El consumo responsable: cuando darse un capricho es algo excepcional

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¿Quién no se ha dado un capricho alguna vez? Pasear por el centro de nuestra ciudad o por ese centro comercial tan de moda nos incita a consumir, y desde luego, las oportunidades de comprar serán tantas que lo difícil será contenerse e irnos a casa únicamente con lo imprescindible.

Pero esta es, sin duda, una de las claves de todo consumo responsable. Hay múltiples estrategias que las empresas emplean para que nos vayamos a casa con más de lo que teníamos en principio pensado y que, en muchos casos, hacen que nosotros, como consumidores, no podamos resistirnos. Sin embargo, estos caprichos deben ser casos aislados y no la tónica general si queremos llegar a ser unos verdaderos consumidores responsables.

Publicidad: el arte de crear necesidades

Maslow proponía una pirámide de necesidades en la cual, conforme se iban satisfaciendo las necesidades más básicas de los individuos, éstos iban desarrollando nuevos deseos más elevados, no siempre tan necesarios como los del nivel inmediatamente anterior. Y es precisamente la publicidad la estrategia empresarial que nos crea estas necesidades de nivel superior.

Nos hemos convertido en sociedades en las que cuanto más tenemos, más queremos. Todos hemos llegado a ser unos grandes consumistas en la medida en la que si un producto sale por la televisión tenemos que comprarlo, creándonos de esta manera una hábito de compra compulsiva que en principio no responde al conjunto de necesidades de un consumidor.

La publicidad y el marketing llaman la atención y despiertan el interés, producen el deseo y nos conducen a la compra. Se compra siguiendo unos modelos estándar: persona que vive de una manera cómoda, de éxito, triunfador o de prestigio social, etc. Los famosos prescriptores son los espejos en los que queremos vernos reflejados, para lo cual estamos dispuestos a adquirir cualquier producto asociado a estas celebrities.

De hecho, recientes estudios señalan a los niños como los mejores consumidores. Los más pequeños son las principales víctimas de esta publicidad desenfrenada, sobre todo si reciben esta información en ciertas épocas sensibles como la Navidad.

¿Podemos prescindir de la publicidad? Difícil; la cantidad de información a la que estamos expuestos diariamente hace que no ver un anuncio sea una tarea prácticamente imposible. Sin embargo, siempre tenemos la posibilidad de evitar exponernos a la publicidad más efectiva si vemos menos la televisión o si evitamos que nuestros hijos sepan que existe uno u otro producto. Desde luego, esta última fórmula es quizá la más efectiva de ahorro o, al menos la más realista.

Pequeños gastos que acaban mermando nuestra economía

Directamente asociado con el fenómeno de la publicidad y el de la compra compulsiva está el apartado de los pequeños gastos, partida que es más grande de lo que podamos imaginar. El me lo compro porque está tirado de precio acaba creando una gran bola de nieve difícil de detener. Generalmente, se trata de pequeños caprichos que por sí solos no significan nada pero que acaban generando un importe grande que merman nuestra capacidad de consumo de productos o servicios más básicos.

¿Sabemos diferenciar los gastos necesarios de los gastos superfluos, o de los gastos innecesarios? Estoy por apostar que no. Por ejemplo, bien es cierto que todos nosotros necesitamos cenar todos los días por lo que nuestra alimentación es un gasto importante e imprescindible. Pero este gasto puede acabar convirtiéndose en superfluo si nos damos el capricho de cenar todos los días fuera.

Estos gastos superfluos son aquellos gastos que con el tiempo no dan el resultado pretendido y a veces le impiden ahorrar lo que quisiera; el más común actualmente es la inscripción a un gimnasio al que jamás asistimos, gasto que no está justificado y del que deberíamos prescindir.

Elaborar un pequeño listado con los gastos necesarios puede ser un buen punto de partida. Conocer qué gastos son imprescindibles y el presupuesto con el que contamos nos ayudará a establecer un buen punto de partida para saber cuáles son los caprichos que nos podemos permitir y cuáles no.

Todo ello no quiere decir en ningún caso que debamos prescindir de todos los pequeños caprichos que nos hacen tan felices, lo que definitivamente puede llegar a ser una tortura; los caprichos deben ser la excepción y no la regla y, desde luego, no vamos a ganar más dinero prescindiendo de ellos pero, al menos no lo perderemos de manera improductiva.

En Naranja | ¿Podemos llegar a autorrealizarnos sin satisfacer lo más básico? la pirámide de Maslow
Imagen | datarec

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Comentarios

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    Como siempre, en el equilibrio está la virtud. Y desde luego, aunque por naturaleza fuéramos más o menos equilibrados, siempre tendríamos que realizar un ejercicio de consumo inteligente para compensar los inputs que recibimos a diario para que consumamos aquello que quizá no necesitamos.

    En cualquier caso, mi percepción de la publicidad y el marketing no es negativa. Al contrario, sirve para que conozcamos productos y servicios y luego podamos ejercer nuestro papel de consumidor con más elementos de juicio. Y además, si está bien hecha tiene su arte, como todo en Comunicación.

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