Estas son las técnicas de márketing que usan los supermercados para que compres más

A todos nos ha pasado: vamos al supermercado a comprar huevos y patatas y volvemos a casa con unas galletas de chocolate, 18 rollos de papel de cocina (“es que estaban de oferta a 3×2”) y, probablemente, unas gominolas que hemos cogido mientras esperábamos a pagar en la caja. Como nos descuidemos, hasta nos olvidamos de algo de lo que habíamos ido a comprar y nos toca volver.

Los supermercados utilizan muchas técnicas de márketing para que compremos más,  y aunque seamos consumidores inteligentes y vayamos preparados para descifrar las ofertas, son trucos que, inevitablemente, acaban funcionando, si bien conocerlos ayuda a esquivarlos.

Los trucos que usan los supermercados para vender más

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  • Los productos de primera necesidad, al fondo: La leche, el arroz, el aceite o la pasta son habituales de nuestra lista de la compra. Pues bien, estos productos suelen estar siempre al fondo del supermercado, para que debamos recorrer el resto de secciones antes de llegar a ellos.
  • Los caprichos, en la entrada: de la misma manera, al entrar al supermercado están los artículos que normalmente no planificamos comprar: dulces, videojuegos, ropa, electrónica…
  • Lo que más se quiere vender, a la altura de los ojos: normalmente, los productos de marca se encontraban a esta altura, mientras que para alcanzar los de marca blanca había que agacharse o estirarse. Sin embargo, esta es una tendencia que ha cambiado, ya que los supermercados también intentan potenciar sus propias marcas. Al mismo tiempo, a la altura de los ojos de los niños se suelen situar productos que les resulten atractivos, como chocolate, cereales con azúcar o gominolas.

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  • Ofertas que ponen a prueba nuestras habilidades matemáticas: con cálculos difíciles de hacer mentalmente, con unidades que no se pueden comparar o diferentes a las del envase. Por ejemplo, la segunda unidad al 70% y otras similares.
  • Formatos ahorro: muchas veces compramos el paquete más grande porque pensamos que es más barato, pero hay dos razones para pensárselo dos veces. La primera, porque si no necesitamos tanta cantidad, el ahorro no es tal; la segunda, porque muchas veces los paquetes grandes no ofrecen un precio mejor por unidad (o por peso).
  • La panadería está al principio de la zona de alimentación: la razón no es otra que porque el olor a pan recién hecho activa nuestras glándulas salivares y nos invita a creer que tenemos hambre, y ya sabemos lo mal que compramos con hambre.

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  • El broche final, las ofertas en caja: porque además de tentarnos con todo tipo de golosinas y productos de ocio en las estanterías junto a la caja, también es una práctica habitual que, cuando ya estamos pagando, la cajera nos sugiere incluir un producto en oferta, sin que tengamos tiempo de analizar si nos interesa o si realmente es una buena compra.
  • Las tarjetas de fidelización, para que vuelvas: aunque son una buena manera de ahorrar, estas tarjetas que ofrecen puntos y descuentos son también una forma de que volvamos a ese supermercado, y no a otro, y también para poder recoger datos sobre nuestros hábitos de consumo.

Guía de supervivencia en el supermercado

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Además de nuestra imprescindible guía para ahorrar en la cesta de la compra, vamos a revisar ahora los trucos que tenemos como consumidores para mitigar el efecto de las técnicas de márketing de los supermercados:

  • Hacer una lista y ceñirse a ella: porque así evitamos comprar nada que no necesitemos, simplemente porque estaba de oferta.
  • Usa la calculadora del móvil: o aprender a hacer cálculos matemáticos rápidos, esenciales a la hora de descifrar ofertas.
  • Comparar el precio por kilo o por unidad: es un dato que debe aparecer en la etiqueta de precio, aunque suele estar un poco pequeño y no siempre bien calculado.
  • Compara el precio entre diferentes supermercados: para comprobar si las ofertas son realmente interesantes. Recordemos, nuestro smartphone es la mejor arma para comparar precios.
  • No ir con hambre: porque no tomamos buenas decisiones hambrientos, y además querremos hacer la compra lo más rápido posible.
  • Agacharse para buscar el mejor precio: como hemos comentado, a la altura de los ojos no suelen encontrarse los productos que nos interesan, sino los que quieren que compremos, así que toca agacharse y comprobar lo que hay en las baldas inferiores.
  • Evitar las visitas frecuentes al supermercado: aunque comprar con frecuencia y en menores cantidades nos permite evitar desperdiciar comida en casa, también es cierto que cada visita al supermercado es una nueva prueba de fuego en la que podemos salir con algo que no necesitemos (aunque estemos convencidos de que sí). Así que, aunque nos apetezca salir cada día a ver si encontramos un mamut, conviene reducir las visitas al supermercado.

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