El sábado volveremos a cambiar nuestros relojes, ¿cuánto ahorramos con el cambio de hora?

El último sábado de marzo cambia la hora. A las dos de la madrugada tendremos que adelantar los relojes una hora. Comienza el horario de verano, aunque acabamos de inaugurar la primavera. Con este adelanto horario amanece más temprano, pero oscurece más tarde, lo que retrasa el encendido de las luces. El objetivo es reducir el consumo eléctrico, pero la cuestión es ¿cuánto ahorramos con el cambio de hora?

El cambio de hora se realiza para ajustar la jornada laboral a las horas de luz y disfrutar del ocio más tiempo por la tarde. España no es el único país que cambia los relojes en primavera y otoño. Muchos otros países siguen esta normativa en todo el mundo, aunque todavía quedan algunos que se resisten al cambio horario. Entre los países industrializados, China, Japón y Rusia han decidido quedarse al margen y no adelantar los relojes.

40 años de cambio de hora

Según cuenta la historia, parece que fue Benjamín Franklin, en 1784, el primero que planteó la posibilidad de cambiar la hora para aprovechar las horas de luz solar en el trabajo y ahorrar en velas, que era la energía que se utilizaba por aquel entonces. Sin embargo, fue durante la Primera Guerra Mundial cuando se hizo efectiva esta medida en Alemania para ahorrar carbón. Esta iniciativa se extendió al resto de países durante la contienda.

En la Segunda Guerra Mundial fue Estados Unidos el país que impuso el cambio de hora para ahorrar energía. Y de nuevo volvió a implantar el horario de verano en todos los países en la crisis del petróleo de 1973.

Desde entonces, en España se adoptó el cambio de horario cada año en días diferentes, según lo fijaba la normativa europea. A partir de 2002, la Directiva 2000/84 fijó de forma definitiva el comienzo del horario de verano el último sábado de marzo y el comienzo del horario de invierno el último sábado de octubre, en todos los países de la UE.

¿Qué ahorro se consigue con el cambio de hora?

La razón que justifica el cambio de hora es el ahorro de energía que se consigue aprovechando más horas de luz durante el día. En España, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha estimado que el potencial de ahorro en iluminación puede ascender al 5% del consumo eléctrico, lo que equivale a unos 300 millones de euros. Esa cantidad engloba tanto el consumo de los hogares, 90 millones, como el realizado por los edificios y la industria, donde se ahorran 210 millones.

En el seno de la Comisión Europea, sin embargo, se cuestiona el ahorro energético conseguido con el cambio de hora. En general, se cree que el adelanto de la hora en verano genera un pequeño ahorro de energía que algunos cifran en sólo un 0,5% sobre el consumo nacional de un país, mientras que otros estudios creen que tiene un nulo efecto.

Desde la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) rechazan el adelanto de la hora en marzo y reivindican que no se efectúe para conseguir que España se rija por el huso horario que le corresponde por su situación geográfica. Esta asociación considera que España tiene un horario desfasado desde 1942, cuando adaptó su horario al que tenía Berlín. Desde entonces, no se ha vuelto a recuperar el horario. Para conseguirlo, esta asociación propone no adelantar la hora en marzo, pero sí retrasarla en octubre, y adoptar así la hora de Inglaterra y Portugal.

Además, cuestionan el ahorro energético conseguido con el horario de verano, porque se sale muy tarde de trabajar, impidiendo la conciliación personal y laboral.

El cambio de hora también afecta a la salud

El cambio de hora también es cuestionado por los trastornos que provoca en el reloj biológico de las personas, principalmente los niños y ancianos. Con el adelanto de la hora en verano se tiene la sensación de que se pierde una hora que es recuperada seis meses después.

Existen diferentes estudios que refieren que el cambio de hora tiene los mismos efectos que el jet lag cuando se viaja: trastornos del sueño con insomnio o somnolencia, y en el estado de ánimo con irritabilidad, nerviosismo y falta de concentración.

Para no tener problemas de adaptación al cambio de hora es aconsejable hacer ejercicio suave, modificar los horarios de comida y adaptarse al cambio horario desde unos días antes. Dentro de seis meses, con la llegada de invierno, habrá que adaptarse nuevamente a un nuevo atraso de nuestros relojes.

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