Este año sí quiero ponerme en forma, pero ¿en casa o en el gimnasio?

Entre la lista de propósitos para el nuevo año siempre hay uno que ocupa un lugar destacado: apuntarme a un gimnasio, hacer deporte y acabar de una vez por todas con la dichosa tripita que tan antiestética queda en las fotos de nuestras vacaciones de verano en la playa. No en vano, los primeros días del recién estrenado mes de enero son siempre los días con más afluencia de gente en los gimnasios de España.

Pero todos los años queda en eso, en un buen propósito aunque, como en cualquier faceta de la vida, existen excepciones a la regla, y no solo en el gimnasio, sino también en casa. Si eres de los que te tomas en serio tus propósitos y vas a pasar a la acción, quizá te interese saber cómo ahorrar al hacer deporte. ¿Ir al gimnasio o quedarme en casa? He aquí la cuestión, y la respuesta no tiene por qué ser única.

Y ahora que me lo he propuesto, ¿qué deporte hago?

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Lo primero que debemos plantearnos, mucho antes incluso de dar el paso y apuntarnos al gimnasio, es saber qué deporte o deportes vamos a realizar. No es lo mismo pensar en hacer footing que montar en bicicleta, comenzar a hacer triatlones o practicar tenis. Los entrenamientos son muy diferentes y su capacidad para adelgazar y ponernos en forma, también muy distinta.

Además, según nuestro objetivo, será interesante o no que nos apuntemos al gimnasio. Si buscamos una pachanga semanal con nuestros amigos no tiene sentido que pensemos en ir al gimnasio, puesto que es un deporte que podemos practicar de forma gratuita en cualquier parque. En general, si nos da pereza coger una mancuerna o hacer ejercicios de torso con los aparatos, quizá nuestro lugar no sea el gimnasio sino el aire libre.

Aún así, si después de plantearnos esta cuestión, creemos que estaremos más en forma si nos apuntamos a un gimnasio, el siguiente paso a dar es acudir en persona y formalizar la matrícula. Pero, ¡un momento!; si el otro día en la tienda he visto que venden los aparatos para que pueda practicar el deporte en casa; esto nos lo pone un poco más difícil. Veamos si compensa comprar los aparatos y hacer deporte en nuestra propia casa.

Mi bicicleta estática en casa, ¿cuánto me ahorro?

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En una empresa, el umbral de rentabilidad representa el volumen de ventas (o número de cantidades vendida) a partir del cual un determinado producto comienza a generar beneficios. Utilizándolo como símil, vamos a calcular si apuntarse al gimnasio sale rentable si nuestra única intención es utilizar la bicicleta estática.

Imaginemos que la cuota mensual del gimnasio es de 40 euros y el coste de la bicicleta estática es de 200 euros. Con estos datos, vamos a utilizar el umbral de rentabilidad para calcular a partir de qué mes sale rentable comprar la bicicleta estática mediante un sencillo cálculo representado en la siguiente tabla:

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Es decir, si solo utilizamos la bicicleta estática, apuntarse al gimnasio será rentable si lo hacemos durante los primeros cinco meses. Dicho de otro modo, comprar la bicicleta estática será más rentable que apuntarse al gimnasio a partir del quinto mes de uso, y el beneficio o ahorro de comprar la bicicleta estática será tanto mayor cuanto más tiempo lo utilicemos.

Ahora bien, evidentemente, el gimnasio no es solo una bicicleta estática y son muchos los aparatos que podemos utilizar. Si, por ejemplo, además de la bicicleta estática, vamos a hacer elíptica y compramos, para ello, un aparato que tiene un precio de 300 euros, el umbral de rentabilidad pasa a ser:

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Es decir, comprar una bicicleta estática y una elíptica en lugar de ir al gimnasio comenzará a tener sentido a partir del décimo mes de uso. Conforme aumente el número de aparatos que utilicemos (y compremos), serán cada vez mayor el número de meses en los que comenzaremos a rentabilizar nuestra inversión.

No obstante, bien es cierto que a la cuota mensual del gimnasio es necesario añadirle otros costes que, sin ser tan onerosos, son asimismo relevantes, como los conocidos como costes por desgaste de zapatilla al desplazarnos hasta el centro deportivo.

Tengamos en cuenta, no obstante, las posibilidades que brinda un gimnasio. Hay montones de aparatos, de clases monitorizadas e, incluso, de elementos adicionales de salud que no podríamos comprar en condiciones normales. Por este motivo, es importante saber de antemano qué tipo de ejercicio queremos hacer antes de tomar una decisión.

 ¿Y si me pudiese ahorrar el gimnasio?

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No obstante, la tentación tanto de comprar un aparato caro como de apuntarse al gimnasio en plena cuesta de enero es enorme. Nuestras finanzas no están para muchos trotes y, sin embargo, los propósitos de año nuevo pueden más que el bolsillo. Ante estas circunstancias, poco se puede hacer, más allá que tener un poco de paciencia y comenzar a hacer los deberes en casa o al aire libre.

Y es que los ejercicios del gimnasio suelen tener sustitutivos para realizar sin necesidad de contar con ningún aparato. Por ejemplo, podemos substituir la cinta para correr por el running, los ejercicios para fortalecer el vientre por los abdominales o los aparatos para definir nuestro torso por las flexiones o los dorsales.

Es evidente que podemos hacerlo mal al principio. Sin embargo, siempre podemos echar un vistazo a vídeos en Youtube o consejos a través de Internet para trabajar una zona u otra de forma gratuita, sin ningún tipo de coste y, en muchos casos, sin necesidad de salir de casa.

Ahora bien, es cierto que el gimnasio proporciona un elemento adicional: la posibilidad de contar con un monitor que nos proporcione una tabla de ejercicios que se adapte a nuestras necesidades. No hay problema: pongámonos una fecha límite. Si, por ejemplo, llegamos al mes de Marzo después de haber hecho ejercicios de manera constante, podemos decir que este año sí, nuestro propósito se ha convertido en realidad y, por tanto, demos el paso de apuntarnos al gimnasio; habremos ahorrado dos meses de cuota.

Conclusiones

En la mayor parte de ocasiones, nos complicamos la vida. El gimnasio está bien, pero no constituye en sí mismo un elemento imprescindible para estar en forma. Tampoco comprar aparatos que dejaremos de utilizar al día o a los dos días de comprarlo.

De todos modos, y teniendo en cuenta las dificultades que la mayor parte de consumidores tienen a la hora de atravesar la temida cuesta de enero, quizá sea más interesante hacer nuestros cálculos para ver si realmente compensa o no. Como siempre, depende de nosotros pero, sobre todo, de nuestra cartera.

En Naranja | Transforma tu gen ahorrador. No engordarás estas Navidades y te olvidarás de la cuesta de enero

Imagen | PublicDomainPictures, skeeze, Merlo Antonio Perla Zapata, Mcability

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