El régimen de alojamiento también es importante a la hora de buscar las vacaciones ideales

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El pasado mes de Julio he estado de vacaciones en un hotel de una de las islas más bonitas de las Islas Canarias (de cuyo nombre no quiero acordarme). Al entrar en el hotel, un miembro de su personal me colocó una pulsera de color verde en la muñeca de mi mano derecha que me permitía acceder a todas las comidas y bebidas que proporcionaba el hotel sin coste adicional. Sí, estoy hablando del archiconocido Todo Incluido.

Decidir el lugar donde pasaremos nuestras vacaciones implica elegir el lugar donde nos vamos a alojar. Esta decisión supone escoger su ubicación, los servicios que ofrece a sus clientes o su facilidad para encontrar un aparcamiento cerca. Pero también supone elegir el régimen de alojamiento, una decisión nada desdeñable y que puede suponer un ahorro bastante notable.

¿Solo alojamiento o con desayuno?

Por fin. Ha llegado uno de los días más deseados del año. Llegan las vacaciones de verano y muchos se disponen a elegir su destino ideal. Un destino que nos guste, nos relaje, nos haga desconectar por unos días del día a día y nos permita volver con las pilas totalmente cargadas para afrontar una nueva temporada laboral.

Ya tenemos el destino y ahora nos toca encontrar alojamiento. Solemos buscar lugares tranquilos, bien situados o, simplemente, que ofrezca los servicios que necesitamos. Sin embargo, pocas veces nos fijamos en cuál es su régimen de alojamiento. Y es un punto muy a tener en cuenta si no queremos gastar un euro de más en nuestras vacaciones.

La mayoría de hoteles que existen ofrecen una serie de regímenes de alojamiento entre los que podemos elegir: sólo alojamiento, alojamiento y desayuno, media pensión, pensión completa o todo incluido son algunos de los que ofrecen muchos destinos, sobre todo los destinos costeros de sol y playa.

Ahora bien, ¿cuál debe ser mi elección y por qué? La siguiente tabla muestra cuáles son los servicios que ofrece una u otra opción:

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En líneas generales, tal y como vemos en el cuadro, los regímenes se diferencian en la cantidad de comidas a la que tenemos acceso. Por ejemplo, con media pensión tendremos acceso al desayuno y, bien a la comida, bien a la cena, mientras que la pensión completa nos da acceso a todas las comidas, pero sin acceso a las bebidas. Pero, entonces, ¿cómo decidimos el régimen que más nos interesa?

Elegir el régimen adecuado: cuestión de destino y de nuestras preferencias

Yo tengo una opinión muy formada acerca del régimen a elegir en nuestras vacaciones: todo depende de nuestro destino. Cuando, por ejemplo, visitamos Londres, no tiene mucho sentido elegir un régimen de pensión completa o todo incluido ya que la mayor parte del tiempo de viaje la vamos a pasar conociendo la ciudad.

En líneas generales, en las visitas culturales, y con más razón si hablamos de ciudades grandes en las que nos lleve un cierto tiempo llegar al hotel a descansar, es mucho más interesante escoger un régimen de alojamiento y desayuno, con el objetivo de coger fuerzas al principio del día para visitar todas las atracciones turísticas y oferta cultural que ofrecen las grandes ciudades, y poder comer y cenar cerca del centro de las mismas.

Sin embargo, los destinos costeros de sol y playa suelen ser unas vacaciones diferentes a las culturales. Por lo general, el hotel está cerca de la playa (en algunos casos están, incluso, dentro de ella) o el propio complejo ofrece toda la oferta de ocio que necesitamos por lo que, en estos casos, suele ser más interesante escoger el régimen de todo incluido.

Además, si los alrededores ofrecen un cierto atractivo cultural, el propio hotel se suele encargar de proporcionarnos un pequeño almuerzo para no perder tiempo en volver al hotel y disfrutar al máximo de nuestro día, el picnic. De cualquier modo, siempre podemos renunciar a la comida algún día puntual y almorzar en alguno de los múltiples restaurantes que, a buen seguro, estarán cerca de la oferta turística.

En definitiva, el régimen de todo incluido nos proporciona una mayor flexibilidad en cuanto a las comidas a tomar en el complejo hotelero pero, a cambio, supone un mayor coste. Entonces, ¿qué nos interesa más?

¿Y cuánto nos podemos ahorrar?

En la estancia que mencioné en la introducción de este artículo, un destino tradicional de sol y playa, comprobé que un régimen de todo incluido es ideal, ya que la diferencia entre este régimen y uno de solo alojamiento no es excesiva y el ahorro en comidas hace que merezca realmente la pena.

Por ejemplo, imaginemos una pareja que va a pasar una semana de vacaciones a las islas Canarias. La diferencia en un hotel de tres estrellas entre un régimen de solo alojamiento y otro de todo incluido es de 200 euros, lo que supone una diferencia diaria de, aproximadamente, 15 euros por persona y por día.

Teniendo en cuenta este dato, únicamente compensaría la elección del régimen de solo alojamiento si la suma de los importes del desayuno, comida, cena y bebidas es inferior a 15 euros. Parece razonable pensar que solo una de las comidas ya pueden tener ese coste por lo que, en general, compensa. De hecho, si cada día nos gastamos 30 euros por persona y por día en comidas y bebidas durante nuestra estancia vacacional, ya nos habremos ahorrado 15 euros, la mitad de lo que nos hubiésemos gastado en caso de haber elegido un régimen sin comidas.

De todos modos, no siempre merece la pena el régimen de todo incluido o pensión completa: en ciudades grandes, acudir al hotel a cenar o comer puede suponer un coste en transporte que no compense la elección de ese régimen, al margen de la pérdida de tiempo que supone. En definitiva, cada persona tiene unos intereses diferentes y para cada uno, existe un régimen de alojamiento diferente. Es importante hacer números y ver si compensa económicamente. Del resto, solo nos tenemos que preocupar de disfrutar de nuestras vacaciones.

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Imagen | Sarah_Ackerman

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