaria

Hay abuelos que incluso regalan a sus recién nacidos nietos una cuenta de ahorro con una primera aportación económica, lo que abrirá el camino para que mientras el pequeño crece se forme también su carácter de ahorrador inteligente. Así, todos los niños pueden disponer de una cartilla donde hacer ingresos y *ver cómo sus ahorros van creciendo con el tiempo*.

Ese es el papel fundamental que tienen las *cuentas de ahorro para niños*: educarles en el ahorro y motivarles para que se involucren en la gestión de sus propias finanzas. Si de pequeño ya aprende a ahorrar, cuando le llegue el día de hacer sus primeras grandes compras sabrá cómo financiarlas.

Cómo educar en el consumo inteligente

Y a partir de aquí, el niño educado en el ahorro inteligente va a adentrarse en el mundo del consumo inteligente. De entrada, y siguiendo la lógica de todo lo que hemos expuesto, conviene que nuestro hijo desarrolle un *sentido crítico* hacia todos los estímulos publicitarios que recibimos al cabo del día, distinguiendo los anuncios de los contenidos que encuentran en los medios de comunicación y haciéndoles ver el papel de la publicidad en su contexto.

No es recomendable tampoco ofrecer una visión sesgada o excesivamente negativa. Para educar al niño en el ejercicio de sus futuras responsabilidades como consumidor inteligente, basta con que le hagamos entender que la publicidad trata de vendernos un producto, y que somos nosotros quienes *debemos evaluar si nos interesa de forma suficiente*.

Como en el caso del ahorro, en el consumo inteligente nosotros vamos a tener un papel fundamental como *modelo de actitudes* para nuestro hijo, así que… ¡prediquemos con el ejemplo! Involucremos al niño en nuestras decisiones a la hora de comprar, por ejemplo, un electrodoméstico. ¿Por qué nos llama la atención ese y en cambio ese otro no? Si el niño nos ve evaluar una compra, aprenderá a hacer lo mismo.

Hacia la gestión de la economía doméstica

Quizá la prueba de fuego para comprobar si este proceso de aprendizaje se ha desarrollado con éxito la veremos cuando el niño llegue a la *adolescencia*, cuando comience a buscar su propio encaje en la sociedad y se lance a la aventura de experimentar vivencias sin nuestra compañía permanente.

En realidad, lo único que cambia en esta época es la magnitud, pero no las bases de la educación en el ahorro. Si desde pequeño nuestro hijo se acostumbró a manejarse con pequeñas cantidades de dinero y pequeños gastos, ahora los números serán mayores y las partidas también aumentarán, y es el momento perfecto para que el que ya no es tan niño *aprenda a autogestionarse*.

Si sólo dejamos que compre *ropa y caprichos con su dinero*, difícilmente entrará en la rueda de los pagos obligatorios de cualquier familia, como la luz, el agua o el teléfono, y eso le hará más difícil la gestión de su propio presupuesto cuando se independice. Un momento, ¿debe pagar el agua que consume en casa? No, no se trata de eso; pero sí hablamos, por ejemplo, de que sea él quien corra con la factura de su propio móvil.

También es este el momento ideal para estimular a nuestro hijo a que intente obtener una cierta tranquilidad económica de cara al futuro, haciéndole buscar una *rentabilidad mayor para sus ahorros* y explicándole las diferentes opciones que tiene para *financiar una compra*. Eso le ayudará también a fijarse objetivos a más largo plazo, lo que sin duda redundará en un mayor control de su propia economía.

Con el tiempo, veremos cómo aquel que fue nuestro pequeño ahorrador pasa a ser un *ahorrador inteligente con plena capacidad de decisión y autogestión*, con mayor madurez y espíritu crítico y, sobre todo, independiente en lo económico.

Foto | Raúl Hernández
En Naranja | Educar en el ahorro es invertir a largo plazo (I)

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